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sábado, mayo 24, 2008

EL CÓMIC Y LA MÚSICA: DOS ARTES INTERRELACIONADAS

Hoy el suplemento Babelia del periódico El País nos trae un artículo de Miquel Jurado titulado “Cómic y música popular” sobre la relación del cómic con la música, con obras de este primero donde se habla de esta última, o autores de cómic que hacen portadas de discos para músicos.

En relación con la serie de posts que nuestro compañero Luis está publicando en este blog, “Discos que merecen ser juzgados por su portada” (aquí, aquí y aquí), y que os recomiendo que leáis, también os aconsejo que leáis este interesante artículo del crítico Miquel Jurado, coautor de obras como Chet Baker, Benny Moré, Pete Seeger, biografías cómic+disco para DiscMedi Blau.

El cómic y la música popular son dos disciplinas cercanas, pero a lo largo del siglo XX su relación no había sobrepasado nunca lo puramente anecdótico (con honrosas excepciones). El nuevo milenio parece estar cambiando las cosas, como mínimo en nuestro país, en el que el cómic nunca había gozado de entidad cultural, delegado a subproducto para niños”.

Para continuar leyendo este artículo, pinchad en el siguiente enlace:

http://www.elpais.com/articulo/narrativa/Comic/musica/popular/elpepuculbab/20080524elpbabnar_10/Tes

Un saludo cordial.

lunes, mayo 19, 2008

DISCOS QUE MERECEN SER JUZGADOS POR SU PORTADA (III): Throwing Muses/Beto Hernández

Throwing Muses merecen ser reivindicados en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia, pero es que además cuentan en su haber con una portada de alguien tan querido para el equipo de Trazos como lo es Beto Hernández, lo que convierte su presencia aquí en poco menos que un deber moral.

Para mucha gente, entre la que me encuentro, la expresión rock independiente nos remite de manera automática al gafapastismo de la peor especie, el último fiasco aparecido en la portada del NME o a cualquier grupejo de tres al cuarto cuya única ambición es tocar en el festival de Benicásim y desaparecer. Sin embargo, bajo tal etiqueta también han tenido cobijo auténticas bandas de gran calidad y diversos estilos musicales cuyo nexo común sería el de operar con tenacidad y esfuerzo al margen del mainstream a la espera de ser recompensadas con un éxito que pocas veces termina llegando. Ese sería el caso de Throwing Muses.
Definir musicalmente a TM no es tarea fácil, y hasta se podría decir que cada uno de sus álbumes es un mundo como lo son también cada una de las canciones que los conforman. En casi todos sus trabajos podemos encontrar elementos rock, country, folk y blues mezclados con contenida experimentación y ocasionales ramalazos de rabia. Su música oscila entre los temas acústicos más básicos y las canciones de estructura compleja con diversos cambios de ritmo. Dulzura e ira, hipnóticos pasajes acústicos y cruda distorsión, pegadizas melodías y momentos de difícil asimilación para el oyente medio, todo tiene cabida en una banda en la que destaca por encima de todo la estremecedora voz de Kristin Hersh.
Parece mentira que TM no alcanzaran al menos el reconocimiento que sí tuvieron sus vecinos los Pixies, y siempre me ha dado la impresión de que ello se ha debido en parte al que es uno de los rasgos característicos de su música, la crudeza de las muy particulares letras de Kristin, mezcla de surrealismo, locura y cotidianeidad. Tal vez exorcizar tus demonios internos a través de la música y pretender además que la gente se lance masivamente a comprar tus discos es demasiado pedir, pero el menos en este caso la experiencia vale la pena.
Haciendo un poco de historia, el album de debut de la banda de Rhode Island (sin título) data de 1986 y se debe a Kristin Hersh (voz y guitarras), Tanya Donnelly (idem), Leslie Langstom (bajo) y Dave Narcizo (batería), formación así mismo responsable de las tres entregas siguientes. Este disco de presentación tiene el encanto de lo primerizo pero sin renunciar por ello a cierta complejidad musical ya reveladora de lo que las Musas tenían para ofrecer al mundo.
A tan prometedor comienzo siguió un LP de corte más introspectivo como lo es House Tornado (1988). En aras a la brevedad –a no enrollarme más todavía, quiero decir- omito referirme a los varios eps que editaron, aunque no puedo dejar de mencionar The Fat Skier (1987), minilp de siete canciones, algunas de las cuales son imprescindibles.
Tras el deliberado giro hacia la comercialidad bien entendida que significó la edición de Hunkpapa (1989) y The Real Ramona (1991), Tanya dejó el grupo para continuar su carrera primero en The Breeders y luego en Belly, lo que supuso para la banda la absoluta preeminencia de la voz y la música de la Hersh. Red Heaven (1992) demostró que el grupo salió crecido de ese trance, y del disco siguiente, University (1995), ya con Bernard Georges a las cuatro cuerdas, solo puedo decir que es mi favorito junto con este Limbo (1996). Después vendría un homónimo, Throwing Muses (2003) que marcó el regreso de Tanya, y que sin ser un mal trabajo no estuvo a la altura del broche oro que fue aquel.
Entrando por fin en materia, Limbo comienza con el eléctrico riff que introduce Buzz, buena demostración de la habilidad de TM para hacer temas de corte tranquilo que terminan estallando en el estribillo. La que fuera segundo single, Ruthie´s Knocking, es una de esas canciones con aptitud para alcanzar lo más alto de cualquier lista de éxitos, cosa que obviamente no ocurrió. Igualmente pegadiza pero más inquietante es Freeloader (tercer sencillo). La más optimista The Field deja paso al envolvente tema-título, que se ve seguido por uno de los momentos más tortuosos del disco, la rápida Tar Kissers. La cara B se abre con la oscura e intensa Tango. Sigue la bella Serene, arreglos de cuerda incluidos. Más claroscuros en Mr. Bones que dan paso a la melancolía Night Driving, y ya casi para acabar Cowbirds y Shark, potente pieza escogida como primer y, en mi opinión, mejor single. El tema que efectivamente cierra Limbo es una no acreditada White Bikini Sand, luminosa despedida para un álbum en el que predomina lo sombrío. En definitiva, un trabajo para disfrutar sin prejuicios que a casi doce años de su edición sigue teniendo plena vigencia, lo que constituye para mí la materia de que están hechos los buenos discos.
Por lo que se refiere al trabajo de Beto, su presencia supuso una ruptura en la trayectoria de la banda que, hasta la fecha y siguiendo la práctica habitual del sello 4AD, había venido contando con el exquisito trabajo de v23. Tal vez por ello la ilustración bicolor del rostro de un curtido anciano que nos contempla con penetrante mirada, hace de este álbum algo tan especial. La funda interior del LP cuenta con otro dibujo de Beto que representa un autobús dejando una pequeña población sola en la inmensidad del desierto bajo un cielo oscuro. Juraría que esta directamente sacada de alguna historia de Luba.
Añadir a lo dicho que en un ejercicio de coherencia estilística digno de mención, las portadas de los singles a que dio lugar Limbo también cuentan con dibujos de Beto que, una vez más, nada desentonan con su trabajo en Love And Rockets.
En cinco palabras, gran disco y gran portada.

lunes, mayo 05, 2008

DISCOGRAFÍAS MEMORABLES: The Cure (1990-?)

Por si todavía queda alguien ahí fuera, con esta entrega terminamos la trilogía dedicada a la discografía de The Cure.

Ver primera parte: DISCOGRAFIAS MEMORABLES: The Cure (1979-1982)

Ver segunda parte: DISCOGRAFIAS MEMORABLES: The Cure (1983-1989)

WISH (1992): Al igual que The Head On The Door y frente a Pornography o Disintegration, Wish es otro conjunto de canciones de variado registro que, en mi opinión y aunque solo sea por la mayor extensión del álbum, hasta supera al que ofrecieran en 1985. Los temas single ya dan idea de lo dicho, así High –bonito riff y buen estribillo- que no entraría en la categoría de oscura ni en la de ultrapegadiza, papel que queda reservado a Friday I´m In Love. Este tema puede no estar entre mis favoritos pero es justo reconocer el enorme papel que jugó a la hora de promocionar el LP. Con la melancólica A Letter To Elise cerramos el apartado hits y pasamos a lo que verdaderamente importa, y es que basta escuchar la apertura con Open para aventurar que estamos ante un álbum colmado de emociones fuertes. La citada está dedicada a la que es la vertiente menos glamurosa de una noche de desenfreno y los sentimientos que quedan cuando el subidón pasa: Ira, asco y cansancio. Realmente el tono de Wish puede ser más amable que el de Disintegration, pero la temática de sus canciones revela que las inquietudes de su autor no difieren en demasía con respecto a las que inspiraron aquel: rupturas bellamente interpretadas en Apart y con bastante más rabia en Cut, relaciones poco deseables en Wendy Time, y amores difíciles o imposibles en la citada A Letter To Elise, Doing The Unstuck, la emotiva Trust o la obra maestra que es From The Edge Of The Deep Green Sea, a la postre una de esas raras ocasiones que ha tenido Porl Thompson en el seno de The Cure para demostrar al mundo su valía a las seis cuerdas. El bonito momento que es To Wish Impossible Things desemboca en End, canción pesada, densa y oscura cuyo título da lugar a pocos equívocos, y que hace las veces de pieza de cierre del último gran disco de The Cure. ¡Ah!, en el apartado social, Roger O´Donnell es sustituido a los teclados por Perry Bamonte.

