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Un saludo cordial.
Para mucha gente, entre la que me encuentro, la expresión rock independiente nos remite de manera automática al gafapastismo de la peor especie, el último fiasco aparecido en la portada del NME o a cualquier grupejo de tres al cuarto cuya única ambición es tocar en el festival de Benicásim y desaparecer. Sin embargo, bajo tal etiqueta también han tenido cobijo auténticas bandas de gran calidad y diversos estilos musicales cuyo nexo común sería el de operar con tenacidad y esfuerzo al margen del mainstream a la espera de ser recompensadas con un éxito que pocas veces termina llegando. Ese sería el caso de Throwing Muses.
Definir musicalmente a TM no es tarea fácil, y hasta se podría decir que cada uno de sus álbumes es un mundo como lo son también cada una de las canciones que los conforman. En casi todos sus trabajos podemos encontrar elementos rock, country, folk y blues mezclados con contenida experimentación y ocasionales
ramalazos de rabia. Su música oscila entre los temas acústicos más básicos y las canciones de estructura compleja con diversos cambios de ritmo. Dulzura e ira, hipnóticos pasajes acústicos y cruda distorsión, pegadizas melodías y momentos de difícil asimilación para el oyente medio, todo tiene cabida en una banda en la que destaca por encima de todo la estremecedora voz de Kristin Hersh.
Parece mentira que TM no alcanzaran al menos el reconocimiento que sí tuvieron sus vecinos los Pixies, y siempre me ha dado la impresión de que ello se ha debido en parte al que es uno de los rasgos característicos de su música, la crudeza de las muy particulares letras de Kristin, mezcla de surrealismo, locura y cotidianeidad. Tal vez exorcizar tus demonios internos a través de la música y pretender además que la gente se lance masivamente a comprar tus discos es demasiado pedir, pero el menos en este caso la experiencia vale la pena.
Haciendo un poco de historia, el album de debut de la banda de Rhode Island (sin título) data de 1986 y se debe a Kristin Hersh (voz y guitarras), Tanya Donnelly (idem), Leslie Langstom (bajo) y Dave Narcizo (batería), formación así mismo responsable de las tres entregas siguientes. Este disco de presentación tiene el encanto de lo primerizo pero sin renunciar por ello a cierta complejidad musical ya reveladora de lo que las Musas tenían para ofrecer al mundo.
A tan prometedor comienzo siguió un LP de corte más introspectivo como lo es House Tornado (1988). En aras a la brevedad –a no enrollarme más todavía, quiero decir- omito referirme a los varios eps que editaron, aunque no puedo dejar de mencionar The Fat Skier (1987), minilp de siete canciones, algunas de las cuales son imprescindibles. 
Tras el deliberado giro hacia la comercialidad bien entendida que significó la edición de Hunkpapa (1989) y The Real Ramona (1991), Tanya dejó el grupo para continuar su carrera primero en The Breeders y luego en Belly, lo que supuso para la banda la absoluta preeminencia de la voz y la música de la Hersh. Red Heaven (1992) demostró que el grupo salió crecido de ese trance, y del disco siguiente, University (1995), ya con Bernard Georges a las cuatro cuerdas, solo puedo decir que es mi favorito junto con este Limbo (1996). Después vendría un homónimo, Throwing Muses (2003) que marcó el regreso de Tanya, y que sin ser un mal trabajo no estuvo a la altura del broche oro que fue aquel.
Entrando por fin en materia, Limbo comienza con el eléctrico riff que introduce Buzz, buena demostración de la habilidad de TM para hacer temas de corte tranquilo que terminan estallando en el estribillo. La que fuera segundo single, Ruthie´s Knocking, es una de esas canciones con aptitud para alcanzar lo más alto de cualquier lista de éxitos, cosa que obviamente no ocurrió. Igualmente pegadiza pero más inquietante es Freeloader (tercer sencillo). La más optimista The Field deja paso al envolvente tema-título, que se ve seguido por uno de los momentos más tortuosos del disco, la rápida Tar Kissers. La cara B se abre con la oscura e intensa Tango. Sigue la bella Serene, arreglos de cuerda incluidos. Más claroscuros en Mr. Bones que dan paso a la melancolía Night Driving, y ya casi para acabar Cowbirds y Shark, potente pieza escogida como primer y, en mi opinión, mejor single. El tema que efectivamente cierra Limbo es una no acreditada White Bikini Sand, luminosa despedida para un álbum en el que predomina lo sombrío. En definitiva, un trabajo para disfrutar sin prejuicios que a casi doce años de su edición sigue teniendo plena vigencia, lo que constituye para mí la materia de que están hechos los buenos discos.
