miércoles, marzo 31, 2010

LEYENDAS, MITOS, HISTORIAS Y LENGUAJE DE LAS FLORES

Ya tenemos aquí la Primavera con sus promesas de sol, buen tiempo y el renacer y renovar de los ánimos tras un Invierno que, por primera vez en mi vida, me ha resultado un poco largo y pesado. La parte negativa del “renacer” de las alergias, no lo nombraré. Así que con alegría he visto florecer a los almendros y a mis jacintos caseros y pensado que, para inaugurar esta nueva primavera, por qué no hablar de flores. Tal vez el tema os parezca un poco cursi pero hay mucho donde explorar.


La Primavera de Sandro Botticelli

La humanidad de antiguo se ha servido de las plantas y de las flores para su alimento o para remedios contra enfermedades o simplemente por puro goce anta la belleza y fragancia de sus flores. Otras sin embargo han sido y son peligrosas por sus venenos. Todo ello junto ha dado origen a mitos y leyendas donde las flores aparecen como espíritus benéficos o maléficos, en forma de elfos, demonios, hadas, ninfas o brujas.

También con las flores nos hemos podido comunicar porque cada flor tiene un lenguaje propio y con cada una de ellas podemos transmitir un mensaje diferente. Desde la antigüedad, las flores han sido una vía para dar a conocer y transmitir de generación en generación y de cultura en cultura, pasando por el Antiguo Egipto, la Edad Media, el Renacimiento, hasta llegar al Romanticismo, época en la que tuvo su máximo apogeo. Se cree que comenzó en Constantinopla sobre el año 1600 y se introdujo en el mundo occidental en 1716 cuando María Wortley Montagu, que había vivido en Constantinopla, llevó el lenguaje de las flores a Inglaterra. No tardó en despertarse el interés por el significado de las flores. Esta pasión se propagó a Francia donde se escribió “Le langage des Fleurs”, considerado bastante atrevido. El lenguaje de las flores, a veces llamado floriografía fue un medio de comunicación en la época victoriana, en donde variadas flores y arreglos florales se usaban para enviar mensajes codificados que servían para expresar sentimientos de los que no se podía hablar.

El origen de muchas leyendas de las flores lo encontramos en la mitología clásica (entiéndase greco-latina). Empecemos por el laurel. Esta planta tiene el significado de gloria, de victoria. El protagonista es el dios Apolo. Eros para castigar su orgullo inspiró en Apolo una ardiente pasión por la ninfa Dafne, pero ella no le correspondió y, al huir, rogó a su padre ayuda, siendo transformada en el árbol del laurel. Apolo para estar siempre con ella decidió que el laurel se le consagrara. Desde entonces es su símbolo y se corona con laurel a los vencedores, artistas y poetas. Un magnífico ejemplo de la transformación de Dafne, lo tenemos en el grupo escultórico de Bernini "Apolo y Dafne".


Apolo y Dafne de Gian Lorenzo Bernini

Las andanzas amorosas de Apolo también dieron origen a la flor de jacinto. Hiacinto era un hermoso príncipe espartano que se ganó el amor de Apolo. Un día que estaban practicando lanzamiento de disco, un mal tiro del dios le acertó en la sien hiriéndole de muerte. Ante la imposibilidad de curarle y no poder devolverle la vida, lo transformó en la flor llamada jacinto. Por eso es la flor que representa al afecto.

La leyenda del narciso es otra historia de amores desgraciados. Narciso era un joven pastor insensible al amor de las ninfas que rechazó incluso a la encantadora Eco. Al no ser sus sentimientos correspondidos, la ninfa cayó en una melancólica desesperación y consumida de pena, su cuerpo fue reduciéndose y marchitándose, hasta que no le quedó más que la voz que sólo repetía las palabras de su amado. Aquí tenemos el origen mítico del fenómeno natural del eco. Eros, dios del amor, castigó a Narciso haciendo que se enamorara de su propia imagen reflejada en las aguas. Como el objeto de su amor era inalcanzable, se consumió de pena como la ninfa Eco. Las ninfas encontraron en lugar de su cuerpo una hermosa flor a la que pusieron su nombre. Por el duro corazón de Narciso, esta flor es la representación del egoísmo y la vanidad, la belleza sin corazón. En las márgenes de las acequias de nuestra marjales crecen “nadaletes” ( de Nadal -Navidad-, porque suelen crecer por esas fechas ) en estado, digamos, salvaje. Son como las hermanas pequeñas de los narcisos y dan alegría al paisaje y lo inundan de un suave perfume.