WILD MOOD SWINGS (1996): Las buenas rachas no duran toda la vida y al final es inevitable que se nos acabe cruzando en el camino un Wild Mood Swings. Los salvajes cambios de humor a que alude el título se traducen en un disco la heterogeneidad de cuyo contenido se lleva al paroxismo, lo que ya queda patente a la vista del ejército de personas que intervinieron en las mezclas finales. ¿El resultado? personalmente el único cambio de humor que experimento cuando escucho este artefacto es para pasar de malo a peor humor. La verdad es que ese engendro a ritmo de cha-cha-cha que fue el single adelanto The 13th me debería haber puesto sobre aviso, pero el imparable carrerón de The Cure les hacía al menos merecedores de un voto de confianza del que finalmente resultaron no ser dignos. El caso es que la inicial Want es una buena canción que cuenta con una buena letra sobre la eterna insatisfacción y la insaciable necesidad de tener más del ser humano, pero a partir de ahí… Club America es desconcertante, This Is A Lie es formalmente bonita pero no emociona como antaño, Mint Car es un burdo remake de Friday I´m In Love, Strange Attraction es un pestiño, Round & Round & Round es una petardada, y así, así, hasta completar un repertorio del que -además de la ya citada Want- salvaría Jupiter Crash y la divertida Gone! Inexplicablemente Robert Smith sigue incluyendo este disco en su top 5 de álbumes de The Cure favoritos. Todavía me hago cruces con esto, y de vez en cuando hasta me pongo el disco para ver si es que lo he escuchado con malas orejas, pero no hay manera… ¿tuvo que ver el resultado con el hecho de que motivos de salud apartaran a Simon Gallup de la elaboración del disco? ¿Influyó la marcha de Porl Thompson de la banda para tocar con Robert Plant y Jimmy Page? ¿tal vez la de Boris Williams? No lo creo, al fin y al cabo aunque el carisma y buen hacer de los citados está fuera de toda duda Perry Bamonte resultó defenderse bien con la guitarra, Roger O´Donnell regresó a los teclados y poco cabe reprochar al batería entrante Jason Cooper.

BLOODFLOWERS (2000) es en mi opinión un magnífico disco que acabó recibiendo una acogida desigual por parte de los fans, algunos de los cuales no podían dejar de verlo como un hermano menor de Disintegration, comparación injusta e improcedente que solo se explica por el hecho de que nos encontramos nuevamente ante un álbum impregnado de tristeza e introspección. Para empezar, el sosegado arranque con la austera y casi acústica Out Of This World poco tiene que ver con la explosión que es Plainsong. Y esto no es una crítica, OOTW no es solo una pieza deliciosa sino también una de las mejores canciones que su creador haya escrito en los últimos años. Watching Me Fall es otro grandísimo momento sobre decadencia personal y sexo a la japonesa que nos devuelve a los The Cure más intensos. Con la pesimista Where The Birds Always Sing el listón sigue sin bajar. Es verdad que este tema puede tener cierto saborcillo a cara B de tiempos pasados, pero no es menos cierto que muchas caras B de The Cure superan con creces algunos de los temas publicados en los álbumes, o sea que el punto crítico del comentario carece de toda razón de ser. Maybe Someday es lo más parecido a un tema comercial en un disco anticomercial hasta el punto de que sus autores declinaron promocionarlo con videoclips, renunciando así a la que es una de sus mayores bazas. The Last Day Of Summer podría recordarnos vagamente a A Letter To Elise. There Is No If… rompe por unos instantes la estela oscura del disco, que retomaremos poco a poco con The Loudest Sound y 39. Si las dos primeras no dejan de ser buenas canciones la última me encanta por mor de ese ritmo monótono pero trepidante a la vez que surge del bajo de Simon, y una letra que vuelve al tema de lo angustioso de sentir que te vas haciendo mayor de manera inevitable. Casi sin darnos cuenta -lo que siempre es indicativo de una escucha placentera- nos plantamos en el último tema del álbum, Bloodflowers, estupenda canción de desesperanzadora letra cuya música –el bajo, la percusión, los arreglos de guitarra… ¡todo!- supone un momentáneo y agradable retorno a la etapa Pornography. Lo dicho, un gustazo.

THE CURE (2004): Por lo general, y salvo que estemos ante un álbum-debut, desconfío de los discos homónimos. La excusa de los autores fue que este trabajo atesora la esencia de The Cure hasta tal punto que solo podían titularlo de esta manera. La realidad es que se trata de uno de esos discos cuya escucha no es desagradable una vez te decides a ponerlo pero que no te engancha hasta el punto de necesitar pincharlo con regularidad, lo cual tras un Bloodflowers que me devolvió la fe más ciega en The Cure no dejó de resultar algo decepcionante. En la parte positiva de la balanza tendríamos el hecho de que el disco tiene un buen single en The End Of The World y que el conjunto sigue siendo superior en coherencia y calidad a Wild Mood Swings. En la parte negativa, que aunque hay canciones que molan (la ya citada, Labyrinth, Anniversary, Us Or Them o alt.end por ejemplo) no puedo quitarme la impresión de que en esta ocasión The Cure se esforzaron demasiado por sonar a The Cure. Con todo reconozco que antes de formarme un juicio definitivo sobre un álbum necesito una escucha intensa y un periodo de asimilación que me puede llevar años, por lo que me reservo la posibilidad de cambiar de opinión sobre este disco en un futuro.

Con todo lo dicho solo nos queda ya añadir dos cosas: La primera, que The Cure cuentan con algunas canciones indispensables publicadas en formato single que no aparecen en ningún larga duración. Es el caso de Charlotte Sometimes (1981) y Never Enough (1990), también encontrables respectivamente en el mítico recopilatorio Standing On A Beach/Staring At The Sea (1986) y en su continuación Galore (1997), la cual a su vez contiene un buen tema creado ex profeso, Wrong Number. La segunda cosa es recordar la inminente publicación de su disco de estudio número 13, prometedor a la vista de los tres temas que vienen interpretando en directo a modo de adelanto.

Forever...

lunes, abril 21, 2008

DISCOGRAFIAS MEMORABLES: The Cure (1983-1989)

Retomamos la empresa de revisar la discografía de una de las bandas más fascinantes del planeta.

Ver la primera parte: DISCOGRAFIAS MEMORABLES: The Cure (1979-1982)

JAPANESE WHISPERS (1983): La continuidad de The Cure como grupo no acababa de estar clara, y precisamente JW no es un larga duración al uso sino la recopilación de una serie de singles perpetrados por Robert con la sola colaboración de Lol Tolhurst. No se si estos temas son fruto de un deliberado intento de apartarse del estilo “Pornography” o si se trata simplemente de la clase de canciones que su salud mental le demandaba hacer después de su excursión por el abismo. Sea como fuere, Let´s Go To Bed es un tema pegadizo hasta lo bailable que retoma la estela de comercialidad que parecían haber dejado atrás después de Boys Don´t Cry. Algo parecido se podría decir sobre The Walk, pese a que su extraño riff y su estupenda letra, que parece remitirnos a algún tipo de sanatorio mental, no nos permiten olvidar a quien estamos escuchando. El amor/enamoramiento loco y obsesivo es una temática recurrente en el cancionero de The Cure que en esta ocasión se materializa en la divertida (¡¡¡) y Jazzy The Lovecats. Las piezas reservadas para las caras B, The Dream, Just One Kiss, The Upstairs Room, Speak My Language y Lament completan este puñado de buenas canciones siendo la última el tema que más evoca los Cure de antes.

THE TOP (1984): La indiscutible calidad de los singles que posteriormente recopilaría Japanese Whispers podía hacer pensar que The Top iba a ser el larga duración con el que The Cure recuperarían el rumbo. Por contra, la banda no era tal sino que seguía tratándose más de Robert Smith en solitario que de otra cosa, y este disco terminó convirtiéndose en el primer batacazo de su carrera nivel creativo. Siguen habiendo grandes canciones, y de hecho la potente y sadomasoquística Shake Dog Shake ya justifica por si sola la adquisición del disco. Piggy In The Mirror y Dressing Up son otros clásicos imprescindibles, y Birdmad Girl, la cañera Give Me It o el single The Caterpillar no dejan de ser buenos temas. Lamentablemente, la totalidad del álbum adolece de una producción cuestionable hasta el punto de que si se comparan los temas de estudio con sus posteriores interpretaciones en directo es imposible quitarse la sensación de que a las originales les falta algo. La versión de Piggy In The Mirror audible en Live In Orange es un buen ejemplo de lo dicho. En fin, la parte buena de todo esto es que en breve llegarían tiempos mejores, y que aunque su intervención en esta entrega fuera casi inexistente Porl Thompson ya tenía un pie dentro de la banda.