Por lo que se refiere al trabajo de Beto, su
presencia supuso una ruptura en la trayectoria de la banda que, hasta la fecha y siguiendo la práctica habitual del sello 4AD, había venido contando con el exquisito trabajo de v23. Tal vez por ello la ilustración bicolor del rostro de un curtido anciano que nos contempla con penetrante mirada, hace de este álbum algo tan especial. La funda interior del LP cuenta con otro dibujo de Beto que representa un autobús dejando una pequeña población sola en la inmensidad del desierto bajo un cielo oscuro. Juraría que esta directamente sacada de alguna historia de Luba.
Añadir a lo dicho que en un ejercicio de coherencia estilística digno de mención, las portadas de los singles a que dio lugar Limbo también cuentan con dibujos de Beto que, una vez más, nada desentonan con su trabajo en Love And Rockets.
En cinco palabras, gran disco y gran portada.
WISH (1992): Al igual que The Head On The Door y frente a Pornography o Disintegration, Wish es otro conjunto de canciones de variado registro que, en mi opinión y aunque solo sea por la mayor extensión del álbum, hasta supera al que ofrecieran en 1985. Los temas single ya dan idea de lo dicho, así High –bonito riff y buen estribillo- que no entraría en la categoría de oscura ni en la de ultrapegadiza, papel que queda reservado a Friday I´m In Love. Este tema puede no estar entre mis favoritos pero es justo reconocer el enorme papel que jugó a la hora de promocionar el LP. Con la melancólica A Letter To Elise cerramos el apartado hits y pasamos a lo que verdaderamente importa, y es que basta escuchar la apertura con Open para aventurar que estamos ante un álbum colmado de emociones fuertes. La citada está dedicada a la que es la vertiente menos glamurosa de una noche de desenfreno y los sentimientos que quedan cuando el subidón pasa: Ira, asco y cansancio. Realmente el tono de Wish puede ser más amable que el de Disintegration, pero la temática de sus canciones revela que las inquietudes de su autor no difieren en demasía con respecto a las que inspiraron aquel: rupturas bellamente interpretadas en Apart y con bastante más rabia en Cut, relaciones poco deseables en Wendy Time, y amores difíciles o imposibles en la citada A Letter To Elise, Doing The Unstuck, la emotiva Trust o la obra maestra que es From The Edge Of The Deep Green Sea, a la postre una de esas raras ocasiones que ha tenido Porl Thompson en el seno de The Cure para demostrar al mundo su valía a las seis cuerdas. El bonito momento que es To Wish Impossible Things desemboca en End, canción pesada, densa y oscura cuyo título da lugar a pocos equívocos, y que hace las veces de pieza de cierre del último gran disco de The Cure. ¡Ah!, en el apartado social, Roger O´Donnell es sustituido a los teclados por Perry Bamonte.
al es inevitable que se nos acabe cruzando en el camino un Wild Mood Swings. Los salvajes cambios de humor a que alude el título se traducen en un disco la heterogeneidad de cuyo contenido se lleva al paroxismo, lo que ya queda patente a la vista del ejército de personas que intervinieron en las mezclas finales. ¿El resultado? personalmente el único cambio de humor que experimento cuando escucho este artefacto es para pasar de malo a peor humor. La verdad es que ese engendro a ritmo de cha-cha-cha que fue el single adelanto The 13th me debería haber puesto sobre aviso, pero el imparable carrerón de The Cure les hacía al menos merecedores de un voto de confianza del que finalmente resultaron no ser dignos. El caso es que la inicial Want es una buena canción que cuenta con una buena letra sobre la eterna insatisfacción y la insaciable necesidad de tener más del ser humano, pero a partir de ahí… Club America es desconcertante, This Is A Lie es formalmente bonita pero no emociona como antaño, Mint Car es un burdo remake de Friday I´m In Love, Strange Attraction es un pestiño, Round & Round & Round es una petardada, y así, así, hasta completar un repertorio del que -además de la ya citada Want- salvaría Jupiter Crash y la divertida Gone! Inexplicablemente Robert Smith sigue incluyendo este disco en su top 5 de álbumes de The Cure favoritos. Todavía me hago cruces con esto, y de vez en cuando hasta me pongo el disco para ver si es que lo he escuchado con malas orejas, pero no hay manera… ¿tuvo que ver el resultado con el hecho de que motivos de salud apartaran a Simon Gallup de la elaboración del disco? ¿Influyó la marcha de Porl Thompson de la banda para tocar con Robert Plant y Jimmy Page? ¿tal vez la de Boris Williams? No lo creo, al fin y al cabo aunque el carisma y buen hacer de los citados está fuera de toda duda Perry Bamonte resultó defenderse bien con la guitarra, Roger O´Donnell regresó a los teclados y poco cabe reprochar al batería entrante Jason Cooper.