Eco y Narciso de Nicolas Poussin

La leyenda de la amapola también está relacionada con el mundo clásico. Demeter, diosa de la tierra y de la fertilidad, se la asocia con los cereales, lugar donde crece la amapola. Su hija Perséfone estaba recogiendo amapolas cuando fue raptada por Hades, dios de los Infiernos. Demeter ignoraba el destino de su hija, como esposa de Hades, y se dedicó a recorrer el mundo para buscarla y prohibió a la tierra que produjera frutos hasta que no la encontrara. Zeus, padre de los dioses, tuvo que intervenir y ordenó que Perséfone pasara seis meses al año con Hades y seis meses en la tierra con su madre. Por eso la tierra duerme durante la ausencia de Perséfone y despierta a su regreso. Así pues la amapola es el símbolo de la fertilidad, pues crece en lo trigales, del sueño, al ser pariente de la adormidera y de la resurrección por la alternancia de Perséfone en los infiernos y su vuelta a la tierra.

Hay dos flores muy relacionadas con la realeza: el fuerte y áspero cardo y el delicado y brillante iris. Cuenta la leyenda que en tiempos del rey Malcolm I de Escocia, en el siglo X, los normandos se acercaron a los combatientes escoceses aprovechando la oscuridad y sorprenderles. Uno de los intrusos pisó un cardo y gritó de dolor. Los escoceses despertaron, cogieron las armas y ganaron a los atacantes. Desde entonces el cardo es el emblema nacional de Escocia, muy apropiado para aquellas ásperas tierras.

El sencillo iris amarillo o lirio de agua es el emblema de las casas reales de Francia y es su símbolo nacional. En el siglo VI, Clodoveo, rey de los francos, fue acorralado por los godos frente al río Rin que les cortaba el paso. Clodoveo observó unas flores amarillas que surgían del agua, lo que le llevó a deducir que el agua allí no podía ser muy profunda. Gracias a ello Clodoveo y su ejército pudieron cruzar el río y vencer al enemigo. Desde ese momento, el rey adoptó la flor como emblema propio. Fue su descendiente Luis VII quien le dio el nombre de flor de lis.

Los iris nos comunican confianza, tal vez con la idea asociada de la antigüedad de que la diosa Iris era la mensajera de los dioses y sobre todo con el iris azul que nos trae noticias placenteras. Era el puente benigno de las relaciones entre el favor de los dioses hacia una humanidad siempre necesitada de alegrías. Para facilitar los cosas, Iris fue transformada en el hermoso arco iris que surge cuando cesa la lluvia y sale el sol.

Una variante del iris, el lirio blanco, la azucena, está muy presente en la simbología e iconografía cristiana. El lirio es el símbolo de la virginidad de María y en la tradición cristiana en general, es símbolo de la pureza, del amor virginal. Suele ir unido a la Anunciación de María, en un jarro ornamental o bien entregado por el ángel. Así pues con la azucena representamos la pureza y perfección, la paz, la divinidad y la inocencia.

Enlazando con la simbología cristiana de la azucena, os presento a la rosa. De la rosa hay tanto que lo que yo os cuente será sólo un pequeño ejemplo de sus leyendas y de su simbología. La reina de las flores es conocida y cultivada de antiguo por su belleza y su fragancia. Tenemos imágenes de la rosa en la cultura cretense. La isla de Rodas en Grecia recibió su nombre por el cultivo de rosas y ya se cultivaban también en los jardines de Babilonia. Fue muy popular entre griegos y romanos. Muy apreciada en la cultura musulmana por su suave perfume que dio lugar al agua de rosas.

El origen mitológico de las rosas rojas lo tenemos en la diosa Afrodita. La diosa del amor es avisada de que su amado Adonis ha sido atacado por un jabalí, corre angustiada a socorrerlo pero se hiere con las espinas del rosal. De su sangre brotan las rosas rojas. Otra versión nos cuenta que las rosas eran blancas y que enrojecen de vergüenza al herir a la diosa. De hecho todos los rosales silvestres tienen las rosas rojas. Las rosas son el símbolo del amor y de la belleza. Era sagrada para numerosas diosas de la antigüedad y llega como símbolo de la Virgen María. Es el símbolo de la virtud, de la confianza, de la virginidad, al tiempo que lo es del misterio y del pecado. De gran variedad de colores, cada rosa de un color simboliza un sentimiento: la rosa roja, amor; de color rosa, gracia; de color rosa suave, admiración y simpatía; de color blanco, pureza e inocencia; de color amarillo, amor que termina.