THE HEAD ON THE DOOR (1985): The Cure fichan al batería Boris Williams, repescan a Simon Gallup, quien jamás volvería de dejar la banda, y retoman el buen camino confeccionando uno de sus álbumes más redondos. THOTD es el perfecto muestrario de todos los matices de su sonido. De este modo, encontramos singles que conjugan comercialidad y calidad con letras que ocultan más de lo que aparentemente revelan, como la inicial In Between Days, la archiconocida Close To Me y la no menos buena A Night Like This, con solo de saxo incluido. Junto a ellas, canciones literalmente de pesadilla como la cadenciosa Kyoto Song -el momento más oscuro del L.P.-, la flamenca The Blood pese a que su origen se encuentra en una vivencia acontecida en tierras lusas y por supuesto Push, una de mis favoritas particulares. Ante semejante repertorio la rápida The Baby Screams, Six Different Ways o Sinking podrían verse como temas menores en comparación, pero sería más justo decir que las canciones que integran este disco se dividen en dos categorías: buenas e increíblemente buenas. Por cierto que Screw no entraría en ninguna de las dos.

KISS ME, KISS ME, KISS ME (1987) siempre me ha parecido un trabajo marcado por la euforia y un exceso a todos los niveles que tiene su manifestación más inmediata en la larga duración del disco. No se trata de un mal álbum y realmente no se me ocurre ni una sola de las canciones que contiene que pueda calificarse como “floja” de manera inmediata, pero sí es cierto que de alguna manera y tras el muy equilibrado The Head On The Door, las bondades de KM, KM, KM quedan algo diluidas. Por otra parte supongo que los resultados comerciales desautorizan mi pequeña crítica, ya que este es el disco con el que The Cure alcanzaron las más altas cotas de popularidad conocidas hasta la fecha. Los cuatro singles a que dio lugar vienen a corroborar lo dicho: Hot, Hot, Hot con ese punto funky y bacilón, la frenética Why Can´t I Be You, la dulce Catch y Just Like Heaven, a mi juicio el mejor sencillo de corte romántico/melódico que jamás hayan escrito The Cure. Pero además de las citadas hay otras razones que hacen este disco digno de interés, como las afiladas guitarras de The Kiss, el exotismo de If Only Tonight We Could Sleep, la belleza de How Beautiful You Are valga la redundancia, la hipnótica Like Cockatoos o el histriónico salvajismo de Shiver And Shake. Por cierto, aunque no participa en su elaboración este álbum marca la llegada al grupo del teclista Roger O´Donnell a la vez que la definitiva ruptura y el comienzo de un agrio contencioso con un miembro histórico como lo era Lol Tolhurst.

DISINTEGRATION (1989): Tras el desenfreno de KM, KM, KM la banda de Robert Smith regresa con un álbum oscuro y melancólico –más lo segundo que lo primero, en realidad- hecho a base de canciones de larga duración en su mayoría, lo que no resta ni un ápice de sobriedad a un conjunto que terminaría convirtiéndose en capital, no solo en la historia de The Cure sino en la de la música en general. Disintegration pone de manifiesto las obsesiones de un autor que, paradójicamente, se acababa de casar con su eterna novia Mary y vivía uno de los periodos de mayor estabilidad en su vida. Sea como fuere, el temor a envejecer, la idea de que ni la vida ni el amor duran para siempre y la terrible certeza de que nada es eterno impregnan este trabajo construido a base de temas densos e intensos, barrocos en apariencia a pesar de que en la mayor parte de los casos se apoyan sobre estructuras sencillas y repetitivas. Plainsong es un apoteósico inicio que se ve seguido por Pictures Of You –buena ocasión para apreciar el particular e influyente estilo de Robert como guitarrista- y Closedown. Estas piezas ya revelan la tónica general del L.P.: teclados grandilocuentes, un bajo poderoso que no descansa ni un solo instante y los inigualables arreglos de guitarra que salpican el conjunto. El disco continúa con Lovesong y Last Dance. Si el protagonista de la primera promete a su pareja que la amará siempre, el agridulce reencuentro que recrea la segunda supone un jarro de agua fría que nos devuelve a la realidad del álbum. Lullaby es otra canción de pesadilla que debe gran parte de su popularidad al inolvidable videoclip con que Tim Pope la inmortalizó. La vida nocturna y la superficialidad que la envuelve es otra constante en el mundo The Cure que en esta ocasión toma forma en Fascination Street. Esta canción y las dos siguientes, la envolvente Prayers For The Rain y la triste The Same Deep Water As You, son mis momentos favoritos de un álbum que sigue fluyendo hasta alcanzar su clímax en Disintegration, la canción. Las aguas parecen volver a su cauce en las más tranquilas Homesick y Untittled, aunque la sensación de melancolía no desaparece. Ni siquiera una vez termina el disco.

Continuará…

martes, abril 08, 2008

DISCOGRAFÍAS MEMORABLES: The Cure (1979-1982)

Todavía bajo el shock de los excelentes conciertos que dieron The Cure en España el pasado mes, me dispongo a rendirles un pequeño homenaje en forma de comentarios por entregas con el fin de cubrir su extensa discografía de estudio. En Trazos no tenemos periodistas ni críticos musicales, por lo que me gustaría que lo que sigue no se entendiera como una especie de estudio que en modo alguno estoy capacitado para realizar, sino como un ejercicio de friquismo con la única pretensión de intercambiar opiniones con otros fans y, a lo mejor, descubrir el maravilloso mundo de The Cure a quienes todavía no han tenido ocasión de disfrutarlo:

THREE IMAGINARY BOYS (1979): Robert Smith (voz y guitarras), Lawrence Tolhurst (batería) y Michael Dempsey (bajo) entran en escena con un álbum de sonido algo rudimentario en el que la tónica general es la melodía y las canciones de corto minutaje. La influencias punk es palpable en algunos temas como It´s Not You, Object o So What, pero aparte de que Robert Smith nunca renegó de los sonidos de tiempos pretéritos de la misma manera que sí hicieron otros músicos de su generación, la música de estos primeros Cure ya presentaba algunos matices que los distanciaban de las corrientes imperantes en el Reino Unido de finales de los ´70. En TIB tiene cabida desde el pop desenfadado con tintes nihilístas de Grinding Halt hasta el surrealismo, presente en canciones como Fire In Cairo, que alcanza sus más altas cotas en Meathook, un canto de amor dedicado a un gancho de colgar carne con abrazo final incluido. Las piezas que más apuntan hacia lo que va a ser el posterior sonido del grupo son la tétrica Subway Song, Another Day, 20:15 Saturday Night y Three Imaginary Boys. De estas dos últimas diría que son las dos joyas que contiene este debut. El tema título es una melancólica pieza que rebosa belleza y emoción, mientras que 20:15 es una buena demostración de la capacidad de Robert para exponer sentimientos con gran sencillez pero también con enorme sinceridad y siempre desde una perspectiva cotidiana que hace inevitable la conexión con el oyente. La versión de Foxy Lady mejor la dejamos correr.

SEVENTEEN SECONDS (1980) coincide en el tiempo con la entrada del bajista Simon Gallup en la banda y el breve paso por la misma del teclista Matthieu Hartley. Este disco supone no solo un importante salto cualitativo con respecto a su L.P. debut, sino también el primer paso en el paulatino oscurecimiento de la música de The Cure. El lado más tortuoso de las relaciones de pareja asoma de nuevo su rostro en la cínica Play For Today, uno de los temas single. De nuevo destacar su comienzo con una característica línea de bajo salpicada de armonías que desemboca en la melodía principal. Aunque se aparta un poco de la tónica que marca el resto del álbum e incluso se puede decir que tiene un punto catchy, está claro que no se trata de la clase de sencillo que se encuentra habitualmente en las listas. In Your House y A Forest atesoran ya toda la esencia del sonido Cure. Aparte de que también fue sencillo, el machacón bajo de Simon, las inquietantes guitarras de Robert y su desesperanzadora letra (ese estremecedor again, and again, and again, and again….) harían de esta última el indiscutible clásico que sigue siendo casi treinta años después. Más desesperanza, aderezada con unas gotas de soledad en At Night, en mi opinión uno de los temas más bellos que jamás hayan creado los británicos. Resaltar la genial M, otra estupenda canción de amor “estilo Cure”, y sería injusto no mencionar Secrets y Seventeen Seconds, dos piezas de calidad suficiente como para hacer de este álbum un todo imprescindible.