BLOODFLOWERS (2000) es en mi opinión un magnífico disco que acabó recibiendo una acogida desigual por parte de los fans, algunos de los cuales no podían dejar de verlo como un hermano menor de Disintegration, comparación injusta e improcedente que solo se explica por el hecho de que nos encontramos nuevamente ante un álbum impregnado de tristeza e introspección. Para empezar, el sosegado arranque con la austera y casi acústica Out Of This World poco tiene que ver con la explosión que es Plainsong. Y esto no es una crítica, OOTW no es solo una pieza deliciosa sino también una de las mejores canciones que su creador haya escrito en los últimos años. Watching Me Fall es otro grandísimo momento sobre decadencia personal y sexo a la japonesa que nos devuelve a los The Cure más intensos. Con la pesimista Where The Birds Always Sing el listón sigue sin bajar. Es verdad que este tema puede tener cierto saborcillo a cara B de tiempos pasados, pero no es menos cierto que muchas caras B de The Cure superan con creces algunos de los temas publicados en los álbumes, o sea que el punto crítico del comentario carece de toda razón de ser. Maybe Someday es lo más parecido a un tema comercial en un disco anticomercial hasta el punto de que sus autores declinaron promocionarlo con videoclips, renunciando así a la que es una de sus mayores bazas. The Last Day Of Summer podría recordarnos vagamente a A Letter To Elise. There Is No If… rompe por unos instantes la estela oscura del disco, que retomaremos poco a poco con The Loudest Sound y 39. Si las dos primeras no dejan de ser buenas canciones la última me encanta por mor de ese ritmo monótono pero trepidante a la vez que surge del bajo de Simon, y una letra que vuelve al tema de lo angustioso de sentir que te vas haciendo mayor de manera inevitable. Casi sin darnos cuenta -lo que siempre es indicativo de una escucha placentera- nos plantamos en el último tema del álbum, Bloodflowers, estupenda canción de desesperanzadora letra cuya música –el bajo, la percusión, los arreglos de guitarra… ¡todo!- supone un momentáneo y agradable retorno a la etapa Pornography. Lo dicho, un gustazo.
ío de los discos homónimos. La excusa de los autores fue que este trabajo atesora la esencia de The Cure hasta tal punto que solo podían titularlo de esta manera. La realidad es que se trata de uno de esos discos cuya escucha no es desagradable una vez te decides a ponerlo pero que no te engancha hasta el punto de necesitar pincharlo con regularidad, lo cual tras un Bloodflowers que me devolvió la fe más ciega en The Cure no dejó de resultar algo decepcionante. En la parte positiva de la balanza tendríamos el hecho de que el disco tiene un buen single en The End Of The World y que el conjunto sigue siendo superior en coherencia y calidad a Wild Mood Swings. En la parte negativa, que aunque hay canciones que molan (la ya citada, Labyrinth, Anniversary, Us Or Them o alt.end por ejemplo) no puedo quitarme la impresión de que en esta ocasión The Cure se esforzaron demasiado por sonar a The Cure. Con todo reconozco que antes de formarme un juicio definitivo sobre un álbum necesito una escucha intensa y un periodo de asimilación que me puede llevar años, por lo que me reservo la posibilidad de cambiar de opinión sobre este disco en un futuro.Ver la primera parte: DISCOGRAFIAS MEMORABLES: The Cure (1979-1982)
JAPANESE WHISPERS (1983): La continuidad de The Cure como grupo no acababa de estar clara, y precisamente JW no es un larga duración al uso sino la recopilación de una serie de singles perpetrados por Robert con la sola colaboración de Lol Tolhurst. No se si estos temas son fruto de un deliberado intento de apartarse del estilo “Pornography” o si se trata simplemente de la clase de canciones que su salud mental le demandaba hacer después de su excursión por el abismo. Sea como fuere, Let´s Go To Bed es un tema pegadizo hasta lo bailable que retoma la estela de comercialidad que parecían haber dejado atrás después de Boys Don´t Cry. Algo parecido se podría decir sobre The Walk, pese a que su extraño riff y su estupenda letra, que parece remitirnos a algún tipo de sanatorio mental, no nos permiten olvidar a quien estamos escuchando. El amor/enamoramiento loco y obsesivo es una temática recurrente en el cancionero de The Cure que en esta ocasión se materializa en la divertida (¡¡¡) y Jazzy The Lovecats. Las piezas reservadas para las caras B, The Dream, Just One Kiss, The Upstairs Room, Speak My Language y Lament completan este puñado de buenas canciones siendo la última el tema que más evoca los Cure de antes.
