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martes, junio 24, 2008

CAFÉ BUDAPEST de Alfonso Zapico

Si hay algo que aún esperamos de un cómic, a estas alturas de nuestra vida, es que tenga una cierta capacidad para asombrarnos. Y de eso tiene y mucho, sin duda alguna, una de las novedades que la Editorial Astiberri, dentro de la Colección Sillón Orejero, ha publicado en este mes de junio: Café Budapest, la primera novela gráfica de Alfonso Zapico publicada en castellano.

No es ésta su primera incursión en el mundo del cómic. Es el autor de La guerre du Professeur Bertenev, ambientada en la Guerra de Crimea, publicada en Francia por Ediciones Paquet, dentro de la Colección Blandice, en septiembre de 2006 y galardonada en 2007 con el Prix BD Romanesque en el FestiBD Vile de Moulins, y ha participado en el álbum colectivo “Un jour de mai”, con guión de Régis Hautière, publicado en 2007 por la misma editorial.

Café Budapest, es una de esas narraciones que conmueven y provocan en el lector sensaciones contradictorias. En la portada, el protagonista: la fachada de un edificio, con la puerta abierta, consonantes hebreas en los cristales de las ventanas de la planta baja y un violinista en el balcón, nos da la bienvenida. Porque en la historia con visos de realidad que nos cuenta Zapico todo gira alrededor de este café cercano a la ciudad vieja de Jerusalén, regentado por una familia judía oriunda de Hungría.

Su propietario, Yosef Nâgy, cuyo pasado anarcosindicalista le valió el sobrenombre de León de Budapest, llegó al Mandato Británico de Palestina con su esposa Karola allá por 1935, en una de las aliyá que conducían masivamente a los judíos de la diáspora a la tierra prometida a la que tanto anhelaban regresar (incluso los que, como él, no creían en Dios), huyendo de un gobierno antisemita. Su hermana, Sherintza, y su sobrino, Yechezkel Damjanich, al que todos llaman Chaskel, acaban de llegar a Jerusalén aceptando la invitación de Yosef, a quien no han visto desde hace doce años. Y es que en el año 1947, finalizada la Segunda Guerra Mundial y habiendo entrado en la órbita comunista, Hungría no era precisamente el lugar ideal para que un joven y virtuoso violinista judío y su madre, una viuda superviviente del campo de Auschwitz-Birkenau, pudieran empezar de nuevo, olvidando el sufrimiento vivido durante la guerra y la muerte del padre, Gavrel, en el campo de exterminio.

El café es frecuentado por musulmanes, judíos, miembros de la Commonwealth. Muchos de ellos ocupan las habitaciones de alquiler situadas en el piso superior del edificio: el irascible señor Omar y el desdentado señor Najib; el señor Benjamin Waldstein, redactor jefe del Palestine Gazzette; los Rosenfeld y su nieta Anna; el historiador de arte Danny Chapel y el capitán Heinz, sin olvidar al sargento Scholes, que no venía por la cerveza, sino buscando a su amada Zapora. Sentados juntos a la mesa discuten, como suele ser habitual en las familias bien avenidas, sobre el destino de la ciudad en la que viven, pero, a pesar de sus opiniones contrarias, la “sangre” nunca llega al río. No hay nada que el amor, la música, una partida de cartas, un café o una buena cerveza no puedan remediar, al menos en la ficción creada por Alfonso Zapico.

Y pasan los días y mientras su madre llora la ausencia de su marido y, prematuramente envejecida, se deja morir de tristeza, Chaskel ayuda a su tío en el café, se enamora de Yaiza Jatib, la joven árabe que trae la fruta en el viejo camión inglés propiedad de su padre y da rienda suelta a su pasión por la música, tocando el violín en cualquier momento y lugar (trasladándose incluso a Katamon para interpretar a Mozart con el doctor Hassan), y envolviéndonos a todos, como a él mismo, con hermosas y enternecedoras imágenes de tristes sonidos, aunque sean del Hava Nagila.

Pero fuera de las paredes del café existe un mundo real. El autor ha imaginado que la trama se desarrolla en un momento histórico concreto: el de la creación del Estado de Israel y sus consecuencias inmediatas, haciendo hincapié en las reacciones de árabes y judíos tras conocerse la noticia de que la Asamblea de las Naciones Unidas había votado a favor del “reparto” de Palestina y que desencadenaron un conflicto bélico que continúa vigente hasta nuestros días.

De pronto, el tono apacible desaparece y la historia se precipita. La vida de los protagonistas transcurre paralelamente a sucesos ocurridos realmente y que Alfonso Zapico introduce en la narración para darle mayor verosimilitud: las celebraciones judías dieron paso al malestar entre los árabes, “los vecinos de toda la vida continuaron sonriéndose, hasta que se retiraron el saludo”; había calles que no se podían pisar, hogares que no se podían visitar y amores que no podían ser; los amigos dejaron de serlo; los que estaban en contra del reparto, miraban incrédulos el fin de la Jerusalén conocida hasta entonces, la ciudad santa en la que “todas las religiones convivían en singular armonía”. A los ataques árabes siguieron las represalias de los terroristas judíos del Irgún o de los guerrilleros hebreos de la Haganah, y a la inversa. Y ya nada volvió a ser como antes.

La lectura de un cómic, como la de un libro, no debería terminar en sí misma, debería motivarnos para conocer más sobre lo que se nos cuenta. Cuando una, recién salida de la inopia a la que irremediablemente nos aboca la adolescencia, descubre el holocausto y, picada por la curiosidad, llega, rascando en un sustrato que desconoce, hasta el conflicto árabe-israelí con cuyas guerras ha ido creciendo, agradece que, de tanto en tanto, un autor de cómics se decante por la temática histórica y nos permita considerar sus tebeos desde un punto de vista didáctico, aunque no sea ésta su finalidad última.

Como ya hizo en su primer trabajo, para contarnos Café Budapest, este joven ilustrador de libros de literatura infantil y juvenil, colaborador del periódico La Nueva España y dibujante de historietas en revistas juveniles y digitales de Asturias, se ha documentado profusamente sobre los hechos acaecidos y la recreación de los ambientes de las dos ciudades protagonistas, siendo capaz de plasmar, junto a la terrible visión de los atentados y las escenas de guerra, uno de los momentos más emotivos y sobrecogedores de esta novela gráfica: aquel en que Sherintza, la madre de Chaskel, relata ante sus familiares la dramática experiencia vivida en el campo de Birkenau, al que fue deportada junto a su marido, y de la que no había sido capaz de hablar hasta ese momento.

No es la primera vez que Zapico utiliza la narrativa gráfica para retratar la angustiosa y terrible realidad de lo que significó el holocausto y lo que supuso para los supervivientes, para mostrarla a los que todavía no la conocen. De hecho, es el autor del cómic “Holocausto”, elaborado por el Grupo “Zivia Lubetkin” de Educación sobre la Shoá y patrocinado por la Agencia Asturiana de Cooperación al Desarrollo, que el pasado mes de enero, dentro de los actos programados para conmemorar el día del holocausto, fue distribuido en los centros de enseñanza de Asturias para difundir entre los estudiantes de ESO y Bachiller el conocimiento de lo que fue y conllevó la Shoá.