BOYS DON´T CRY (1980): Inicialmente destinado al mercado americano, no es propiamente un álbum sino una recopilación que combina temas previamente aparecidos en Three Imaginary Boys -más algún otro como Plastic Passion o World War-, con tres canciones inicialmente publicadas en formato single: Killing An Arab es un tema potente marcado por dos solos de guitarra con reminiscencias árabes (como su título indica, vaya) en la que Robert nos ofrece su versión de la novela de Albert Camus, El Extranjero. Algo no demasiado ortodoxo para una banda de música popular, desde luego. Boys Don´t Cry: poco se puede decir de un tema tan conocido como lo es este. En todo caso destacar de nuevo la sinceridad de una letra que casa a la perfección con la ultra-pegadiza melodía a través de la cual discurre. Jumping Someonelse´s Train es otra pieza de gran pegada que seguramente ha quedado algo ensombrecida por la anterior a pesar de que particularmente me gusta más. Esa súbita entrada de guitarra seguida por el bajo hasta entroncar con el riff principal es realmente emocionante, y si a ello añades su temática, un alegato plenamente vigente contra aquellos que se dejan esclavizar por los dictados de las modas, tenemos una canción perfecta.

FAITH (1981): La tragedia personal en el seno del grupo que supone el fallecimiento de la abuela de Robert y la enfermedad terminal padecida por la madre de Lol deja su huella en otro gran trabajo en el que el frío blanco de Seventeen Seconds se torna en sombrío gris. Según se cuenta, ese atormentado estado de ánimo hizo que en esta ocasión las musas llevaran a los jóvenes Cure a buscar su inspiración en iglesias y en los ritos cristianos. El atmosférico resultado final es coherente con lo dicho, lo que se hace palpable en temas como la inicial The Holy Hour, con otro genial riff de bajo, All The Cats Are Grey, una The Funeral Party cuyo título lo dice todo, o la angustiosa The Drowning Man. A pesar de su tono nostálgico, la mirada hacia los brillantes años de la infancia que es Primary supone el único momento de luz en un álbum decididamente oscuro. En su vertiente literaria Other Voices podría considerarse como un anticipo de lo que terminaría germinando en el siguiente trabajo del grupo. Doubt es el tema más agresivo escrito hasta la fecha por The Cure, y con la canción-título, Faith, nos regalan otra obra maestra de gran intensidad emocional con la Fe, el deseo de tenerla y la imposibilidad de lograrlo como principal tema.

PORNOGRAPHY (1982): Es la culminación del viaje emprendido hace años por Robert Smith hacia el lado más oscuro de la naturaleza humana, además de una obra clave en la historia de la música popular. La permanente compañía de ciertas sustancias y el alcohol a raudales durante la creación disco hicieron el resto, dando como fruto un enfermizo trabajo cargado de muerte, sexo, violencia y locura. La épica más pesimista se hace presente en su primera canción, la apocalíptica One Hundred Years. Siguen A Short Term Effect -un gran momento que puede pasar desapercibido dado lo apabullante del conjunto- y el single menos comercial que jamás escribieran The Cure, una genial The Hanging Garden en la que la atronadora y tribal percusión, y el demoledor bajo de Simon acaparan merecidamente el protagonismo. Después Siamese Twins casi parece un descanso, aunque su tempo más lento no hace que la sensación de inquietud que desprende todo Pornography disminuya. Arte chino, chicas americanas y sentimiento de suciedad en The Figurehead, otro indiscutible clásico que deja paso al momento más bello del disco con la atmosférica Strange Day, el único tema del álbum en el que The Cure se sosiegan un poco pese a que su letra evoca más bien el sosiego que queda cuando todo termina. La muy oscura Cold y la catártica Pornography (I must find this sickness, find a cure...) cierran un disco intenso hasta el punto de que lo placentero de su escucha no obsta que se experimente una cierta sensación de alivio cuando la aguja llega a su fin. Como sucede con muchas obras maestras, su gestación no fue fácil para sus autores, y de hecho este periodo de la vida de la banda se saldó con la ruptura de la amistad existente entre Robert y Simon, dejando al último fuera del grupo. No volverían a hablarse hasta dos años después.

Continuará…

lunes, diciembre 17, 2007

RUN FOR COVER: THE ART OF DEREK RIGGS (II)

Proseguimos nuestro recorrido a lo largo de la carrera de Derek Riggs, sirviéndonos de Run For Cover: The Art Of Derek Riggs, libro recopilatorio de sus trabajos aparecido el pasado año 2006, a modo de guía.

Ver la primera parte de este post

Nunca Digas “Nunca Jamás”

No Prayer For The Dying (1990) es un buen dibujo que no estuvo a la altura de las obras pretéritas del autor. La cuestión es que a partir de este trabajo las colaboraciones entre Derek Riggs y Iron Maiden dejarían de desarrollarse en un marco de exclusividad.
La razón: problemas de falta de entendimiento con la banda motivados por la portada del que iba a ser su siguiente trabajo. Precisamente en RFC se reproducen las propuestas de Riggs para ese LP (Fear Of The Dark, de 1992), finalmente desechadas en favor de una ilustración de Melvin Grant. Aun admitiendo que Grant es un grandísimo ilustrador, que el concepto de la portada es estupendo, y que la calidad de su trabajo final está fuera de duda, tengo que decir que la ausencia de Derek Riggs me ocasionó en su día una profunda decepción.
El hecho es que el divorcio con Riggs -amen de la institución del CD como formato mayoritario, con la consecuente reducción del tamaño de las portadas de los álbumes- supuso cierto menoscabo para Maiden a nivel estético, un aspecto muy importante tratándose de la banda de que se trata. Al fin y al cabo no podemos olvidar que sus espectaculares montajes escénicos siempre han partido de la premisa de dotar de vida a Eddie, llevando a las tres dimensiones las cubiertas de los discos.
Pero nada dura para siempre, de modo que pese a las iniciales reticencias del autor ambas partes retomarían posteriormente la relación, eso sí, de forma esporádica y sin igualar la grandeza de tiempos pasados. A Real Live One (1993), A Real Dead One (1993), The Best Of The Beast (1996) y 12” varios son prueba de ello.
A finales de los ’90 Riggs realizó otras ilustraciones para Maiden, algunas de ellas bastante chulas como las de The Angel And The Gambler (1998) o The Clansman (1998), pero algo era diferente: el autor había sustituido sus pinceles por el diseño infográfico. A la vista de los resultados finales este hecho parecía incomprensible, pero detrás del cambio resultó haber una razón de peso: Derek padecía problemas de salud motivados en parte por los materiales de pintura que utilizaba originalmente.
Los trabajos de esta última etapa siguen siendo buenos, algunos mucho, aunque es una pena no poder disfrutar más de esos cielos enigmáticos, o del efecto de la luz de las farolas relejada en la niebla como solo Riggs sabe pintarla.
Nuevos problemas entre el ilustrador y la banda se suscitaron al hilo de la portada de Brave New Word (2000), el álbum de retorno a la grandeza de los británicos. No voy a reproducir toda la historia, baste decir que de la finalmente publicada sólo la parte de las nubes que sobresalen por encima del Londres futurista conformando la cara de Eddie se deben a Riggs. Esta nueva controversia se zanjó con el bueno de Derek jurando una vez más no volver a trabajar con Iron Maiden.
El hecho de que la estupenda portada del libro que estamos comentando sea obra suya nos indica que, afortunadamente para nosotros, no es una persona de palabra.

Otras Obras

Como he apuntado anteriormente, ya desde antes de comenzar a trabajar con Maiden DR venía realizando portadas para diversas bandas, alguna de ellas realmente buena como la que pintó para el álbum Nightflight (1981) de los galeses Budgie.
De su primerísima época data una portada para la revista francesa Heavy Metal/Metal Hurtland, que destaca por la enorme influencia de Jack Kirby en el dibujo de Riggs, algo impensable a la vista de sus creaciones posteriores.
Realmente llama la atención que un autor cuyo estilo tiene tantos vínculos con el mundo del cómic no se haya lanzado nunca al campo de lo propiamente secuencial. La respuesta nos la da el mismo DR, quien dice haber recibido una oferta de DC Comics que rechazó alegando que se sentía incapaz de dibujar tantas veces seguidas al mismo personaje.
En los '90 Riggs se centró en crear música -nada que ver con el Metal, estilo que no parece atraerle demasiado- y en la realización de más portadas para CDs.
De entre las bandas con las que trabajó destacan dos iconos del Power Metal como lo son Stratovarius y Gamma Ray.
De su trabajo con los primeros destaca la cubierta de Infinite (2000), y muy especialmente la serie de cuatro que hizo para las dos partes de Elements (2003) y sus correspondientes singles. A la vista del resultado, y siendo que la huella del surrealismo pictórico con toques new age ya estaba presente en las portadas de algunos de los trabajos anteriores de los fineses, podemos afirmar que el fichaje de Riggs por su parte no fue en absoluto descabellado
Lo de Gamma Ray fue más curioso, ya que el ilustrador había manifestado en varias ocasiones su hartazgo de dibujar a Eddie, y lo que hizo con el grupo teutón fue rescatar a un sucedáneo del anterior que tuvo su origen en las cubiertas de los primeros trabajos de Helloween. Con todo, y a pesar de que el artista se permite poner en entredicho con cierta sorna los conocimientos de ciencia ficción de Kai Hansen y sus muchachos, el concepto futurista que envuelve las canciones de Gamma Ray encajó a la perfección con el trabajo de Riggs, brindándonos unos estupendos trabajos tanto en las portadas como en el interior de los libretos de Powerplant (1999) y Blast From The Past (2000).