THE TOP (1984): La indiscutible calidad de los singles que posteriormente recopilaría Japanese Whispers podía hacer pensar que The Top iba a ser el larga duración con el que The Cure recuperarían el rumbo. Por contra, la banda no era tal sino que seguía tratándose más de Robert Smith en solitario que de otra cosa, y este disco terminó convirtiéndose en el primer batacazo de su carrera nivel creativo. Siguen habiendo grandes canciones, y de hecho la potente y sadomasoquística Shake Dog Shake ya justifica por si sola la adquisición del disco. Piggy In The Mirror y Dressing Up son otros clásicos imprescindibles, y Birdmad Girl, la cañera Give Me It o el single The Caterpillar no dejan de ser buenos temas. Lamentablemente, la totalidad del álbum adolece de una producción cuestionable hasta el punto de que si se comparan los temas de estudio con sus posteriores interpretaciones en directo es imposible quitarse la sensación de que a las originales les falta algo. La versión de Piggy In The Mirror audible en Live In Orange es un buen ejemplo de lo dicho. En fin, la parte buena de todo esto es que en breve llegarían tiempos mejores, y que aunque su intervención en esta entrega fuera casi inexistente Porl Thompson ya tenía un pie dentro de la banda.
THE HEAD ON THE DOOR (1985): The Cure fichan al batería Boris Williams,
repescan a Simon Gallup, quien jamás volvería de dejar la banda, y retoman el buen camino confeccionando uno de sus álbumes más redondos. THOTD es el perfecto muestrario de todos los matices de su sonido. De este modo, encontramos singles que conjugan comercialidad y calidad con letras que ocultan más de lo que aparentemente revelan, como la inicial In Between Days, la archiconocida Close To Me y la no menos buena A Night Like This, con solo de saxo incluido. Junto a ellas, canciones literalmente de pesadilla como la cadenciosa Kyoto Song -el momento más oscuro del L.P.-, la flamenca The Blood pese a que su origen se encuentra en una vivencia acontecida en tierras lusas y por supuesto Push, una de mis favoritas particulares. Ante semejante repertorio la rápida The Baby Screams, Six Different Ways o Sinking podrían verse como temas menores en comparación, pero sería más justo decir que las canciones que integran este disco se dividen en dos categorías: buenas e increíblemente buenas. Por cierto que Screw no entraría en ninguna de las dos.
KISS ME, KISS ME, KISS ME (1987) siempre me ha parecido un trabajo marcado por la euforia y un exceso a todos los niveles que tiene su manifestación más inmediata en la larga duración del disco. No se trata de un mal álbum y realmente no se me ocurre ni una sola de las canciones que contiene que pueda calificarse como “floja” de manera inmediata, pero sí es cierto que de alguna manera y tras el muy equilibrado The Head On The Door, las bondades de KM, KM, KM quedan algo diluidas. Por otra parte supongo que los resultados comerciales desautorizan mi pequeña crítica, ya que este es el disco con el que The Cure alcanzaron las más altas cotas de popularidad conocidas hasta la fecha. Los cuatro singles a que dio lugar vienen a corroborar lo dicho: Hot, Hot, Hot con ese punto funky y bacilón, la frenética Why Can´t I Be You, la dulce Catch y Just Like Heaven, a mi juicio el mejor sencillo de corte romántico/melódico que jamás hayan escrito The Cure. Pero además de las citadas hay otras razones que hacen este disco digno de interés, como las afiladas guitarras de The Kiss, el exotismo de If Only Tonight We Could Sleep, la belleza de How Beautiful You Are valga la redundancia, la hipnótica Like Cockatoos o el histriónico salvajismo de Shiver And Shake. Por cierto, aunque no participa en su elaboración este álbum marca la llegada al grupo del teclista Roger O´Donnell a la vez que la definitiva ruptura y el comienzo de un agrio contencioso con un miembro histórico como lo era Lol Tolhurst.
DISINTEGRATION (1989): Tras el desenfreno de KM, KM, KM la banda de
Robert Smith regresa con un álbum oscuro y melancólico –más lo segundo que lo primero, en realidad- hecho a base de canciones de larga duración en su mayoría, lo que no resta ni un ápice de sobriedad a un conjunto que terminaría convirtiéndose en capital, no solo en la historia de The Cure sino en la de la música en general. Disintegration pone de manifiesto las obsesiones de un autor que, paradójicamente, se acababa de casar con su eterna novia Mary y vivía uno de los periodos de mayor estabilidad en su vida. Sea como fuere, el temor a envejecer, la idea de que ni la vida ni el amor duran para siempre y la terrible certeza de que nada es eterno impregnan este trabajo construido a base de temas densos e intensos, barrocos en apariencia a pesar de que en la mayor parte de los casos se apoyan sobre estructuras sencillas y repetitivas. Plainsong es un apoteósico inicio que se ve seguido por Pictures Of You –buena ocasión para apreciar el particular e influyente estilo de Robert como guitarrista- y Closedown. Estas piezas ya revelan la tónica general del L.P.: teclados grandilocuentes, un bajo poderoso que no descansa ni un solo instante y los inigualables arreglos de guitarra que salpican el conjunto. El disco continúa con Lovesong y Last Dance. Si el protagonista de la primera promete a su pareja que la amará siempre, el agridulce reencuentro que recrea la segunda supone un jarro de agua fría que nos devuelve a la realidad del álbum. Lullaby es otra canción de pesadilla que debe gran parte de su popularidad al inolvidable videoclip con que Tim Pope la inmortalizó. La vida nocturna y la superficialidad que la envuelve es otra constante en el mundo The Cure que en esta ocasión toma forma en Fascination Street. Esta canción y las dos siguientes, la envolvente Prayers For The Rain y la triste The Same Deep Water As You, son mis momentos favoritos de un álbum que sigue fluyendo hasta alcanzar su clímax en Disintegration, la canción. Las aguas parecen volver a su cauce en las más tranquilas Homesick y Untittled, aunque la sensación de melancolía no desaparece. Ni siquiera una vez termina el disco.