Pero no todo son dramas en esta historia. Entre las viñetas en blanco y negro -con un dibujo lleno de tópicos, estereotipos caricaturizados y descripciones pormenorizadas de los espacios, que refleja las influencias asimiladas en sus lecturas de cómic franco-belga, de la nouvelle bd o de autores españoles como Luis Durán o Paco Roca, según nos cuenta Javier Cuervo en el prólogo- encontramos no pocos guiños del autor, ese tipo de detalles que nos hacen esbozar una sonrisa (los primeros versos de la Canción del pirata de José de Espronceda en el subtítulo de la noticia en el periódico húngaro, los gatos que asisten a las clases prácticas de besos que imparte Yaiza a un tímido Chaskel...) y los que el autor destina, exclusivamente, a unos pocos “iniciados” y que se resuelven visitando “Zapiburgo”, la ciudad que él mismo ha creado.

Esperemos que su próximo trabajo, una novela gráfica sobre James Joyce en la que está trabajando, según manifestó él mismo en la entrevista de Astiberri, siga por estos mismos derroteros. De seguir así, seguro que este joven autor, prácticamente desconocido hasta hace poco, dejará pronto de serlo.

miércoles, junio 18, 2008

CRÍTICA: VOLUNTEER de Muriel Sevestre & Benoît Springer

Ésta es la típica historia sobre vampiros y al mismo tiempo no lo es.
Ésta es la típica historia sobre relaciones entre personas y al mismo tiempo no lo es.
Ésta es la típica historia BD y al mismo tiempo no lo es.
Esto es Volunteer de Sevestre / Springer, y es un compendio logrado de las tres.

Decir lo que acabo de comentar creo que no es para nada gratuito. Lo he dicho porque este relato bebe de de estas tres características y sus opuestas, mezclándolas, para crear un cóctel atípico, una narración distinta que la hace formal y conceptualmente diferente.

Volunteer Flee, que da título a la obra, es una mujer que ha perdido la memoria, ha perdido sus lazos familiares y de amistad. No sabe quién es verdaderamente y tratará de descubrir de dónde viene y, sobre todo, a donde realmente va, a raíz de unos acontecimientos donde se ven mezclados el odio y el amor entre seres de diferentes mundos y de distinta condición, y en toda esta encrucijada de caminos se encuentra Volunteer, en medio de una ancestral batalla donde el dominio de unos está a la espera de someter o destruir a los otros.

La historia gira entorno a los vampiros, de estos y sus víctimas, los humanos. Aparecen los típicos componentes de cualquier historia sobre los chupasangres, acaeciendo la historia en época actual. Vemos a los humanos huyendo y defendiéndose de estos seres fantásticos que sólo desean una cosa de sus presas, beber su sangre, incluso convertirles en sus acólitos. Por lo tanto, podríamos decir que es la típica historia vista cientos y cientos de veces en el cine o leída en innumerables novelas o cómics.

Y, cómo no, están los cazavampiros de siempre, que con toda una serie de artilugios y artimañas tradicionales como son crucifijos y estacas, y la imposibilidad de poder estar los vampiros expuestos a la luz del sol (unos métodos ya clásicos conocidos por todos que parecen que no saben evolucionar), existen con la única misión de acabar y exterminar a estos seres del averno. E, incluso, está el típico vampirich que mantiene una lucha interior constante por decantarse hacia un lado u otro de su condición, la de ser medio humano, medio vampiro. La eterna lucha del bien y del mal, o la lucha de saber aceptar lo que uno es y no lo que uno querría ser y nunca podrá alcanzar.

Pero es una historia atípica de vampiros porque, aparte de desarrollarse en nuestros días, más parece la típica historia de las relaciones entre personas, las historias más cotidianas y del día a día, en cualquier ciudad (en este caso la gran urbe cosmopolita que es Nueva York), donde se introduce una historia de vampiros que convierte una historia más de estos seres en una historia de ficción para nada, de todas formas, convencional. Saber como reaccionan las personas cuando son perseguidas, cuando buscan su identidad, cuando el poder intenta arrebatártelo todo, cuando tus peores pesadillas afloran y tienes que decidir si huir o hacerles frente, cuando el amor imposible llama a tu puerta... toda una serie de situaciones que son perfectamente creíbles aderezadas todas con una historia fantástica, de unos seres del “más allá” de los que siempre dudaremos si viven entre nosotros y existen de verdad o no ocultos en las sombras. En resumen, una historia de sufrimientos muy "humanos".

Y añadimos este regusto de cómic mainstream típico estadounidense pero de tratamiento BD, como si de una colección típicamente Vertigo se tratara, donde se encuadraría sin ningún problema porque, aparte de ocurrir en una gran ciudad norteamericana, y por ser Vertigo un buen sello receptor de un buen número de autores europeos, tiene un aire más anglosajón que francobelga, por lo que hace que sea más, como ya hemos dicho, un producto Vertigo, sello caracterizado por este tratamiento de temas fantásticos con un lenguaje muy personal y sin contar con los “pijameros” de turno, sino intentando siempre contarnos historias reales e interiores con un toque fantástico o de temática negra.

Sevestre conforma una historia que te engancha en todo momento, sabiendo utilizar los recursos clásicos de la narrativa, con el uso del flashback, con un tempo apropiado, para llegar a un final factible pero a la vez inesperado por todos.

Todo ello con un dibujo magnífico de Springer, de trazo fino y suave, pero apoyándose perfectamente en unos tonos oscuros y unos colores fríos para producir una ambientación perfecta para la historia que se nos ofrece, con un contexto y unos escenarios perfectamente logrados para dar veracidad a esta historia, una historia que podría ocurrir en una ciudad cualquiera, que tiene un importante componente fantástico de terror, por lo que mezclando realismo y fantasía, el dibujo de Springer aporta ambas cosas, dibujo realista moldeado para dar autenticidad a una historia de fantasía urbana.

Volunteer fue publicada en su momento en Francia por Editions Delcourt en tres tomos, recopilados ahora por Planeta DeAgostini en un bonito volumen en tapa dura en tamaño comic-book, continuando con la línea de integrales BD que la editorial puso en su momento en marcha, se ve que con éxito, a tenor de los nuevos títulos aprecidos y los que tienen aún que llegar.

Por lo tanto, quien se plantee comprarla pero dude al no poder hojearla (la manía que ahora se ha impuesto de plastificar diversas ediciones por parte de Planeta que te impiden ojear en su interior), y no se decide por la amplia oferta de títulos que hay en el mercado, espero que la lectura de esta reseña os ayude a darle una oportunidad a esta obra a un precio verdaderamente interesante para los sufridos bolsillos del aficionado.

Un saludo cordial.

miércoles, junio 11, 2008

EL MUNDO DE LOS CLÁSICOS DISNEY EN “EL MUNDO”: UNA “RE-LECTURA” NOSTÁLGICA

Estamos comprobando que, poco a poco, el mundo Disney, con sus clásicos (y no tan clásicos) personajes, conocidos por todos y que tantos buenos momentos nos han hecho pasar desde siempre, están otra vez entre nosotros, que a paso lento pero seguro se están introduciendo de nuevo en nuestra cultura y en nuestras vidas y están posibilitando nuevamente que las nuevas generaciones tengan otro medio, y yo diría fundamental, para que de una manera fácil, divertida y amena, aprendan y descubran las cosas que les rodean y les posibilite bucear en conceptos y hechos de su pasado más reciente e, incluso, de su pasado más lejano.