Riggs también puso su granito de arena en la carrera en solitario de Bruce Dickinson dando vida a Edison, una evidente parodia de su creación más conocida que debutaría en la portada del estupendo trabajo que el vocalista lanzó en 1997, Accident Of Birth.
Citar por último otros servicios prestados por Riggs para otras bandas menos populares, entre las que se encuentran Gillman, Chris Impellitteri, o los españoles Valhalla.
Y con esto terminamos nuestro recorrido por RFC, no sin antes recomendar una vez más este libro tanto a fieles como a profanos. Para los primeros, entre los que me incluyo, es un sueño hecho realidad, y para los segundos una oportunidad de adentrarse en el universo de un autor que merece ser tan popular como lo es su obra.

miércoles, noviembre 21, 2007

RUN FOR COVER: THE ART OF DEREK RIGGS (I)

Es posible que el nombre de Derek Riggs no resulte demasiado familiar para el lector de cómics medio, y desde luego lo suyo no ha sido el arte secuencial propiamente dicho, pero me jugaría el pescuezo a que son pocos los que no se han detenido en alguna ocasión delante de una de sus ilustraciones. Y es que el citado artista es el creador de Eddie, la mascota de la banda británica Iron Maiden, y autor de gran parte de las portadas de sus álbumes reproducidas hasta el infinito en toda suerte de merchandising que va desde camisetas, posters o action figures hasta todo lo que podamos imaginar.

Run For Cover: The Art Of Derek Riggs, publicado el año pasado por Aardvark Global Publishing, nos ofrece un recorrido visual a lo largo de la extensa obra de Riggs, aderezado con los comentarios del propio ilustrador hilvanados en forma de entrevista por Martin Popoff (todo en inglés). De esta forma vamos a poder adentrarnos en la personalidad del artista, a la vez que nos recreamos con su obra.
Todo lo que los fans siempre quisieron saber sobre este particular dibujante está en el libro: los materiales que usa, sus fuentes de inspiración, los numerosos detalles que salpican sus dibujos -algunos de ellos encargos que ha tenido que realizar en tiempo record-, sus desencuentros con Maiden, etc.
A nivel de edición, RFC se nos presenta en 180 páginas de buen papel encuadernadas en rústica o cartoné, y se puede adquirir a través de
www.derekriggs.com. Existen también ediciones limitadas, numeradas y firmadas en ambos formatos, así como una más exclusiva que incluye un boceto de Eddie personalizado y dedicado por el autor .
Vamos a comentar algo sobre lo que encontraremos dentro de RFC a la vez que repasamos la carrera de Riggs, no sin antes destacar la oportunidad que el libro nos brinda de disfrutar a gran tamaño de algunas obras que solo resulta posible encontrar en el limitado formato CD.

The Maiden Years

Aunque RFC compila prácticamente todo el material publicado del ilustrador -y bastantes cosas no publicadas-, es de imaginar que el grueso del mismo se centra en sus trabajos con la banda de Steve Harris.
La relación entre el artista y el grupo se remonta a finales de los ´70, cuando los del East End se hallaban en proceso de búsqueda de una ilustración para la portada de su primer trabajo. En esa época Derek ya había realizado varias cubiertas para discos de distintos estilos y seguía ofertando su trabajo a discográficas varias. Era el tiempo del punk, y entre las ilustraciones que llenaban su portafolio había una de una especie de zombi con los pelos de punta, que esperaba poder vender a alguna de las numerosas bandas que se movían por el Londres de aquel entonces.
Precisamente, esa ilustración cayó en manos del manager de Maiden Rod Smallwood, quien dijo al dibujante que si añadía más pelo al terrorífico personaje se quedaban con ella.
Ese encuentro marcó el nacimiento de Eddie y dio lugar a una relación de exclusividad que se prolongaría durante más de una década. Es más, el encargo no se iba a limitar únicamente a los álbumes y singles sino también a toda clase de ilustraciones para programas de gira, carteles, camisetas, tarjetas navideñas, etc., la mayoría de las cuales recopila este RFC. Por motivos de espacio voy a referirme mayormente a las portadas de los álbumes, aunque es de justicia reconocer la gran calidad de algunas de las que se usaron para los 7” y 12”, convertidas así mismo en auténticos clásicos.
Las primerísimas ilustraciones de Eddie –en la mayoría de las cuales predominan los tonos amarillos y grises-, están ambientadas en callejones y otros oscuros escenarios urbanos, reflejo de ese East End de pesadilla que tan bien evocan los temas del grupo. Dos de ellas, Sanctuary (1980) y Woman in Uniform (1981), cuentan con la presencia de Margaret Thatcher, lo que ocasionó cierta polémica que se convirtió automáticamente en publicidad gratuita para la banda.
En lo que podríamos describir como una segunda etapa, Riggs introduce en sus dibujos a un demonio que comparte sus rasgos faciales con los de Salvador Dalí, una muestra más de que a la hora de buscar inspiración el artista británico no conocía de límites.
Estos dibujos con paisajes infernales como telón de fondo –las dos versiones de The Number Of The Beast (1982), Run To The Hills (1982) o Flight Of Icarus (1983)- se prolongarían hasta ese mismo 1983, año del que datan Piece Of Mind y The Trooper, dos de mis debilidades personales.
A partir de esta fecha las portadas de Derek Riggs se tornan más ambiciosas. Así la de Powerslave (1984), una ilustración en la que el detalle se lleva casi al paroxismo con Eddie convertido en monolítica estatua egipcia como principal protagonista. Frente a lo que alguna gente piensa, el álbum no es un disco conceptual sobre el antiguo Egipto, pero sí es cierto que el trabajo artístico de su cubierta casa a la perfección con la letra del tema-título, escrito por un Bruce Dickinson que comenzaba a sentirse abrumado por el éxito masivo cosechado por la banda, y que se sirve de la imaginería egipcia a modo de metáfora de la magnitud de todo cuanto les rodeaba.
Live Afther Death (1985) es otra gran portada, y con Somewhere In Time (1986) Riggs alcanza la cima del barroquismo en una obra llena de detalles autoreferenciales de ese universo Maiden que ha cautivado a varias generaciones de fans, y a cuya creación él mismo ha contribuido en enorme medida.
El autor da un giro hacia la sobriedad y se aleja del estilo de sus obras pretéritas en lo que sería su último gran trabajo para el grupo, la portada de 7th Son Of a 7th Son (1988), una estupenda ilustración influenciada tanto por la pintura surrealista como por las cubiertas de los álbumes de rock progresivo de los `70.
Por cierto, si algún fan se ha planteado si estas primeras siete portadas (más las de los correspondientes 7”/12”) siguen algún tipo de secuencia conformando una historia, RFC contiene la respuesta.

Continuará en breve…

lunes, noviembre 12, 2007

DISCOS QUE MERECEN SER JUZGADOS POR SU PORTADA (II): Judas Priest/Patrick Woodroffe

Es posible que el nombre de Patrick Woodroffe no diga demasiado a los lectores más jóvenes, pero estoy seguro de que no pasará desapercibido para los que crecieron con las revistas de Toutain, siendo que con cierta regularidad las publicaciones del editor catalán nos deleitaban con los estupendos dibujos de un autor que más que en el arte secuencial desarrolla su carrera en el ámbito de la ilustración.