THREE IMAGINARY BOYS (1979): Robert Smith (voz y guitarras), Lawrence Tolhurst (batería) y Michael Dempsey (bajo) entran en escena con un álbum de sonido algo rudimentario en el que la tónica general es la melodía y las canciones de corto minutaje. La influencias punk es palpable en algunos temas como It´s Not You, Object o So What, pero aparte de que Robert Smith nunca renegó de los sonidos de tiempos pretéritos de la misma manera que sí hicieron otros músicos de su generación, la música de estos primeros Cure ya presentaba algunos matices que los distanciaban de las corrientes imperantes en el Reino Unido de finales de los ´70. En TIB tiene cabida desde el pop desenfadado con tintes nihilístas de Grinding Halt hasta el surrealismo, presente en canciones como Fire In Cairo, que alcanza sus más altas cotas en Meathook, un canto de amor dedicado a un gancho de colgar carne con abrazo final incluido. Las piezas que más apuntan hacia lo que va a ser el posterior sonido del grupo son la tétrica Subway Song, Another Day, 20:15 Saturday Night y Three Imaginary Boys. De estas dos últimas diría que son las dos joyas que contiene este debut. El tema título es una melancólica pieza que rebosa belleza y emoción, mientras que 20:15 es una buena demostración de la capacidad de Robert para exponer sentimientos con gran sencillez pero también con enorme sinceridad y siempre desde una perspectiva cotidiana que hace inevitable la conexión con el oyente. La versión de Foxy Lady mejor la dejamos correr.
Simon Gallup en la banda y el breve paso por la misma del teclista Matthieu Hartley. Este disco supone no solo un importante salto cualitativo con respecto a su L.P. debut, sino también el primer paso en el paulatino oscurecimiento de la música de The Cure. El lado más tortuoso de las relaciones de pareja asoma de nuevo su rostro en la cínica Play For Today, uno de los temas single. De nuevo destacar su comienzo con una característica línea de bajo salpicada de armonías que desemboca en la melodía principal. Aunque se aparta un poco de la tónica que marca el resto del álbum e incluso se puede decir que tiene un punto catchy, está claro que no se trata de la clase de sencillo que se encuentra habitualmente en las listas. In Your House y A Forest atesoran ya toda la esencia del sonido Cure. Aparte de que también fue sencillo, el machacón bajo de Simon, las inquietantes guitarras de Robert y su desesperanzadora letra (ese estremecedor again, and again, and again, and again….) harían de esta última el indiscutible clásico que sigue siendo casi treinta años después. Más desesperanza, aderezada con unas gotas de soledad en At Night, en mi opinión uno de los temas más bellos que jamás hayan creado los británicos. Resaltar la genial M, otra estupenda canción de amor “estilo Cure”, y sería injusto no mencionar Secrets y Seventeen Seconds, dos piezas de calidad suficiente como para hacer de este álbum un todo imprescindible.
FAITH (1981): La tragedia personal en el seno del grupo que supone el fallecimiento de la abuela de Robert y la enfermedad terminal padecida por la madre de Lol deja su huella en otro gran trabajo en el que el frío blanco de Seventeen Seconds se torna en sombrío gris. Según se cuenta, ese atormentado estado de ánimo hizo que en esta ocasión las musas llevaran a los jóvenes Cure a buscar su inspiración en iglesias y en los ritos cristianos. El atmosférico resultado final es coherente con lo dicho, lo que se hace palpable en temas como la inicial The Holy Hour, con otro genial riff de bajo, All The Cats Are Grey, una The Funeral Party cuyo título lo dice todo, o la angustiosa The Drowning Man. A pesar de su tono nostálgico, la mirada hacia los brillantes años de la infancia que es Primary supone el único momento de luz en un álbum decididamente oscuro. En su vertiente literaria Other Voices podría considerarse como un anticipo de lo que terminaría germinando en el siguiente trabajo del grupo. Doubt es el tema más agresivo escrito hasta la fecha por The Cure, y con la canción-título, Faith, nos regalan otra obra maestra de gran intensidad emocional con la Fe, el deseo de tenerla y la imposibilidad de lograrlo como principal tema.