Algunos periódicos en su momento ya nos obsequiaron con algún número recopilatorio suelto en otros coleccionables homenajeando a los personajes iconos y más representativos de la factoria Disney, como pueden ser el Ratón Mickey, el Pato Donald o Goofy, de la mano de algunos de los dibujantes más importantes que surgieron de esta fábrica de los sueños (Floyd Gottfredson, Carl Barks, Romano Scarpa, G. B. Carpi, Massimo de Vita, Giorgio Cavazzano...) Ahora se empieza a publicar por parte del periódico El Mundo lo que podemos definir como una representación y adaptación muy sui generis de los Clásicos de la Literatura Universal, otra vez de la mano de grandes dibujantes italianos de todos los tiempos, que fue la cantera más importante después de la norteamericana donde surgieron también míticos dibujantes Disney como lo fueron, y que algunos se mencionan más arriba, los Scarpa, De Vita, Carpi, Marini, Scala, Martina, junto a autores de todo el mundo salidos de multitud de agencias que trabajaron para la Disney de Italia como para la Disney de otros países, y que ahora gracias a esta colección de 40 volúmenes, conformados cada uno de ellos por +/- 3 historietas autoconclusivas, podemos leer de nuevo, para disfrute de pequeños y no tan pequeños.

Tenemos que reconocer, no obstante, que los que disfrutamos como "niños" en su momento, hace ya más de 25 años, de la publicación en nuestro país del Don Miki (podéis leer el artículo que hice en este blog recordando esa época pinchando aquí), “lamentablemente” ya no somos tan “niños” y ya no vemos la vida de la misma manera, teniendo otras obligaciones que, inoxerablemente, nos acaparan el tiempo con nuevas responsabilidades y nuevos enfoques de ver la vida día a día.

Pero, en fin, es ley de vida y por lo menos, ahora, parece que vuelven por sus fueros, poco a poco, este tipo de publicaciones por parte de Planeta de editar y reeditar nuevas historias que, aún, hoy en día, se están publicando en Italia en la ya mítica revista Topolino (y demás publicaciones), y recuperar grandes clásicos que en su momento nos hicieron disfrutar como, insisto, “niños” (como puede ser la recuperación de sagas como la de La Dinastía de los Patos) o nuevas recopilaciones de material homenajeando a grandes autores clásicos de Disney como son Gottfredson o Barks... mucho material bueno que está aún por llegar.

Mientras tanto, con estos tomitos que nos está publicando el periódico El Mundo semanalmente, hasta un número de 40 volúmenes (que recogen el material recopilado en Italia hace unos años ya en el Corriere della Sera), son un buen aperitivo (junto al material que ya está publicando Planeta) para ir abriendo boca. En este coleccionable se recogen una serie de historietas clásicas, como puede ser Donald y los Tres Mosqueteros, publicada en la revista Topolino en 1957 con guión de Guido Martina y lápices de Pier Lorenzo De Vita, y que aquí se publicó por primera vez en 1973 por la Ed. Ersa en la revista Jaja I), y que formaba parte del primer volumen del coleccionable de El Mundo, pasando por una historia en cuatro partes, Donald en la Historia de Marco Polo, llamada El Millón, publicada en la revista Topolino en 1982 en cuatro partes también, con guiones de Martina y Scarpa y dibujos de este último y que aquí se serializó en los números 480 al 483 de la revista Don Miki, en 1985, publicándose ahora en el tercer volumen del coleccionable de El Mundo, o llegando a historias más recientes como Tío Gilito y los Capitanes Intrépidos, publicado en Topolino en 1996 con guión y lápices de Guido Scala, y publicada aquí por primera vez, o incluso una historia, Donald y la Máscara de Hierro (Topolino, 1957), con guiones de Frank Gordon Payne e ilustraciones de estudio catalán de Francesc Bargadà (publicada ya aquí en 1987 en la revista Don Miki nº 562), y, como no, la última historia del cuarto volumen del coleccionable, donde aparece una historia de Carl Barks, Donald y los caballeros de los trineos voladores, publicada en el año 1960 en Walt Disney's Comics and Stories 233, y que aquí disfrutamos por primera vez.

Un montón de buenas historias que, aunque para nosotros los “adultos” ya están un poco superadas, con guiones y diálogos enfocados claramente a un público infantil, no impiden que tengamos unos momentos de nostalgia recordando viejos (y añorados) tiempos.

Estas historias contienen el mundo Disney al que estábamos habituados en un tipo de revistas publicadas en Europa desde mitad del siglo XX en formato “tebeo de bolsillo”. En ellas continuamos recordando la misma forma de narrarnos, en este caso, las adaptaciones de los Grandes Clásicos de la Literatura Universal, de una manera muy, muy libre, pero que, para el lector al que va dirigido este producto, logra un gran efecto en él, porque a la vez que se divierte y pasa un buen rato, ejercita la mente con la lectura, una lectura de un nivel acorde a la franja de edad a la que va dirigida (de 5 a 10 años), aprendiendo conceptos nuevos y algo de cultura e historia, que con la capacidad receptiva que tiene un niño de ese arco de edad, que son como esponjas, le servirá más adelante cuando intente razonar y comprender los hechos a una edad adolescente, donde el aprendizaje latente del que no se tiene consciencia de él a priori deja paso al aprendizaje cognitivo a posteriori.

Como es habitual en este tipo de historietas, aparecen todos y cada uno de los personajes principales que conforman el imaginario Disney, aunque en estos primeros tomos aparece más la “familia” de los ánades que la de los ratones (ya tienen una historia propia Mickey y compañía (Minnie, Goofy, Clarabella...) a partir del cuarto tomo con Mickey en El Correo del Zar. Por lo tanto vemos a Donald, sus sobrinos, el Tío Gilito, Daisy, Narciso Bello, la Abuela Pato, Patoso, Rockerduck... junto a otros clásicos como los Golfos Apandadores, Ungenio Tarconi, Pete Patapalo... O sea, como siempre, lo mejor de la factoria Disney, los clásicos personajes de siempre, caracterizados y mimetizados para la ocasión en personajes literarios, siempre desde una óptica muy particular de mostrarnos estas adaptaciones literarias o, en otros caso, de la propia Historia, utilizando mucho el recurso de la ucronía, mezclando tiempo pasado, presente y futuro, ya que aparte de introducir datos ficticios aparecen objetos y artilugios que son más bien de épocas futuras respecto al contexto de las historias narradas, que no pertenecen a toda esta forma de mostrarnos los hechos a la Historia propiamente dicha pero que ayudan a dar ese toque fantástico y particular característico de toda la tradición de las historietas cortas o serializadas protagonizadas por Mickey, Donald and Co.

Por tanto, al irresistible precio de 2 € (+ periódico), y aunque la edición no sea la mejor posible, vale la pena hacerse con este coleccionable de 40 volúmenes, con tres historietas/aventuras como mínimo en cada tomito, que hará disfrutar a buen seguro a toda la familia, tanto a los más pequeños como a los mayores, porque, se quiera o no, los personajes Disney forman parte desde siempre de nuestra realidad cultural más arraigada y de nuestro imaginario más profundo. Y, a buen seguro, todo este material se irá completando con las más grandes historietas clásicas de siempre, más la nueva hornada Disney venida de Italia y del resto de Europa, que la Editorial Planeta DeAgostini parece que está dispuesta a ofrecernos a todos los aficionados del mundo de los tebeos.

Fuente consultada: I.N.D.U.C.K.S.

Un saludo cordial.

lunes, junio 09, 2008

SERVITUD # 1: EL CANTAR DE ANOROER de Fabrice David & Eric Bourgier


Servitud. Libro I. El Cantar de Anoroer
Guión: Fabrice David
Dibujo: Eric Bourgier
Norma Editorial
Cartoné, color
14 euros

En esta primera parte de una serie prevista de cinco álbumes encontramos una historia de género fantástico-medieval que bebe directamente de la saga “Canción de hielo y fuego” (Editorial Gigamesh), y “adapta” varias de las ideas o argumentos que han hecho triunfar a George R. R. Martin, como son:

- Un continente dividido en dos: una parte más “civilizada”, con un cierto orden político y social, y otra ignota y misteriosa, de donde parecen venir todos los peligros. La estabilidad es frágil y rápidamente la situación se deteriora por los intereses enfrentados de las casas que dominan las provincias y la falta de poder del rey.

