“Mientras yo intentaba compensar su falta de masculinidad, él intentaba expresar algo de feminidad a través de mí”
Con una frase como ésta, podemos intuir fácilmente parte de la esencia contenida en esta obra y de la utilización de un marcado estilo autobiográfico para ello. Un estilo que en cómic suele llevar al lector a un cierto vouyerismo sobre los personajes que van desfilando sobre ese hermoso tapiz de la vida, en este caso, en forma de viñetas, donde, además de desnudarse de cara al lector con unos hechos contados en primera persona, consigue despojarse de esas prendas que le son ciertamente pesadas en su interior y que, sin duda, acabaran por vestir de una forma certera y honesta, con palabras y dibujos, una historia tan íntima como ésta. Arropándola de una forma tan cuidadosa, precisa y necesaria para que su propia autora llegue a ese confortable estado tan importante en cualquier persona.
Con una frase como ésta, podemos intuir fácilmente parte de la esencia contenida en esta obra y de la utilización de un marcado estilo autobiográfico para ello. Un estilo que en cómic suele llevar al lector a un cierto vouyerismo sobre los personajes que van desfilando sobre ese hermoso tapiz de la vida, en este caso, en forma de viñetas, donde, además de desnudarse de cara al lector con unos hechos contados en primera persona, consigue despojarse de esas prendas que le son ciertamente pesadas en su interior y que, sin duda, acabaran por vestir de una forma certera y honesta, con palabras y dibujos, una historia tan íntima como ésta. Arropándola de una forma tan cuidadosa, precisa y necesaria para que su propia autora llegue a ese confortable estado tan importante en cualquier persona.
Para los que no estéis familiarizados con Alison Bechdel y Unas bollos de cuidado, ésta es una tira que lleva desarrollando desde hace ya unos veinticinco años, allá por el año 1983. Hay que destacar que, aun siendo ésta protagonizada obviamente por lesbianas, no es el feminismo, ni la tendencia sobre la sexualidad homosexual de algunas de las protagonistas, lo que más marca la historia, ni mucho menos. Por supuesto, hay que destacar que se trata de una lectura siempre divertida y amena, como si de una comedia de situación de tratase, pero sobretodo trata sobre la humanidad que envuelve a las personas, esa necesidad por sentirse bien consigo mismo y con el entorno que les rodea. Y aunque lo aborda desde un aspecto muy crítico hacia la sociedad, con unos personajes un tanto peculiares en comparación a los que nos rodean normalmente en nuestra vida diaria, no es menos cierto que son historias que abordan temas que muchos de nosotros abordamos en muchos momentos de nuestras vidas, donde nos indignamos ante todo ello y, en el mejor de los casos, hacemos algo al respecto y, en el peor, las mayores veces, no hacemos nada y sólo conseguimos sentirnos mal con nosotros mismos.
Volviendo a Fun Home, donde habría que ver cuanto de trágico y de cómico hay en esta historia. Vemos que al igual que el personaje de Ícaro, el cual da nombre a unos números acrobáticos en los que lo difícil es conseguir mantener ese perfecto equilibrio sobre un solo punto de apoyo, nos encontraremos con unos personajes que, en todo momento, intentan equilibrar sus vidas con algo que les sirva también de punto de apoyo: el padre se convierte en un alquimista de la apariencia, con su fascinación por lo ornamental, con lo que consigue sentirse a salvo de ese sentimiento de decepción hacia el mismo; la madre en ningún momento consigue que los lazos matrimoniales sean sinceros, con unos hijos que sólo sirven para suavizar esa infelicidad tan presente, representando todo ello una atadura en constante desequilibrio que no conseguirá compensar, hasta mucho más tarde, con su pasión hacia el teatro; Alison, con la búsqueda de ese sentimiento de ausencia hacia su padre, y que no encontrará en ningún momento, hasta pasado un largo tiempo. Un tiempo que por cierto servirá para que la autora vaya descubriendo su propia tendencia sexual.
Pero, con todo esto, será la figura del padre la que sirva como eje central en la historia. Un padre que demostrará unas actitudes casi prestidigitadoras a la hora de afrontar su homosexualidad y hábilmente ocultarla. Incluso será capaz de compensarlo con sus virtuosismos hacia lo ornamental o, lo que es lo mismo, hacia las mentiras. Y, todo esto, se verá indirectamente trasladado y potenciado en un juego vehicular que partirá de una base literaria en forma de libros que servirán para reforzar a Alison, en su búsqueda de comprensión hacia los actos de su padre. Unos libros que irán apareciendo ya desde un principio en la historia y que tomarán importante presencia, como si de un actor de reparto más se tratara. Influyendo en la historia y aportando un cierto peso en el desarrollo de los acontecimientos que, según el caso, tendrán mayor o menor importancia. Libros que sin duda fascinan a un padre realmente obsesionado por ellos durante toda su vida: "La muerte feliz" de Albert Camus, "En busca del tiempo perdido" de Marcel Proust o "El gran Gatsby" de Scott Fitzgerald son buenos ejemplos. Libros perfectamente fusionados a muchos momentos de esta historia y que, sin duda, produciran una especie de curiosidad hacia un lector con ganas de saber mucho más.
En definitiva, esta Fun Home o Casa de la alegría, nombre con el que se denominaba a la casa funeraria que fundó el bisabuelo de Alison Bechdel, sirve curiosamente a la autora como detonante para desenterrar esa pretensión en saber quién era realmente su padre.
Y desde luego no era ningún héroe.
Y desde luego no era ningún héroe.
























