PORNOGRAPHY (1982): Es la culminación del viaje emprendido hace años por Robert Smith hacia el lado más oscuro de la naturaleza humana, además de una obra clave en la historia de la música popular. La permanente compañía de ciertas sustancias y el alcohol a raudales durante la creación disco hicieron el resto, dando como fruto un enfermizo trabajo cargado de muerte, sexo, violencia y locura. La épica más pesimista se hace presente en su primera canción, la apocalíptica One Hundred Years. Siguen A Short Term Effect -un gran momento que puede pasar desapercibido dado lo apabullante del conjunto- y el single menos comercial que jamás escribieran The Cure, una genial The Hanging Garden en la que la atronadora y tribal percusión, y el demoledor bajo de Simon acaparan merecidamente el protagonismo. Después Siamese Twins casi parece un descanso, aunque su tempo más lento no hace que la sensación de inquietud que desprende todo Pornography disminuya. Arte chino, chicas americanas y sentimiento de suciedad en The Figurehead, otro indiscutible clásico que deja paso al momento más bello del disco con la atmosférica Strange Day, el único tema del álbum en el que The Cure se sosiegan un poco pese a que su letra evoca más bien el sosiego que queda cuando todo termina. La muy oscura Cold y la catártica Pornography (I must find this sickness, find a cure...) cierran un disco intenso hasta el punto de que lo placentero de su escucha no obsta que se experimente una cierta sensación de alivio cuando la aguja llega a su fin. Como sucede con muchas obras maestras, su gestación no fue fácil para sus autores, y de hecho este periodo de la vida de la banda se saldó con la ruptura de la amistad existente entre Robert y Simon, dejando al último fuera del grupo. No volverían a hablarse hasta dos años después. Continuará…
No Prayer For The Dying (1990) es un buen dibujo que no estuvo a la altura de las obras pretéritas del autor. La cuestión es que a partir de este trabajo las colaboraciones entre Derek Riggs y Iron Maiden dejarían de desarrollarse en un marco de exclusividad.

o. A la vista de los resultados finales este hecho parecía incomprensible, pero detrás del cambio resultó haber una razón de peso: Derek padecía problemas de salud motivados en parte por los materiales de pintura que utilizaba originalmente.
um de retorno a la grandeza de los británicos. No voy a reproducir toda la historia, baste decir que de la finalmente publicada sólo la parte de las nubes que sobresalen por encima del Londres futurista conformando la cara de Eddie se deben a Riggs. Esta nueva controversia se zanjó con el bueno de Derek jurando una vez más no volver a trabajar con Iron Maiden.
Como he apuntado anteriormente, ya desde antes de comenzar a trabajar con Maiden DR venía realizando portadas para diversas bandas, alguna de ellas realmente buena como la que pintó para el álbum Nightflight (1981) de los galeses Budgie.
r
con el Metal, estilo que no parece atraerle demasiado- y en la realización de más portadas para CDs.
partes de Elements (2003) y sus
correspondientes singles. A la vista del resultado, y siendo que la huella del surrealismo pictórico con toques new age ya estaba presente en las portadas de algunos de los trabajos anteriores de los fineses, podemos afirmar que el fichaje de Riggs por su parte no fue en absoluto descabellado
Lo de Gamma Ray fue más curioso, ya que el ilustrador había manifestado en varias ocasiones su hartazgo de dibujar a Eddie, y lo que hizo con el grupo teutón fue rescatar a un sucedáneo del anterior que tuvo su origen en las cubiertas de los primeros trabajos de Helloween. Con todo, y a pesar de que el artista se permite poner en entredicho con cierta sorna los conocimientos de ciencia ficción de Kai Hansen y sus muchachos, el concepto futurista que envuelve las canciones de Gamma Ray encajó a la perfección con el trabajo de Riggs, brindándonos unos estupendos trabajos tanto en las portadas como en el interior de los libretos de Powerplant (1999) y Blast From The Past (2000).
ce Dickinson dando vida a Edison, una evidente parodia de su creación más conocida que debutaría en la portada del estupendo trabajo que el vocalista lanzó en 1997, Accident Of Birth.
Run For Cover: The Art Of Derek Riggs, publicado el año pasado por Aardvark Global Publishing, nos ofrece un recorrido visual a lo largo de la extensa obra de Riggs, aderezado con los comentarios del propio ilustrador hilvanados en forma de entrevista por Martin Popoff (todo en inglés). De esta forma vamos a poder adentrarnos en la personalidad del artista, a la vez que nos recreamos con su obra.
Aunque RFC compila prácticamente todo el material publicado del ilustrador -y bastantes cosas no publicadas-, es de imaginar que el grueso del mismo se centra en sus trabajos con la banda de Steve Harris.