- La sensación de que los peligros crecen, pero que no son sino la antesala del gran desastre que se avecina y que lo peor está a punto de llegar.

- Por el momento, un mundo con poca magia. Existen criaturas fantásticas, pero forman parte de este particular ecosistema.

- El mapa es un protagonista más del relato; no lo vemos sólo en las guardas del cómic, como es lo habitual, sino también en viñetas interiores, resultando de consulta imprescindible para la comprensión de los acontecimientos.

- Muchos de los personajes van a encontrar la muerte.

- Relato con más dosis de oscuridad y dramatismo que de fantasía, lejos del humor blandito que contamina como una plaga muchas de las obras del género.

Aunque estos conceptos los podemos encontrar en otros lugares y, por supuesto, no son propiedad exclusiva de Martin, es mucha coincidencia verlos todos aquí. Por si fuera poco, hay que añadir un incesto entre hermanos. Vale que se quiera recalcar la endogamia de la clase dominante, pero se podría haber ahorrado o tratado de otra forma (entre primos, etc.).

A pesar de todo lo anterior, y digeridas las demasiadas similitudes con la mejor saga de fantasía desde Tolkien, la narración engancha y te lleva a pasar las páginas deseoso de saber qué va a pasar. Se abre la historia de forma bastante pausada (preámbulo al margen) y se mantiene hasta casi la mitad del cómic, con muchos primeros planos de personajes al optar Fabrice David por los diálogos para ponernos en situación.

Vamos viendo básicamente la parte norte del continente, donde todavía quedan vestigios de las enormes obras de los gigantes, de los que pretenden descender los reyes y la nobleza, que son representados con rasgos nórdicos, piel blanca y cabellos claros anudados en largas trenzas con símbolo de su pureza de sangre.

Después de mucho tiempo en calma, el enemigo en el sur vuelve a despertar: los Drekkars, descendientes de la estirpe de los dragones, continúan con la guerra que mantenían los seres alados con los gigantes y ahora con sus vástagos humanos. Poderosos guerreros de pelo negro y tez morena, antítesis física y cromática de sus enemigos del norte, vienen a ser una fusión entre los ninjas japoneses y los invencibles soldados del “Extraño” que vimos en “Libertadores” de Enrique Fernández.

Mediado el álbum, el ritmo cambia bruscamente, dando paso a una acción trepidante, con emboscadas, combates y muerte de personajes que van haciendo que aumente la tensión.

En el apartado gráfico encontramos a Eric Bourgier, un joven autor francés (1975) con poca obra publicada allende los Pirineos: “Live war heroes” (Soleil), un cómic futurista (con guión también de David), con la misma paleta de colores que este “Servitud”, y una colaboración en un álbum colectivo “Paroles de Poilus” (Soleil) sobre la Primera Guerra Mundial.

Encontramos un dibujo realista, de composición clásica, sin escatimar tinta ni dedicación para hacer lo más verídicas posible las figuras y el escenario: toda clase de detalles en muros o fortalezas, con un impresionante tratamiento de la piedra, las vetas de la madera, la textura del cuero en los arreos de las monturas o de los jubones tachonados, y sobre todo espectaculares armaduras de todo tipo, cotas de malla o grebas, con sus pequeñas imperfecciones (roces o abolladuras) producidas por el uso.

Se sirve de gama de colores verdes, marrones y ocres en tonos suaves aplicados de forma directa, destacando los juegos de luces en las habitaciones del castillo real. Personalmente me gusta el resultado, aunque un mayor cromatismo le hubiera permitido destacar la heráldica de las diferentes casas nobles.

Se aprecia un notable esfuerzo en la caracterización de personajes, con un buen estudio de expresiones faciales en los norteños, muchos de ellos con un buscado aire familiar (recordar el tema de la endogamia), y los Drekkars, con máscaras que cubren sus rostros, todas parecidas, pero con algo que las hace diferentes.

Nos hubiese gustado que se prodigara más en mostrar la capital del reino, Garantiel, sobre todo los callejones y las casas, que nos recuerdan a la villa medieval de Montroy en “El último canto de los Malaterre” de François Bourgeon.

Al dominar el “tempo lento” durante la primera mitad, podía parecer que el dibujo pecaba un poco de estático, pero cuando llegan las situaciones de acción Bourgier se desquita y nos regala unos dinámicos momentos de sangre y acero.

Una aventura, pues, de interesante y entretenido guión desarrollada en un mundo fantástico pero coherente, con un espectacular dibujo al que hay que dedicarle un agradable tiempo para no perderse ninguno de los detalles.

El final es un absoluto “continuará” y la espera hasta la próxima entrega será todavía un poco larga, ya que aún no se publicado el siguiente tomo en Francia.

Para aguantar, no es mala idea recurrir a la versión en cómic de uno de los relatos de G. R. R. Martin (incluida en la recopilación “Leyendas” edit. La Factoría de Ideas) “El caballero errante” en tres prestigios de la editorial Devir.

viernes, junio 06, 2008

CORALINE de Neil Gaiman

Una de las mejores cosas que pueden hacerse los días de lluvia es quedarse en casa leyendo un buen libro, uno de esos en los que las cosas que se nos cuentan suceden precisamente porque diluvia y la protagonista no puede salir a explorar por los alrededores, viéndose obligada a permanecer en casa y descubrir que en ella habitan seres terroríficos que la obligan a enfrentarse a sus miedos o a sus deseos, según se mire. Y aun sin quererlo, el sonido de la lluvia y el color gris del cielo en el exterior recrean para nosotros la atmósfera idónea para encontrarnos, de nuevo, con una historia protagonizada por una niña y por una puerta que es mejor no traspasar: Shiori nos había llevado a releer por enésima vez Coraline, el relato sobre los temores de los niños y su capacidad para superarlos que Neil Gaiman empezó para Holly y terminó para Maddy, el que acabó considerando el más raro de sus libros y del que, sin embargo, se sentía más orgulloso.

La portada y las elocuentes ilustraciones interiores, en blanco y negro, de esta joya de la literatura infantil y juvenil, publicada por Ediciones Salamandra, son de Dave Mckean, el mismo dibujante que desde mediados de los años 80 ha trabajado codo a codo con Gaiman y se ha encargado de ilustrar y diseñar muchas de sus obras: Violent Cases, Orquídea Negra, La trágica comedia o cómica tragedia de Mr. Punch, Señal y ruido, El día que cambié a mi padre por dos peces de colores y, sobre todo, las portadas de la serie The Sandman.

Escrito en tercera persona, el narrador nos cuenta, con un lenguaje sencillo acorde con el público al que va dirigido (aunque las ironías, los sinsentidos y los dobles sentidos son más que evidentes en los diálogos), qué le ocurrió a Coraline tras mudarse a su nueva casa. Al llegar, ella y sus padres se encontraron de pronto en una antigua casa de tres plantas, con un gran jardín alrededor, un gato negro un tanto arisco y unos desconcertantes vecinos que se empeñaban en llamarle Caroline. En la primera planta vivían dos antiguas actrices, las señoritas Spink y Forcible, con un montón de terriers escoceses llamados Hamish, Andrew y Jock, mientras que, en la tercera, el excéntrico señor Bobo dedicaba su tiempo a adiestrar ratones de circo.