Poco se sabe de la magnífica ilustración que sirve de portada al álbum de Judas Priest Sad Wings Of Destiny (1976), de la forma en que Woodroffe recibió el encargo por parte de la banda, o de si el concepto se debió a uno u otra. De lo que sí podemos hablar es de su trascendencia, toda vez que la cruz del colgante que porta el ángel que la protagoniza terminaría convirtiéndose en el símbolo que el grupo ha venido utilizando durante décadas. Por otra parte, y según han admitido los músicos en algunas entrevistas, la portada del disco de su reunión, Angel Of Retribution (2005), no es sino una versión modernizada (¿”ultimatizada”?) de la de este Sad Wings.
Sea como fuere, lo cierto es que la paradójica idea del ángel caído en el infierno no deja de ser apropiada para una banda cuyo nombre es Sacerdote Judas, y en cuya discografía se pueden encontrar canciones con títulos como Sinner o Saints In Hell.
Entrando en el álbum en cuestión, segundo de los de Birmingham, cuando SWOD fue concebido Priest todavía no habían acabado de definir el concepto de heavy metal como harían posteriormente tanto a nivel musical como estético, lo que se traduce en un disco que estilísticamente se podría calificar más bien como proto-metal, o simplemente hard rock. En esas circunstancias puede parecer extraño que el álbum siga estando entre los favoritos de los fans -y lo es en mi caso-, pero es que estamos ante un trabajo plagado de buenas canciones convertidas ya en clásicos imperecederos.
Sad Wings comienza de manera inmejorable con la inmortal Victim Of Changes, siempre presente en el repertorio en directo de la banda. Victim arranca suavemente con un estremecedor doblete de guitarras que desemboca en un oscuro y demoledor riff. El tema se ve sesgado por dos interludios instrumentales majestuosos, después del segundo de los cuales la música fluye pausadamente al ritmo de las espectrales palabras de Rob Halford (once she was wonderful… once she was fine…) hasta que acaba estallando en un apoteósico final. Una auténtica obra maestra que nos brinda a los Priest más progresivos, más meritoria todavía si consideramos la juventud de sus creadores.
Sigue The Ripper, otro clásico marcado por unas guitarras que suenan tan afiladas como los cuchillos del asesino al que va dedicada. Después de la tempestad viene la calma en la forma de Dreamer Deceiver, una de las canciones más bellas que jamás compusieran Priest. De este tema se podría decir que comienza como una balada si no fuera porque el surrealimo fantástico de su letra poco tiene que ver con la temática propia de una canción de amor. Dreamer Deceiver nos conduce poco a poco hasta un emocionante final que entronca con Deceiver, canción que de algún modo avanza la fórmula rapidez/melodía que los Judas convertirían en marca de la casa en años venideros.
Una intro de piano, Prelude, abre la cara B del disco y da paso a la siguiente joya: Tyrant. El tema se basa en un pegadizo riff, genial en su propia sencillez, aderezado con sendos solos, el segundo de los cuales concluye en un climax de guitarras dobladas. Glenn Tipton y K.K. Downing ya van dando muestras de su buen gusto y mejor hacer.
Genocide es otro gran tema plagado de cambios de ritmo en el que el disco alcanza las mayores cotas de dureza.
Sin ser precisamente uno de los menores momentos del vinilo, Epitaph no deja de ser una buena muestra de la versatilidad de la banda, ademas de hacer las veces de puente entre el sonido de este álbum y el de su predecesor, Rocka Rolla (1974). Island Of Domination es en todo caso un buen cierre para un estupendo trabajo.
Si instrumentalmente el disco es imponente, la temática y las letras de las canciones no lo son menos: El poder absoluto impuesto por la fuerza, lo absurdo y terrible de la guerra, el paso del tiempo en su vertiente más cruel o la figura de Jack el destripador son algunas de las cosas de las que se habla en SWOD, y es que el melancólico título del álbum ya anticipa que su interior poco tiene que ver con aquel trinomio sex-drugs-rock´n roll tan propio de los ´70.

lunes, octubre 29, 2007

DISCOS QUE MERECEN SER JUZGADOS POR SU PORTADA (I): Dream Theater /Dave McKean

Frente a lo que sucede por ejemplo con un libro, la portada de un disco es en muchas ocasiones tan importante como la música que contiene en la medida en que define en gran parte la imagen del artista que la firma, y posee la magia de evocar visualmente los mundos que se ocultan entre los surcos del álbum. Conscientes de ello, inaguramos una nueva sección destinada a dar a conocer ilustraciones poco vistas de artistas más o menos populares a la vez que rescatamos una serie de discos que merece la pena escuchar. Para empezar, y con su inminente gira por tres ciudades españolas como pretexto: Metropolis Part II: Scenes From a Memory de Dream Theater.


Tras una portada de Dave McKean que podría figurar sin problemas entre las recopiladas en el Dust Covers de Sandman se esconde la que probablemente fue la última obra maestra de los reyes del hard rock progresivo, una etiqueta que ellos mismos han utilizado en alguna entrevista reciente, y que puede resultar engañosa toda vez que las influencias de DT abarcan desde el hard y el prog setentero hasta los mejores MetalIica, con una buena dosis de Pink Floyd, y sin hacer tampoco ascos a bandas como U2 o Radiohead.
Con anterioridad a este trabajo los neoyorquinos habían publicado Falling Into Infinity (1997), un disco de gran calidad pero fruto de un giro hacia lo comercial que terminó dejando a la banda sumida en una crisis de identidad. Afortunadamente James La Brie, John Petrucci, John Myung, Mike Portnoy y un recién incorporado Jordan Rudess fueron capaces de crecerse en la adversidad, ofreciéndonos el que sigue siendo su álbum más ambicioso.
En el disco que nos ocupa, Metropolis Part II: Scenes From a Memory (1999), retoman el concepto del tema Metropolis Part I, procedente de su trabajo de 1991, Images And Words, y crean algo que más que un simple álbum conceptual es prácticamente una ópera-rock en toda regla. Todo ello envuelto en una producción de Mike Portnoy, John Petrucci y Terry Brown que está a la altura de la ambición de los compositores.
Conceptualmente, MPII nos presenta una historia que transcurre en la actualidad con flashbacks de 1928, en la que los amores tortuosos, la indidelidad, la muerte y lo que hay más allá de ella son los temas principales.
A grandes rasgos, el protagonista de la obra, Nicholas, se ve abrumado por los recuerdos de una vida pasada que no es la suya. Es a través de la hipnosis que va a saber de Victoria y de su trágica y violenta muerte, iniciando un periplo físico y espiritual en curso del cual y a través de ella va a aprender algunas cosas sobre la propia existencia y lo que acontece después.
Precisamente, en lo musical el disco te sumerge en un intenso viaje paralelo al del propio protagonista, destacando la capacidad de los de NY para adaptar su arte a las exigencias de cada una de las escenas que van conformando el guión. De esta manera y con una banda sonora de auténtico lujo, el oyente acompaña a Nicholas a lo largo de su recorrido interior y exterior, va sabiendo de Victoria y del crimen que terminó con su vida al mismo tiempo que él, y solo consige que las piezas encajen cuando el propio protagonista lo hace.
Scenes se abre la intro acústica Regression y sigue con lo que es propiamente la apertura, Overture 1928. En la tradición del Overture que da inicio el Tommy de los Who, este apoteósico instrumental nos va remitiendo a las piezas que sonarán posteriormente a lo largo del álbum. La voz de James La Brie da paso a Strange Deja Vu, y a esas alturas el oyente ya puede corroborar que no está ante un disco más.
Through My Words es un emotivo receso que precede a uno de los momentos más potentes del disco con Fatal Tragedy. La inquietante Beyond This Life arranca con otro riff demoledor y se dulcifica en su estribillo. Destacar los desarrollos instrumentales que aderezan estos dos temas, que se encuentran en mi opinión entre lo mejor del disco.
Tras la pausada Through Her Eyes con Theresa Thomason como voz invitada, un nuevo momento de gran intensidad con Home, otro estupendo riff y otro estribillo genial en un tema salpicado de arreglos de influencia oriental. Antes de que podamos recuperar el aliento nos golpea la instrumental The Dance Of Eternity y DT nos sumergen una vez más en las profundidades del infierno.
Pasada la tempestad, la calma marca la recta final del disco con One Last Time, la emocionante The Spirit Carries On con la voz de Teresa de nuevo, esta vez acompañada de un coro gospel, y la pieza de (abrupto) cierre, Finally Free.
En definitiva, un trabajo exquisito tanto a nivel creativo como técnico (al igual que todos los de DT), recomendado para escuchar –que no oir- de un tirón, y si se hace siguiendo las letras de las canciones mejor. Además es fácil de encontrar entre las series medias de cualquier gran superficie a un irrisorio precio, o sea que no hay excusa alguna para no disfrutar del álbum y su portada, que también lo fue del DVD que inmortalizó la gira de presentación, además de imagen de camisetas y otro merchandising.
BIen pensado no es extraño que el camino del portadista del Rey de los Sueños acabara teniendo una parada en el Teatro de los Sueños.

martes, enero 23, 2007

CONCIERTO DE RIDERS ON THE STORM en Valencia (14/01/07)

Aunque lo nuestro son los cómics por encima de todas las cosas, el equipo de Trazos está conformado por tipos inquietos, incapaces de dar la espalda a otras manifestaciones culturales, sobre todo si son de la magnitud del concierto de Riders On The Storm celebrado en Valencia el pasado 14 de enero. Y es que bajo un nombre que puede inducir al despiste encontramos a dos miembros originales de los míticos Doors, Ray Manzarek (teclados) y Robby Krieger (guitarra) con el vocalista de The Cult, Ian Astbury, en el difícil papel de llenar las botas de cowboy de Jim Morrison. ¿Quedaría algo de la magia de antaño? Para comprobarlo un nutrido grupo de bloggers nos desplazamos a la capital del Turia, y esto es lo que nos encontramos.