Las primerísimas ilustraciones de Eddie –en la mayoría de las cuales predominan los tonos amarillos y grises-, están ambientadas en callejones y otros oscuros escenarios urbanos, reflejo de ese East End de pesadilla que tan bien evocan los temas del grupo. Dos de ellas, Sanctuary (1980) y Woman in Uniform (1981), cuentan con la presencia de Margaret Thatcher, lo que ocasionó cierta polémica que se convirtió automáticamente en publicidad gratuita para la banda.
una muestra más de que a la hora de buscar inspiración el artista británico no conocía de límites.
A partir de esta fecha las portadas de Derek Riggs se tornan más ambiciosas. Así la de Powerslave (1984), una ilustración en la que el detalle se lleva casi al paroxismo con Eddie convertido en monolítica estatua egipcia como principal protagonista. Frente a lo que alguna gente piensa, el álbum no es un disco conceptual sobre el antiguo Egipto, pero sí es cierto que el trabajo artístico de su cubierta casa a la perfección con la letra del tema-título, escrito por un Bruce Dickinson que comenzaba a sentirse abrumado por el éxito masivo cosechado por la banda, y que se sirve de la imaginería egipcia a modo de metáfora de la magnitud de todo cuanto les rodeaba. 
álbumes de rock progresivo de los `70.Poco se sabe de la magnífica ilustración que sirve de portada al álbum de Judas Priest Sad Wings Of Destiny (1976), de la forma en que Woodroffe recibió el encargo por parte de la banda, o de si el concepto se debió a uno u otra. De lo que sí podemos hablar es de su trascendencia, toda vez que la cruz del colgante que porta el ángel que la protagoniza terminaría convirtiéndose en el símbolo que el grupo ha venido utilizando durante décadas. Por otra parte, y según han admitido los músicos en algunas entrevistas, la portada del disco de su reunión, Angel Of Retribution (2005), no es sino una versión modernizada (¿”ultimatizada”?) de la de este Sad Wings.
Sea como fuere, lo cierto es que la paradójica idea del ángel caído en el infierno no deja de ser apropiada para una banda cuyo nombre es Sacerdote Judas, y en cuya discografía se pueden encontrar canciones con títulos como Sinner o Saints In Hell. 
Entrando en el álbum en cuestión, segundo de los de Birmingham, cuando SWOD fue concebido Priest todavía no habían acabado de definir el concepto de heavy metal como harían posteriormente tanto a nivel musical como estético, lo que se traduce en un disco que estilísticamente se podría calificar más bien como proto-metal, o simplemente hard rock. En esas circunstancias puede parecer extraño que el álbum siga estando entre los favoritos de los fans -y lo es en mi caso-, pero es que estamos ante un trabajo plagado de buenas canciones convertidas ya en clásicos imperecederos.
Sad Wings comienza de manera inmejorable con la inmortal Victim Of Changes, siempre presente en el repertorio en directo de la banda. Victim arranca suavemente con un estremecedor doblete de guitarras que desemboca en un oscuro y demoledor riff. El tema se ve sesgado por dos interludios instrumentales majestuosos, después del segundo de los cuales la música fluye pausadamente al ritmo de las espectrales palabras de Rob Halford (once she was wonderful… once she was fine…) hasta que acaba estallando en un apoteósico final. Una auténtica obra maestra que nos brinda a los Priest más progresivos, más meritoria todavía si consideramos la juventud de sus creadores.
Sigue The Ripper, otro clásico marcado por unas guitarras que suenan tan afiladas como los cuchillos del asesino al que va dedicada. Después de la tempestad viene la calma en la forma de Dreamer Deceiver, una de las canciones más bellas que jamás compusieran Priest. De este tema se podría decir que comienza como una balada si no fuera porque el surrealimo fantástico de su letra poco tiene que ver con la temática propia de una canción de amor. Dreamer Deceiver nos conduce poco a poco hasta un emocionante final que entronca con Deceiver, canción que de algún modo avanza la fórmula rapidez/melodía que los Judas convertirían en marca de la casa en años venideros.
Una intro de piano, Prelude, abre la cara B del disco y da paso a la siguiente joya: Tyrant. El tema se basa en un pegadizo riff, genial en su propia sencillez, aderezado con sendos solos, el segundo de los cuales concluye en un climax de guitarras dobladas. Glenn Tipton y K.K. Downing ya van dando muestras de su buen gusto y mejor hacer.
Genocide es otro gran tema plagado de cambios de ritmo en el que el disco alcanza las mayores cotas de dureza.
Sin ser precisamente uno de los menores momentos del vinilo, Epitaph no deja de ser una buena muestra de la versatilidad de la banda, ademas de hacer las veces de puente entre el sonido de este álbum y el de su predecesor, Rocka Rolla (1974). Island Of Domination es en todo caso un buen cierre para un estupendo trabajo.
Si instrumentalmente el disco es imponente, la temática y las letras de las canciones no lo son menos: El poder absoluto impuesto por la fuerza, lo absurdo y terrible de la guerra, el paso del tiempo en su vertiente más cruel o la figura de Jack el destripador son algunas de las cosas de las que se habla en SWOD, y es que el melancólico título del álbum ya anticipa que su interior poco tiene que ver con aquel trinomio sex-drugs-rock´n roll tan propio de los ´70.