Las primeras semanas fueron las más interesantes, había tanto por descubrir que la niña pudo desplegar por todas partes sus grandes dotes de exploradora. Pero estaba claro que aquello no podía durar eternamente: las aventuras en el exterior cesaron cuando llegó aquella lluvia implacable que caía a chorros del cielo y con ella el aburrimiento de quedar encerrada en el interior de una casa en la que no había nada que hacer, con unos padres que, aunque trabajaban en casa con sus ordenadores, no podían estar pendientes constantemente de una niña que no sabía qué hacer con su tiempo.

Pero ocurrió que, en uno de los juegos iniciados a instancias de su padre, Coraline encontró una puerta que no podía abrirse. Su madre le contó que por aquella puerta condenada se accedía a un piso vacío que había en el extremo opuesto del edificio y que con anterioridad había formado parte de su propia casa. Al abrir la puerta la primera vez con la llave negra y oxidada, ambas pudieron comprobar que una pared de ladrillos impedía el acceso al piso del otro lado.

Sin embargo, después de que aquella sombra la despertara durante la noche y ella la viera desaparecer tras la puerta, empezaron a ocurrir cosas muy extrañas: soñaba con figuras negras de ojos rojos y afilados dientes que la ponían nerviosa, los ratones de circo del señor Bobo le mandaban mensajes (“No cruces la puerta”, decían) y los posos del té leídos por sus amables vecinas le auguraban tan terribles peligros que a la señorita Spink no le quedó más remedio que regalarle una piedra con un agujero en el centro para que la protegiera frente a las adversidades.

Esta perspectiva, lejos de amedrentarla, le infundió el valor suficiente para que la curiosidad dejara a un lado al miedo. Por eso, en cuanto sus padres la dejaron sola, Coraline cogió la llave negra y abrió de nuevo la puerta. Esta vez los ladrillos habían desaparecido sustituidos por la oscuridad de un pasillo que la invitaba a atravesar el umbral y a penetrar en un mundo paralelo en el que las cosas y los que allí vivían parecían ser los mismos que los que había dejado atrás, aunque no lo eran en absoluto.

Lo terrible no había sido sumirse en la oscuridad en la que algo se movía, sentir el ulular de un viento fantasmal, escuchar murmullos de voces extrañas dentro de su cabeza, notar que el corazón le latía con tanta fuerza que estaba a punto de estallar o saber que existía otra madre, de piel blanca como papel, de cuyas manos surgían unos dedos demasiado largos que no paraban de moverse, acabados en unas uñas curvas y afiladas de color rojo oscuro y cuyos ojos, como los de todos los "humanos" que allí vivían, no eran sino dos grandes botones negros y brillantes. Lo realmente aterrador había sido descubrir que había de jugar con ella a un juego siniestro para recuperar a sus padres y las almas de los otros niños encerrados detrás del espejo.

Y eso que, paradójicamente, y sólo por un momento, Coraline había creído que se había hecho realidad aquello que tanto había deseado: una comida deliciosa, unos juguetes maravillosos, unos padres atentos y cariñosos que le pedían que se quedara con ellos para siempre... pero que a cambio exigían algo que ella no estaba dispuesta a ofrecer.

En ocasiones, lo peor que puede ocurrir es que los deseos se hagan realidad, porque traspasada la puerta ya no hay vuelta atrás. Sólo se puede regresar si se consigue ganar el juego de exploradora propuesto, a sabiendas que la otra madre no tiene intención de dejarnos marchar ni va a mantener su palabra.

Esta novela llena de reminiscencias de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol -hay un gato negro que aparece y desaparece a su antojo (como el Gato de Cheshire); unos vecinos que confunden su nombre (como a Alicia, a quien el Conejo Blanco llamaba Mary Ann); una antigua puerta que abrir con una llave negra (una pequeña puerta que abrir con una llave de oro); las canciones de Coraline (los versos de Alicia); una puerta (un espejo) que atravesar para pasar al otro lado y llegar a un mundo repleto de personajes inquietantes...- no es solo un libro para niños (y para mayores que nunca dejaron de serlo).

"No se ha terminado, ¿no?", dijo Coraline: Los que disfrutamos leyendo la novela, y los que no lo han hecho todavía, podemos ver a nuestra heroína convertida en un personaje de cómic, gracias a la adaptación que P. Craig Russell ha hecho de la obra de Gaiman, y, proximamente, en la protagonista de la película de animación dirigida por Henry Selick (podéis ver dos trailers aquí y aquí) y cuyo estreno está previsto para principios del año 2009.

No hay que ser impacientes, ya queda menos.

martes, junio 03, 2008

CRÍTICA: EL CANTO DE LAS ESTRIGIAS de Éric Corbeyran & Richard Guerineau

Cuando te preparas para ver una película o a leer una obra cuyo plato fuerte son los complots, el espionaje, el Top Secret, la salvaguarda de una nación, los terroristas, las ansias de poder... y un cantidad desmesurada de acción a raudales y muertes por doquier, seguro que nos encontramos ante una más de la temáticas de género negro que más gusta al público/lector y que, con el paso de los años, no pierde su atractivo base aunque sí que sufren un lavado de cara acorde con los tiempos en que transcurren. Son las historias que pertenecen a esa fuente inagotable que es el subgénero de espías o, más bien, donde las Agencias Gubernamentales o no tienen mucho que ver, donde la intriga y el suspense te dejan en vilo continuamente, y donde el desenlace final muchas veces no es el que te habías imaginado devanándote los sesos.

Y con esto nos encontramos en El canto de las Estrigias, de Éric Corbeyran (donde el autor, junto a otros dibujantes, ha creado todo un universo entorno a ellas) a los guiones y Richard Guerineau a los lápices, un cómic basado en estas historias del subgénero de espías, de suspense e intriga. Y si a todo esto le añadimos otros géneros como el thriller o la fantasía en su vertiente, digamos, mitológica, reunimos un “cóctel molotov” de lo más explosivo, variado y atractivo para un lector que bebe de cualquiera de los géneros de aventuras, fantasía, terror, suspense y espionaje.

La historia arranca cuando el Presidente de los EE.UU. visita una base secreta situada en Nuevo México, encargándose el agente Nivek de la seguridad personal del Presidente. Parece ser que es una visita algo más que rutinaria cuando, de repente, intentan atentar contra la vida del Presidente haciendo explotar la base, siendo saboteada tal acción por una misteriosa mujer que es una verdadera arma letal viviente. A todo esto hay que añadir cierta presencia “oscura” que huye aprovechando el humo y el caos provocado por el atentado, ocultándose en las sombras. A partir de aquí empiezan una serie de sucesos y confabulaciones que Nivek y la misteriosa mujer intentarán desentrañar, pudiendo tocar de lleno a las Altas Esferas.

Tengo que reconocer que hacía ya tiempo que una historia como ésta, de género negro, no me había enganchado tanto ni me había obligado de tal manera a tener pegada la nariz en cada una de las 276 páginas de las que consta este tomo, ya que reúne los seis primeros volúmenes de esta serie (Sombras, Trampas, Influjos, Experiencia, Vestigios y Existencias) que en Francia ya va por el volumen 11, publicado por Editions Delcourt, siendo una serie que aún está abierta. Por lo tanto, viendo la calidad de este primer tomo recopilatorio, a buen seguro que la Editorial Planeta DeAgostini continuará su publicación en nuestro país.