Recuperando el espíritu de los Doors

No es la primera vez que el trío citado pasa por España en estos últimos años. En 2003 actuaron en Benidorm bajo la denominación The Doors Of The 21st Century. Problemas legales con el batería original de los Doors, John Densmore, propiciaron el cambio de nombre por el a mi parecer más apropiado Riders On The Storm. Bajo este nuevo apelativo ya estuvieron por aquí el pasado año ofreciendo conciertos en Madrid y Barcelona. Fallar tres de tres era demasiado para unos genuinos fans de la banda de L.A. como nosotros, o sea que la idea de perdernos la que iba a ser la última noche de una mini-gira de diez fechas por toda Europa con dos paradas en España (San Sebastián y Valencia) no cabía ni remotamente en nuestras cabezotas.
Es verdad que cuando de música se trata la voz es el verdadero espejo del alma, y más si hablamos de una personalidad de la talla del gran Jimbo, pero también es cierto que aun no habiendo podido librarse nunca de la sombra del mítico cantante Ray y Robby tienen todo el derecho del mundo a beneficiarse de un legado que se debe en gran medida a ellos. No en vano es conocido que pese a firmar sus primeras composiciones como “The Doors” –tan democrática costumbre desaparecería con el tiempo- algunos de los temas más conocidos de la banda como la propia Light My Fire se deben a los citados.
Dicho esto, supongo que la capacidad de disfrutar más o menos de un acontecimiento de tan particular naturaleza depende sobre todo de lo que el evento se termine ajustando a tus expectativas iniciales. Lo comento porque algún que otro amiguete descartó la idea de asistir al concierto por temor a encontrarse con lo que podía ser una imposible y patética resurrección. Craso error. Aunque no dudo de lo lucrativo del invento para los implicados, no cabe poner en tela de juicio la honestidad de una propuesta que incluso se presenta a sí misma como un tributo a The Doors en los carteles promocionales. Es eso precisamente lo que yo esperaba y es lo que resultaron ser ROTS: un inteligente y reconocido tributo a las Puertas. El mejor posible hoy en día.

El concierto

Un afortunado retraso de más de cincuenta minutos sobre la hora prevista –y digo afortunado porque es lo que nos costó entrar en el recinto, dada la larga cola de entrada- dejó paso a la voz del house announcer presentando a la banda. A continuación los primeros compases de Roadhouse Blues pusieron patas arriba la sala-nave/almacén, que estaba llena hasta la bandera. El delirio fue total con las inmediatamente posteriores Break On Thru´(To The Other Side) y Love Me Two Times, pudiendo afirmar que a esas alturas del concierto las dudas de los más escépticos ya se habían disipado.
Bajo el efecto del austero pero eficaz juego de luces que los bañaba el teclista y el guitarrista parecían disfrutar realmente con lo que estaban haciendo ¿acaso menos tensos que en los viejos tiempos, siempre a la espera de por dónde les iba a salir el bueno de Morrison?
La presencia de un bajista sobre el escenario y los nuevos matices introducidos por Ray y Robby en la interpretación de sus clásicos hicieron que la actuación brillara con un toque de modernidad, casi imperceptible, pero que ayudó a sacar adelante la complicada empresa. Y es que estoy convencido de que si se hubieran empeñado en intentar recrear el glorioso pasado al dedillo el resultado no hubiera sido tan bueno.
Por lo que se refiere al vocalista, quedó claro que la elección de Ian como voz/showman para acometer tamaña tarea no podía ser más acertada, pero es que no hay que olvidar que el citado es un reconocido artista que ya forjó su propia leyenda con unos The Cult a los que los fans siguen profesando gran cariño. Realmente por momentos su voz y su imagen traían al Rey Lagarto a nuestros oídos y corazones, y lo que es mejor, una vez más daba la impresión de que pese lo inevitable de tener que ponerse un poco en situación no intentaba convertirse en una fotocopia del gran Jim. En un plano más discreto, el bajista Phil Chen (Jeff Beck y Rod Stewart), y el batería Ty Dennis.
Bueno, volviendo al show, siguió un tema que es una debilidad personal, When The Music´s Over, con su escalofriante grito inicial. ROTS mostraron una vez más su astucia al optar por esta canción de larga duración frente a un The End, excesivamente ligado ya no solo a la persona de Morrison sino también a su mito.
A continuación la festera Alamaba Song (Whisky Bar), Back Door Man y una Five To One cuyo solo de guitarra consiguió ponerme los pelillos de punta. En los old times los Doors hacían un medley con estos tres temas, sin embargo en esta ocasión pudimos disfrutar de las canciones en su integridad. La presentación de Five To one, corrió a cargo de Ray Manzarek, auténtico maestro de ceremonias que aprovechó para reivindicar “los años del amor” en que fue escrita la canción frente al belicoso momento actual, y no dudó en referirse con resignación a su Presidente, al que tildó de “madman”. No seré yo quien se lo discuta.
El momento más lisérgico de la noche llegó con Not To Touch The Earht, fragmento de la más psicodélica todavía The Celebration Of The Lizard.
Un solo de guitarra española a cargo de Robby abriría paso a Spanish Caravan. Siendo generosos diremos que no es precisamente la mejor canción de los Doors, aunque no se les puede dejar de agradecer la buena intención.
Unas palabras de Ray en recuerdo del recientemente fallecido James Brown y comenzó a sonar Touch Me. Es curioso porque pese a no hallarse entre mis temas favoritos la interpretación de esta canción me resultó más emocionante que la de otras que a priori me gustan más.
Tras un pequeño descanso, el sonido de la lluvia y los truenos anunció el tema homónimo, una estupenda Riders On The Storm. Después vendría la marchosa L.A. Woman, que causó auténtico furor. Sé que en los 70´ llegaron a tocar Riders en directo con Morrison, pero no estoy seguro de que sucediera lo mismo con L.A. Woman.
Y para cerrar, por su puesto, Light My Fire. Aunque en algún momento del extenso solo llegó a parecer que cada uno iba un poco por su lado, Robby demostró su inquietud como guitarrista transportándonos a terrenos que iban más allá del habitual blues/jazz marca de la casa.
Como detalle freaky añadir que además del repertorio ya mencionado, la actuación se vio salpicada por pequeños guiños a otros artistas. Así, estuvo presente el ya citado James Brown (Sex Machine), oimos el Purple Haze de Hendrix al inicio de Five To One, el riff de bajo de Another One Bites The Dust de Queen durante la presentación de la banda, la melodía del Eleanor Rigby de los Beatles a cargo de la guitarra de Robbie, algunas frases del Do It de los propios Doors (ese please, please, listen to me children… you are the ones who will rule the world…) y seguro que me dejo algún otro.
En definitiva, y pese a que me consta que en otras ocasiones han hecho sets más largos añadiendo temas menos “greatest hits”, una noche para atesorar en el recuerdo cuyo único punto negativo fue el lugar de celebración.
Tanto el nombre de la banda como la calidad de la actuación justificaban los 35 € del ala (más gastos) que costaba la entrada, ahora bien, que por ese precio nos metan en un almacén ridículamente estrecho y con el suelo desnivelado de forma que cuanto más atrás estás más bajo, me parece de Juzgado de guardia. Al menos el sonido fue bueno, pero puedo aventurar que, salvando las primerísimas filas, cualquiera de los miles de asistentes que no midiera más de 1,80 tuvo serior problemas para ver a dignamente a los Riders. Sin duda la ocasión merecía algo mucho mejor.
Nota: Las fotos de la banda en directo no corresponden al concierto objeto de la crónica.

martes, noviembre 21, 2006

QUEENSRYCHE: OPERATION: MINDCRIME

A finales de los ochenta Queensrÿche llegaron a alcanzar altas cotas de popularidad en sus U.S.A. natales, sin embargo en el viejo continente siempre les ha sido más difícil escapar al estatus de banda de culto. Aunque gracias a la prensa musical especializada, al menos los oyentes más afines a los sonidos hard & heavy sí pudieron -y siguen pudiendo- disfrutar de sus trabajos, el público mayoritario se perdió algunos álbumes como el que nos ocupa, de gran calidad no reñida con la aptitud para ser degustado por cualquiera que tenga la sensibilidad suficiente para apreciar un buen disco. Pero es que además, dejando de lado su atractivo envoltorio musical Operation: Mincrime es uno de los mejores álbumes conceptuales jamás hecho.

De los creadores:

Aunque el grueso de los músicos que conformarían Queensrÿche ya se conocían desde los tiempos del instituto, el origen de la banda se puede datar en los primeros años de la década de los ochenta. Esta formación comprende a Geoff Tate (voces), Chris De Garmo y Michael Wilton (guitarras), Eddie Jackson (bajo) y Scott Rockenfield (batería), seguidores de las bandas clásicas de metal como Scorpions, Judas Priest, etc. que con el tiempo ampliarían su abanico de influencias hasta el punto de crear un sonido propio que en realidad nunca dejaría de evolucionar con cada entrega discográfica.
QR son oriundos de Seattle, ciudad que apenas una década más tarde se convertiría en todo un referente en el mapa musical. Si consideramos que en aquella primera época todas las miradas (y oídos) estaban pendientes de la incipiente New Wave Of British Heavy Metal (NWOBHM) que traería a grandes bandas como Iron Maiden o Saxon, podría pensarse que Tate y los suyos no estaban precisamente en el lugar adecuado. Sin embargo la calidad del grupo era tal que un EP auto-producido les bastó para ser fichados por una compañía de la talla de Emi America Records. Según cuenta la leyenda, sin haber realizado una sola actuación en directo.
Su primera referencia con Emi fue una reedición del citado EP The Queen Of The Reich (1983), seguida de su primer larga duración The Warning (1984). The Warning fue grabado en los estudios Abbey Road de Londres bajo la batuta del productor James Guthrie, responsable entre otras obras del mítico The Wall de Pink Floyd, elección sin duda reveladora de las amplias miras musicales de la banda. El disco también cuenta con la colaboración del compositor de bandas sonoras y arreglista Michael Kamen. Aunque la base del sonido de QR era eminentemente metálica, esos primeros trabajos ya apuntaban que las ambiciones musicales de la banda iban mucho más allá de lo que ofrecía la NWOBHM, que no era poco. La presentación de éste álbum les llevó a girar por todo el mundo, taloneando a artistas como Dio, Kiss o Iron Maiden, e incluso como cabezas de cartel en una mini-gira por Japón.
En 1986 QR alumbrarían otro buen trabajo, Rage For Order. Con todo, lo mejor estaba todavía por llegar.