Conceptualmente, MPII nos presenta una historia que transcurre en la actualidad con flashbacks de 1928, en la que los amores tortuosos, la indidelidad, la muerte y lo que hay más allá de ella son los temas principales.
No es la primera vez que el trío citado pasa por España en estos últimos años. En 2003 actuaron en Benidorm bajo la denominación The Doors Of The 21st Century. Problemas legales con el batería original de los Doors, John Densmore, propiciaron el cambio de nombre por el a mi parecer más apropiado Riders On The Storm. Bajo este nuevo apelativo ya estuvieron por aquí el pasado año ofreciendo conciertos en Madrid y Barcelona. Fallar tres de tres era demasiado para unos genuinos fans de la banda de L.A. como nosotros, o sea que la idea de perdernos la que iba a ser la última noche de una mini-gira de diez fechas por toda Europa con dos paradas en España (San Sebastián y Valencia) no cabía ni remotamente en nuestras cabezotas.
. Craso error. Aunque no dudo de lo lucrativo del invento para los implicados, no cabe poner en tela de juicio la honestidad de una propuesta que incluso se presenta a sí misma como un tributo a The Doors en los carteles promocionales. Es eso precisamente lo que yo esperaba y es lo que resultaron ser ROTS: un inteligente y reconocido tributo a las Puertas. El mejor posible hoy en día.
Un afortunado retraso de más de cincuenta minutos sobre la hora prevista –y digo afortunado porque es lo que nos costó entrar en el recinto, dada la larga cola de entrada- dejó paso a la voz del house announcer presentando a la banda. A continuación los primeros compases de Roadhouse Blues pusieron patas arriba la sala-nave/almacén, que estaba llena hasta la bandera. El delirio fue total con las inmediatamente posteriores Break On Thru´(To The Other Side) y Love Me Two Times, pudiendo afirmar que a esas alturas del concierto las dudas de los más escépticos ya se habían disipado.
sona de Morrison sino también a su mito.
pequeños guiños a otros artistas. Así, estuvo presente el ya citado James Brown (Sex Machine), oimos el Purple Haze de Hendrix al inicio de Five To One, el riff de bajo de Another One Bites The Dust de Queen durante la presentación de la banda, la melodía del Eleanor Rigby de los Beatles a cargo de la guitarra de Robbie, algunas frases del Do It de los propios Doors (ese please, please, listen to me children… you are the ones who will rule the world…) y seguro que me dejo algún otro.
Aunque el grueso de los músicos que conformarían Queensrÿche ya se conocían desde los tiempos del instituto, el origen de la banda se puede datar en los primeros años de la década de los ochenta. Esta formación comprende a Geoff Tate (voces), Chris De Garmo y Michael Wilton (guitarras), Eddie Jackson (bajo) y Scott Rockenfield (batería), seguidores de las bandas clásicas de metal como Scorpions, Judas Priest, etc. que con el tiempo ampliarían su abanico de influencias hasta el punto de crear un sonido propio que en realidad nunca dejaría de evolucionar con cada entrega discográfica.
o EP The Queen Of The Reich (1983), seguida de su primer larga duración The Warning (1984). The Warning fue grabado en los estudios Abbey Road de Londres bajo la batuta del productor James Guthrie, responsable entre otras obras del mítico The Wall de Pink Floyd, elección sin duda reveladora de las amplias miras musicales de la banda. El disco también cuenta con la colaboración del compositor de bandas sonoras y arreglista Michael Kamen. Aunque la base del sonido de QR era eminentemente metálica, esos primeros trabajos ya apuntaban que las ambiciones musicales de la banda iban mucho más allá de lo que ofrecía la NWOBHM, que no era poco. La presentación de éste álbum les llevó a girar por todo el mundo, taloneando a artistas como Dio, Kiss o Iron Maiden, e incluso como cabezas de cartel en una mini-gira por Japón.
En 1988 apareció el trabajo al que hemos dedicado éste artículo: Operation: Mindcrime, impecablemente producido por Meter Kollins.
A la rápida y desasosegante Speak sigue Spreading The Disease uno de los temas más NWOBHM del disco, y por ende, uno de los más emocionantes. QR levantan el pie del acelerador con The Mission, otro brindis a la desesperanza que cierra la cara A del vinilo.
Dado que la intención de este texto es más dar a conocer el disco que entrar en su exhaustivo análisis, no voy a meterme a fondo en la historia de Nikki, Mary y el Dr. X. Solo decir que el álbum dejó en su día suficientes puertas abiertas como para hacer presagiar una segunda parte. Las súplicas de los fans al respecto no obtendrían respuesta hasta este año 2006 con Operation: Mindcrime II, editado por Rhino Records.