Todo es debido a que Corbeyran ha sabido darle el ritmo adecuado a este thriller negro para que mantengamos la intensidad y la curiosidad de hacia donde desembocará la historia, sin añadidos de ningún tipo, a mi parecer con los diálogos justos y necesarios para que la historia no se haga cansina y decaiga, cuando, desde un primer momento, ya se había planteado por parte de los autores que sería una historia de largo recorrido, sin tomos autoconclusivos, si no con un “continuará” en cada uno de sus volúmenes, como si de una verdadera serie de televisión de las que estamos acostumbrados hoy en día se tratara, tipo Perdidos o Héroes, donde si quieres ver como acaba todo tendrás que seguir cada uno de los capítulos de los que consta la serie y que, normalmente, duran varias temporadas, como es el caso que nos ocurre aquí, donde el volumen recopilatorio que hoy tenemos aquí para nada significa que vayamos a tener una historia se acaba en él para que empiece en el siguiente, si no, todo lo contrario, deberemos esperar al segundo volumen para continuar con la trama de la historia que se nos plantea desde un inicio.

Y, para que una cómic de este tipo tenga éxito, debe de contar con un artista a los lápices que haga un buen trabajo, y que es el caso, ya que Richard Guerineau está a la altura del guión, haciendo un trabajo perfecto creando unas localizaciones llenas de detalles, que son una magnífica ayuda donde apoyarse el guionista, porque la meticulosidad con lo que crea a cada uno de los personajes, perfectamente reconocibles y perfectamente asignadas sus cualidades y personalidades en pos de la coherencia de la trama, con unas composiciones de página siguiendo la manera clásica de no salirse de los límites de la viñeta, sin anatomías demasiado grandes de los personajes ocupando totalmente éstas, más bien todo lo contrario, reduciendo el tamaño de los protagonistas para conseguir introducir en cada una de las viñetas todos los detalles que sean posibles, perfectamente en un todo proporcionado, para hacer veraz una historia que, no nos olvidemos, tiene un componente claramente fantástico dentro de una historia de ficción creíble. Aquí vemos claramente de dónde ha bebido el dibujante a la hora de realizar los dibujos para esta historia: de dibujantes de la talla de un William Vance o un Phillippe Franq, en series como XIII o Largo Winch, respectivamente, que, recordemos, son también de temática negra, donde los complots y los asesinatos, a un Alto Nivel o no, también tienen su peso específico. Todo enmarcado dentro de la gran tradición polar de la BD francesa, con un estilo de la línea clara realista predominante, ideal para hacerla adaptable y creíble hoy en día, siendo una historia de ficción pero que perfectamente podría suceder y ser real en el mundo que vivimos, donde el poder económico y político es el que impera y el que maneja los hilos, muchas veces en la sombra.

Hay que reconocer que el trabajo que hace a los colores Isabelle Merlet es mucho más efectivo, clarificador y mucho más limpio a la hora de dar “claridad” a los detalles de los que hablamos, que el trabajo que hace Rubi en el tomo 5 y 6, mucho más oscuro y que desvirtúa a mi parecer el finísimo trazo de Guerineau que en sus composiciones intenta detallarnos al milímetro, de una manera clara y sin detalles superfluos, todo lo intrincado de la trama de Corbeyran.

Por último, haremos un comentario de pasada sobre la nueva línea de publicación BD de la Editorial Planeta DeAgostini. Parece ser que la editorial ha decidido apostar muy fuerte por la publicación de BD franco-belga (se nota la llegada de Carlos M. Miralles a la editorial) y, muestra de ello, son los tres primeros tomos recopilatorios que sacaron durante la celebración del 26è Saló del Còmic de Barcelona (a los que han seguido unos cuantos más). Tomos perfectamente presentados, con tapa dura, buen papel, y a un precio irresistible (20 €, cuando en realidad una edición de este estilo, en tomos separados, tamaño álbum BD, podría costar perfectamente, como mínimo, 60 €). Claro que, para conseguir este precio de venta al público, han tenido que reducir el tamaño del álbum francés a 18 x 24’5 cm., cosa que no dificulta para nada la lectura aunque, sí que es verdad, que hay dibujantes que aguantan mejor que otros la reducción de tamaño y, en este caso en concreto, un tamaño mayor del tomo hubiera redondeado para mejor la jugada, eso sí, seguramente incrementado el precio de venta. Aún así, habituado toda la vida más a la lectura del comic-book norteamericano y no tanto al álbum francés, acepto sin reparos esta edición por parte de Planeta, que te posibilita que hayan títulos en el mercado que de otra forma, seguramente, no tendrías, y que además te posibilita una lectura más continua sin perder el hilo de la trama a la primera de cambio, esperando, a veces, meses y meses para continuar su lectura (cosa que ocurre con las obras BD) y que, viendo lo visto en esta obra, bien merece la pena que se publiquen. Esta avalancha de títulos BD que parece que se avecina, ¿saturará el mercado o posibilitará que la oferta sea mayor a la hora de elegir éste y no otro título? El tiempo, como siempre, nos quitará o dará la razón, tanto al editor como al lector, porque siempre habrá opiniones para todos los gustos por ambas partes, entre y dentro de ellas.

Con todo lo dicho anteriormente, a quien le guste toda una serie de géneros de ficción, y no tenga reparos en mezclarlos en una única obra, creo que El canto de las Estrigias no os defraudará y quedaréis satisfechos con la inversión realizada. Yo, por mi parte, ya estoy esperando a que salga a al venta el segundo volumen, que seguro no tardará en caer.

Un saludo cordial.

jueves, mayo 29, 2008

PINCEL DE ZORRO de Sergio A. Sierra & Meritxell Ribas

Hacía ya tiempo que había oído hablar de Pincel de Zorro, la historia de Sergio A. Sierra ilustrada por Meritxell Ribas, publicada por Ediciones Ondina, pero no fue hasta que acudí a Barcelona, durante el pasado Saló del Còmic, cuando conseguí hacerme con un ejemplar que se volvería conmigo a casa con un montón de extras de regalo (las dedicatorias, los puntos de lectura...).

Un poco tarde, quizás: la obra cuenta ya con una primera edición de diciembre de 2007, agotada, una segunda en castellano, mejorada, y una primera en catalán, con la traducción de Roger Batalla. Había preferido no leer ninguno de los comentarios que sobre el libro circulaban por la red, para no partir de ideas preconcebidas o influenciadas por otras opiniones, aunque con sólo ver la portada y las ilustraciones interiores ya me había convencido de que la historia no iba a defraudarme (estaba segura de que el texto estaría en consonancia y al mismo nivel que aquellos dibujos tan delicados y minuciosos), y la espera hasta conseguir mi preciado “Pinzell” valió la pena.

Uno de mis géneros literarios favoritos desde siempre han sido los cuentos. Esos que te enganchan en cuanto comienzas a leerlos y de pronto te descubres escuchándolos como si alguien te los estuviera narrando en voz alta. Debe ser por ciertas costumbres adquiridas durante la infancia, cuando los padres apenas nos leían los cuentos: nos sentaban alrededor de la mesa camilla y nos contaban (o inventaban, según el caso) historias que nos fascinaban, dando rienda suelta a nuestra imaginación, mientras nos transmitían la tradición oral de las que a ellos les fueron contadas en su día o las que ellos mismos vivieron o crearon para nosotros.

Así que, de manera consciente o no, tiendo a considerar que un buen cuento es aquel que consigo “escuchar” mientras lo estoy leyendo. Y eso fue lo que me ocurrió con Pincel de Zorro, porque tras la falsa apariencia de libro ilustrado para niños una descubre que, evidentemente, no se trata de un cuento para niños -pese al tono infantil utilizado en la narración y ser una niña de seis años, Shiori, la protagonista de esta terrible historia- sino de un cuento para los adultos que adoramos los cuentos.

Ambientada en una época tan mítica para muchos (entre los que me incluyo) como el Japón feudal, la historia de Sergio Sierra nos traslada por un tiempo (como en una ilusión hecha realidad por un kitsune) al día a día de una niña diferente en un mundo en el que personajes humanos conviven con seres fantásticos sacados del folklore japonés, seres que pueden adoptar forma humana y asumir muchos de los valores que los humanos nos atribuimos y que rara vez somos capaces de defender.