El despertar de Adonis de John William Waterhouse

En claro contraste con la pureza del lirio o la belleza de la rosa, tenemos a la terrible mandrágora. Numerosos tratados antiguos y medievales, nos advierten de su maldad y horror. El mito de las fuerzas mágicas de la raíz de la mandrágora, nos llegan de oriente. Una planta llena de encantamientos y supersticiones que tan pronto daba fertilidad a las mujeres o un sueño reparador como llevaba a la locura a quien la recogía si la arrancaba sin las necesarias precauciones y con un estricto ritual. Procedente del semen de un ahorcado tenía forma humana y al ser arrancada gritaba y gemía. Se la relaciona con el diablo (manzana de Satán) y los brujos disponían de este talismán para hacer daño al enemigo o procurarse riquezas o si llamaban a un demonio, éste acudía. Con todo este historial está claro que simboliza el horror, el peligro.

Una de las flores más conocidas y populares en España es el clavel. Junto con la rosa es una de las favoritas. Tiene una gran variedad de tonalidades y su aroma es muy sutil siendo el más popular el clásico clavel rojo, el clavel “reventón” que expresa el amor y admiración que sentimos por la persona amada. España y, más concretamente, Andalucía, es la mayor productora y exportadora de claveles. Hace años era frecuente ver en ventanas y balcones hermosos claveles rojos y la verdad es que son menos frecuentes a pesar de su cómodo cultivo. Nuevas especies exóticas han ido arrinconando a nuestro clavel reventón.

En la tradición cristiana también el clavel está asociado a la Virgen María: las lágrimas que vertió al ver a su hijo clavado en la cruz, se convirtieron en claveles. Es un elemento tradicional en la historia de los espías pues entre sus apretados pétalos se pueden esconder notas. Como durante la Revolución Francesa: el caballero Rougeville logró visitar a María Antonieta en la cárcel y dejó caer un clavel que llevaba escondido en sus pétalos un plan de rescate... fracasó.

Estos y otros de estos mitos y leyendas los podréis encontrar en un encantador librito llamado “Leyendas y mitos de las flores”, en Ediciones Elfos, Colección Miniaturas Selectas (Barcelona, 1984) de Rita Schnitzer e ilustrado por Marina Bendala (varias de sus ilustraciones son las que podéis ver a lo largo de este post). Las leyendas y explicaciones que nos dan de las flores son muy interesantes y curiosas y sus ilustraciones son preciosas, delicadas y sugerentes. Es un pequeño tesoro que vale la pena tenerlo en casa.

Bueno, sólo desearos una buena primavera y ahora que conocemos algo más de las flores, que ellas os alegren los días. A pesar de que digan que los diamantes son los mejores amigos de las chicas, un hermoso ramo de flores siempre nos gusta y alegra y si queréis enviarme uno, adelante, lo aceptaré con mucho gusto. Saludos y hasta pronto.

4 comentarios:

adela dijo...

¡Precioso! Muchas gracias, ha sido un placer. Además he podido saber la editorial de la pequeña maravilla que es Leyendas y mitos de las flores, libro que tuve de pequeña y del que jamás me he olvidado. ¡Doblemente agradecida, pues!

Pepa Casino dijo...

Gracias a tí, Adela. Desde luego este librito es precioso y además toda la colección Elfos es de lo más entrañable. Me alegro que te haya llevado a buenos tiempos. Hasta otra.

soledad minio pinochet dijo...

Me gusto mucho lo escrito acerca de las flores
En Chile, mi país la flor nacional es el Copihue que crece principalmente en la novena región.
Antiguamente en los salones de medio pelo ( clase media ) se uso mucho un lenguaje de las flores. Si un varón regalaba una flor roja a una dama era porque sentía por ella un amor apasionado , las flores amarillas significaban desprecio, no obstante para celebrar Año Nuevo se colocan flores amarillas porque traerán felicidad.
Atte
Soledad Minio
Chile

Pepa Casino dijo...

Muy bonito detalle celebrar el Año Nuevo con flores amarillas, no conocía esta costumbre de Chile. ¡Buen Año Nuevo!