El sonido de la revolución:

En 1988 apareció el trabajo al que hemos dedicado éste artículo: Operation: Mindcrime, impecablemente producido por Meter Kollins.
Tras una estupenda portada en cuatro colores que responde a una estética más bien punk encontramos un álbum conceptual en la línea -al menos en lo formal, que no en lo musical- de obras como el Tommy de los Who. Me resisto a calificar cualquiera de los dos trabajos como ópera-rock en el sentido estricto, pero sí es cierto que en ambos casos nos encontramos con discos cuyas canciones conforman una historia que se va desarrollando de principio a fin a través de las palabras de sus protagonistas.
En lo que respecta a O: M esos protagonistas son tres: Nikki, un yonki que no encuentra su lugar en la vida, lo que lo hace susceptible de ser manipulado por el Dr. X. El Doctor es un personaje sin escrúpulos que trata de implantar un nuevo orden a través del asesinato de personalidades clave del mundo de la política y la religión, sirviéndose para ello de Nikki. Por último la hermana Mary, ex-prostituta reciclada a monja que se convierte en el único apoyo del joven.
La historia que nos relata O: M es una suerte de thriller político ambientado en un futuro no muy lejano, que da pie a sus autores a reflexionar en clave de crítica social sobre temas como la política, la religión o la manipulación. Aunque el contenido literario de la obra juega un papel secundario al quedar supeditado a las exigencias de su particular formato, el concepto del álbum unido a la música que lo acompaña conforman una indiscutible obra maestra.
Musicalmente O: M es un trabajo que combina canciones al uso con pequeños pasajes instrumentales y hablados, ilustrados con diversos efectos especiales. El disco arranca con la emocionante intro Anarchy-X, la cual da paso a lo que es propiamente el primer tema del álbum Revolution Calling. Quien sea capaz de escuchar ésta demoledora pieza y no caer rendido ante la magnitud de la interpretación vocal de Tate -ya confirmado como uno de los grandes- y las guitarras dobladas de De Garmo y Wilton, es que no tiene sangre en las venas.
El sonido de un teléfono –que precede cada una de las sangrientas misiones de Nikki- da paso al siniestro riff que abre el tema título, guiado de forma sinuosa por el pulsante bajo de Eddie Jackson. En Operation: Mincrime la canción encontramos la primera sorpresa del LP en forma de la sensual voz de Pamela Moore, quien interpreta al personaje de la hermana Mary. Hoy por hoy los duetos mixtos están a la orden del día, pero en 1988 la idea de una voz femenina dándole la réplica al vocalista titular era algo realmente infrecuente en un álbum de estas características.
A la rápida y desasosegante Speak sigue Spreading The Disease uno de los temas más NWOBHM del disco, y por ende, uno de los más emocionantes. QR levantan el pie del acelerador con The Mission, otro brindis a la desesperanza que cierra la cara A del vinilo.
Arreglada con tétricos coros y de nuevo con la indispensable voz de Pamela Moore, Suite Sister Mary abre la B erigiéndose en uno de los puntos álgidos del disco. Se trata de una pieza larga e inquietante que comienza lentamente y acaba en un estallido furioso pero a la vez contenido, en el que las baquetas de Scott Rockenfield juegan un gran papel. Con SSM QR demuestran una vez más ser unos adelantados a su tiempo.
Sigue The Needle Lies, nuevo guiño a la NWOBHM, y con una más sosegada Breaking The Silence enfilamos la recta final del disco. Podría parecer que O: M es un trabajo oscuro y pesimista, y desde luego bastante de eso hay. De hecho el gran acierto de Tate, De Garmo y cia. fue en mi opinión dar con el tono adecuado a la hora de poner música a cada uno de los pasajes del relato en un trabajo en el que las atmósferas son tanto o más importantes que las canciones en sí. En cualquier caso, el LP se cierra con dos de los temas más accesibles en el buen sentido de la expresión: I Don´t Believe In love, con su pegadizo estribillo y un brillante solo, y la emocionante y genial Eyes Of A Stranger, uno de esos temas cuyos compases iniciales bastan para llenarte de euforia. EOAS es el broche de oro para un trabajo perfecto.

O: M es un disco más para escuchar que para oir, pero no por ello deja de tener vocación más que suficiente para llegar al público masivo. No en vano el álbum se mantuvo una larga temporada en las listas yanquis –sobre todo gracias a la presencia de I Don´t Believe In Love en la MTV- e incluso fue nominado a un Grammy. Sin duda eran otros tiempos.
La subsiguiente presentación en vivo llevaría a QR a telonear a Def Leppard (USA) y a Metallica (Europa) hasta que las cada vez mayores ventas de O: M les permitieron girar como cabezas de cartel con una espectacular producción, interpretando el LP en su integridad en algunas fechas. Sin embargo tardarían todavía muchos años en presentarlo en España.
A la luz de O: M surgirían sendos productos audiovisuales: Video: Mindcrime (1990), recopilación de clips que ponen imágenes a cada una de las canciones del disco, y el VHS/CD Operation: Livecrime (1991), grabación en vivo que nos brinda la interpretación de O: M de cabo a rabo. Recientemente ha aparecido un triple pack que presenta a un razonable precio sendos CDs con el álbum original y su interpretación en directo, más temas extra, además de la edición en DVD de Video: Mindcrime.
Podría pensarse que con O: M QR alcanzaron su techo comercial y creativo, pero todavía nos tenían reservada una de sus obras más aclamadas, Empire (1990), a la cual le seguiría Promised Land (1994). Después de eso QR han producido una serie de álbumes de indiscutible calidad pero completamente alejados del sonido que les hizo grandes en el pasado, aunque eso ya es otra historia.
En cualquier caso, nada cabe reprocharles siendo que el afán de experimentar y evolucionar es precisamente uno de los valores de la banda. Al menos, al contrario de lo que ocurriría a otras formaciones de su generación, no solo no sucumbieron a la era del grunge que alumbró su ciudad natal, sino que hoy por hoy se mantienen en forma y plenamente operativos.

Cabos sueltos


Dado que la intención de este texto es más dar a conocer el disco que entrar en su exhaustivo análisis, no voy a meterme a fondo en la historia de Nikki, Mary y el Dr. X. Solo decir que el álbum dejó en su día suficientes puertas abiertas como para hacer presagiar una segunda parte. Las súplicas de los fans al respecto no obtendrían respuesta hasta este año 2006 con Operation: Mindcrime II, editado por Rhino Records.
En lo literario, O: M II comienza veinte años después de los hechos acontecidos en la primera parte con un Nikki que acaba de salir de la cárcel tras cumplir condena, y que clama venganza. Precisamente la venganza es uno de los temas de esta secuela.
En lo musical, sin estar a la altura de su predecesor O: M II es un buen disco que supera los últimos trabajos de QR. Posiblemente el mayor handicap del LP es que no cuenta ni con las composiciones ni con la guitarra de Chris De Garmo. Con todo, se trata de un álbum complejo, que abarca un espectro musical mucho más amplio que la primera parte y que hará pasar buenos momentos al fan menos cerrado de mente. Por lo pronto la interpretación vocal de Tate en la inicial I´m American es para quitare el sombrero. Así mismo, las colaboraciones de Pamela Moore, de nuevo en el papel de la hermana Mary, y del mismo Ronnie J. Dio poniendo voz al Dr. X. dan lustre a un trabajo que estaba inexorablemente destinado a la incomprensión. Como dato adicional, pese a que a nivel compositivo Tate y los suyos no quisieron limitarse a la clase de material que escribían en el pasado, el disco ha sido manufacturado con equipos rescatados de los ochenta, una prueba más del mimo depositado por la banda en la elaboración del LP.
En fin, como poco este álbum nos ha permitido disfrutar del directo de QR por primera vez en España. La cita tuvo lugar el pasado 17 de junio en el festival Lorca Rock, siendo los de Seattle los encargados de cerrar el evento. La banda brillo con gran intensidad presentándonos un teatral show centrado en las dos partes de O: M, con Pamela Moore como excepcional invitada. Tal vez el formato performance de la actuación dejó a los formidables músicos que son QR en un segundo plano, cobrando mayor protagonismo la sensacional voz y el gran carisma del cantante, pero desde luego fue una actuación inolvidable.