Shiori vive con sus padres, Mikako y Kyudayu, en un barrio pobre de la ciudad de Edo. Cada mañana ellos marchan al trabajo dejándola sola y dedicada a su afición favorita: mirar por la ventana, contemplar cómo gentes de toda clase (mercaderes, monjes bonze, nobles señoras en palanquín, compañías de teatro y títeres) pasan por la calle y esconderse cuando llegan los samurais montados a caballo. Cuando vuelven a casa, apenas reparan en su presencia, enfrascados en interminables discusiones y continuos reproches, ocasionados generalmente por las penurias económicas que sufre la familia.

Alejada de los demás niños, su existencia solitaria le ha enseñado a observar lo que ocurre a su alrededor, a manifestar su repulsa ante cualquier acto que denote violencia y a defender determinados valores, diferenciando lo que está bien de lo que está mal, a ser crítica con determinadas actitudes, a avergonzarse del comportamiento de sus padres cuando actúan movidos por la avaricia y el orgullo, a vivir el dolor consciente de la pérdida de un ser querido (su único amigo, un gato llamado Ceniza) y a reconocer la pena en los que la sufren y, en definitiva, a crecer antes de tiempo.

Por eso cuando su padre lleva a casa el pequeño zorro que ha cazado, no puede menos que sorprenderse ante las manifestaciones de alegría de sus padres por la muerte del animal, al que despojaban de su preciosa piel rojo-teja tan suave y comen su carne, asistiendo horrorizada a una acción que a ella le resulta repulsiva y reprobable. Sólo esta niña triste y taciturna será capaz de comprender la pena de la mujer que acude a su casa reclamando para sí el piel del zorro; la única que dará muestras de humanidad pidiéndole perdón por la muerte de Hakumochi y la imperdonable avaricia de sus padres, y la única que por ello recibirá como regalo un pincel hecho con pelo de la cola del pequeño zorro y un frasco de tinta con tres gotas de sangre con los que podrá dibujar y hacer realidad tres deseos. Pero la mujer de los regalos es una kitsune, un zorro, que según el folklore japonés poseen una magia poderosa que les permite hacer realidad cualquier ilusión pero solo durante un período limitado de tiempo. El uso que Shiori hará de los tres deseos que le han sido concedidos provocará no pocos cambios en su existencia, cambios tan evidentes que sorprenderán incluso a sus incrédulos padres, y que desembocarán en un final aún más desconcertante del que cabría esperar y para el que los lectores no estábamos preparados en absoluto.

A pesar de la melancolía del relato y el desasosiego de imaginar qué ocurrió en realidad al finalizar el plazo del tercer deseo concedido por la kitsune (hay umbrales que mejor no traspasar), Pincel de Zorro es una las mejores historias que he leído en mucho tiempo, si bien reconozco que me costó un poco empezar la lectura, admirando como estuve durante un buen rato el trabajo realizado por Meri: ilustraciones preciosistas y llenas de detalles que retratan a la perfección el ambiente en el que se desarrolla la acción (el vestuario, los pequeños objetos cotidianos, el interior de las casas, el mobiliario, ...), reflejos ocasionados por el contraste y los juegos de luces y sombras (los farolillos, esa luna inmensa...), personajes fascinantes y cargados de magia..., que ocupan una página completa o sólo parte de ella, resaltando sobre el resto de fondo negro, pero también los pequeños dibujos que en los márgenes de la página acompañan al texto (enseres domésticos, motivos vegetales - helechos, cañas de bambú, gramíneas, setas, pequeñas flores, vilanos-, kakemonos con caligrafías... ), realizadas con una técnica tan efectista y laboriosa como la del “grattage” (que yo desconocía) y que “consiste en rascar con un bisturí una base de cartón, una capa de yeso y tinta seca”. No sólo las imágenes captaban mi atención; lo hacía también ese tono grisáceo que el rascado ha conferido a las páginas, hasta conseguir tramas y texturas contrapuestas para que parezcan distintas a la vista y al tacto. Sólo me faltó verla realizar sus dedicatorias aquel jueves en la Fnac, para comprobar lo meticulosa y perfeccionista que es esta mujer a la hora de realizar sus dibujos.

Quizás sea porque a veces caminan juntos el gusto por los libros, infantiles o no, ilustrados o no, y los tebeos, y para confirmarme en esta idea, fue todo un acierto decidir que la historia de Shiori sería un buen regalo para alguien que sabía apreciar un buen libro y acercarme al stand de Diábolo a conseguir para Pili una segunda dedicatoria de sus autores. Gracias a ello pude permitirme el lujo de escuchar, mientras Meritxell dibujaba, sus comentarios sobre el libro: cómo Sergio había podido observar en su trabajo que a los lectores de cómics solían gustarles también los libros ilustrados (aunque no necesariamente infantiles), en los que el guión no tenía por qué ser un elemento secundario, dando al libro un valor en sí mismo, así que decidieron arriesgarse en este proyecto, invirtiendo en él el trabajo de varios años hasta que consiguieron que viera la luz. Contaban lo asombrados que estaban del éxito que había tenido una obra tan personal como ésta -la cantidad de gente que había acudido a comprar el libro y a buscar una dedicatoria-, evidentemente había funcionado el boca a boca, pero el trabajo realizado se merece realmente el resultado obtenido. Me explicaron en qué consistía la técnica del rascado y cuando comenté cómo me había gustado aquella edición tan cuidada, Meri se refirió al trabajo compartido con Rebeca Podio en el diseño y la maquetación. Para finalizar, me hablaron de un nuevo proyecto en el que estaban trabajando, totalmente distinto del anterior, en el que una gran editorial había puesto interés (Mondadori, ¿quizás?).

A la vista de lo que ha sido capaz de hacer esta pareja para Ediciones Ondina, podemos estar seguros de que nos aguarda una grata sorpresa. De momento, podemos leerles en el nº 2 de la revista Cthulhu, publicada este mes por Ediciones Diábolo: El Hambre, un Agujero Infinito, de Sergio A. Sierra y Unai Ortiz, y En lo Profundo del Bosque, de Raule y Meritxell Ribas.

miércoles, mayo 28, 2008

CRÓNICA: PRESENTACIÓN DE “EL JARDÍN DE LA OCA” DE TOTI MARTÍNEZ DE LEZEA

El jueves 22 de mayo en la Librería Argot de Castellón asistimos a la presentación de la última novela de Toti Martínez de LezeaEl jardín de la Oca” (Ed. Maeva). Ya de por sí era interesante acudir porque la obra de esta autora me gusta mucho y era la primera vez que venía a Castellón y he tenido el gustazo de conocerla. De entrada os digo que Toti es una fuerza de la naturaleza, dinámica, vitalista, ocurrente, graciosa y con un gran sentido del humor.

Primero firmó unos pocos libros y pasó enseguida a una amena conversación hablando de su vocación y su obra. Mientras se acababa de preparar el escenario y “esto no es la presentación, sólo una toma de contacto”, nos dijo que no necesitaría micrófono porque de joven se dedicó a la natación, ha hecho teatro, sabe impostar la voz y sabe cómo tenernos a todos escuchando. Confiesa que es muy habladora y de niña ya le llamaban la atención en el colegio y que gracias a su padre pudo desarrollar “sus dotes” para estudiar idiomas y educarse de otra manera que la académica.

Y con esta introducción pasa a hablarnos de su obra y de su última novela. De gran vitalidad, Toti no se sienta, nos habla de pie, gesticula, “teatraliza” lo que nos cuenta, nos hace vibrar con su entusiasmo.

Nos cuenta que empieza a escribir a los 49 años (ahora tiene 59 y muy bien llevados) por una apuesta con un amigo a quien, por supuesto, gana. Sería su novela “La herbolera” (Ed. Ttarttalo / Ed. Maeva) que guarda y no edita, de momento. Sigue escribiendo y “La calle de la judería” es rechazada por tres editoriales y por motivos muy distintos. Una, por ser muy gruesa y le piden que recorte, ella no cede. Otra, porque no está en su línea editorial. Y la tercera porque “la novela histórica no vende”. Y aún en la actualidad, nos cuenta, cada vez que se encuentra con el responsable de esta editorial, se ríe y se lo recuerda. Por fin edita “La calle de la judería” (Ed. Ttarttalo / Ed. Maeva) y así hasta 18 novelas más hasta llegar a “El jardín de la Oca”.

¿Por qué escribe novela histórica? Porque le gusta la novela y porque le gusta la Historia. Ella, desde la infancia, lectora precoz, leía cuentos de hadas, de princesas y dragones y tal vez por ello le encanta la Edad Media y el Renacimiento. Empezó a estudiar Historia, pero lo dejó al segundo año porque quería leer y estudiar de lo que más le gustaba, así que empieza a leer y estudiar Historia por su cuenta. Lee muchas novelas de aventuras y a Dumas, entusiasmándole “El conde de Montecristo” y con “Los tres mosqueteros” investiga sobre Luis XII, Richelieu, las relaciones con España. Con ello nos indica, y lo recalca, que la Historia se aprende con ensayos y con buenos historiadores, pero las novelas y las películas abren la curiosidad, el apetito por saber y nos hacen buscar y llegar a las fuentes.

Eso me pasó a mi con “La voz de Lug” (Ed. Maeva), que me llevó a buscar la conquista romana, las guerras astures en la Península.

Toti nos explica que una novela es histórica cuando se conoce una época y en ella situamos una historia y vemos cómo unos hechos reales influyen en nuestros personajes, cómo les afectan personalmente. Crea personajes ficticios para darles mayor posibilidad de movimiento y de actuación. Pero para ello debe conocer cómo vestían, cómo se desplazaban, las rutas que seguían, lo que comían y cómo lo preparaban, dónde se hospedaban, que sueldos recibían, cómo trabajaban: o sea, situarlos en un entorno que no chirríe.

Nos habla en concreto de “La abadesa” (Ed. Maeva) y nos explica que efectivamente el rey Fernando, el Católico fue a jurar los Fueros y conoce a doña Toda, de familia hidalga, y cómo la hace su amante. Existe una relación de amantes de este rey que nos indica que le gustaban jóvenes. Y de ahí imaginamos a doña Toda como una chica joven y agraciada. Como no hay ningún retrato se la puede imaginar uno como quiera. Con esta base real, con unos pocos datos se crea un personaje al que la imaginación completa y se le puede hacer tener una determinada historia. Se estudia la situación de la familia, cómo mejora con la protección del rey. Para situar la Torre de Echevarría consulta mapas y planos, se da un entorno a la villa, se recrea una ciudad y un paisaje. Posteriormente, cuando la reina Isabel va a jurar los Fueros siete años después, doña Toda se envalentona ante ella porque tiene una hija. Se sabe que más tarde la reina se encarga de llevárselas y no se conoce ya nada más de ellas. En este punto surge la novela. Para recrear un entorno y cómo éste influye en sus personajes, Toti visita Madrigal de las Altas Torres, donde se supone que la tal María, hija del rey, fue abadesa, y que se refleja en su novela. Para la novela histórica se debe conocer si hubo peste, sequía, abundancia, revueltas y cómo influye en la vida de los personajes o en sus vecinos o en su familia. Todo esto nos lo explica a partir de “La abadesa” para que entendamos mejor su proceso de escritura.

Y, por supuesto, pasa a hablarnos de su última novela: “El jardín de la Oca”. Ya a mediados del siglo XIII se conoce el juego de la oca y de forma histórica fue López de Mendoza en el siglo XVI quien lo trajo a España desde Italia. Existiendo el ajedrez y el juego de damas, que son competitivos, la oca es un juego bastante soso, de niños, y por eso debe de haber algo más en él. En Egipto antiguo existía un juego que era una serpiente enroscada dividida en casillas y se encontró en Creta un disco con 33 casillas por un lado y 34 por el otro, dispuestas en espiral. Hay distintas explicaciones: tablero de adivinación, por el distinto valor de los números y su situación en el tablero; el Camino de Santiago; un plano de las encomiendas templarias a lo largo del propio Camino, que en realidad sí existen (Puente la Reina, Santo Domingo de la Calzada, Ponferrada); incluso una explicación del Apocalipsis por la numerología. Con toda esta base se pregunta quiénes van a Santiago de Compostela: peregrinos, comerciantes más o menos situados, pobres que son acogidos en los hospitales donde tienen pan y cama y sí van subsistiendo arriba y abajo del Camino, ricos y nobles que se alojan en posadas, mercenarios a sueldo, ladrones y “mangantes”, inmigrantes que huyen de pestes, persecuciones o guerras. Se crean villas o barrios con ciertos privilegios para las gentes que se queden a repoblar la zona, los llamados francos. Se necesitan constructores y artesanos que introducen nuevas ideas y distintas visiones del mundo. Se llega a cierta armonía entre judíos, musulmanes y cristianos, todos se entienden o se soportan, por lo menos. Existen documentadas juderías y morerías a lo largo del Camino y en León una comunidad bastante numerosa de cátaros.

En esta novela el único personaje real es Robert LePetit, inquisidor dominico expulsado de la orden por brutalidad y posteriormente excomulgado. Personaje real que actuó en Francia y cuyo final se desconoce: fue ejecutado, encerrado hasta su muerte o, simplemente, huyó. Toti se aprovecha de la situación creíble y plausible de su huida para hacerlo aparecer en el Camino de Santiago y construir su novela. El Camino es un lugar ideal para pasar desapercibido. Así que reúne a sus personajes en el Camino: el judío de Nájera (con una judería muy importante), que es médico; el herbolario musulmán de Burgos (judería documentada también) que se necesitan mutuamente y llegan a entenderse más por la edad y la experiencia que por otra cosa. Se les une Robert LePetit que ha tomado el tablero de la oca como explicación del Apocalipsis y lo interpreta como que debe venir un segundo mesías. Si el primero aparece en Jerusalén y fue muerto, el segundo no volverá allí. Pero, ¿dónde? Pues en Santiago. Así que Robert decide ir a Santiago a defenderlo y protegerlo, porque en el pórtico de Santiago está plasmado el Apocalipsis. “Y si queréis saber más, leedlo”.

Nos dice que siente una gran satisfacción en leer, estudiar, averiguar y pasar a escribir la novela. No tiene un guión definitivo de escritura, pues muchas veces a lo largo de la escritura sus personajes cambian, evolucionan y por eso la acción puede cambiar. Es enorme el placer de crear personajes, darles vida, una fisonomía, unas acciones, hacerles sentir las cosas, moldear su personalidad. Es una creación tan intensa que una se cree Dios, con poder sobre sus criaturas. Y lo dice con tanto apasionamiento y entusiasmo que nos toca el corazón a todos los presentes. Se le hacen algunas preguntas sobre su próxima obra. Ha escrito un cuento infantil dedicado a su nieta Nur, está escribiendo sobre reyes y su vida sexual y conyugal. Le apetecería mucho escribir sobre amores apasionados y locos, dramáticos y muy intensos pero aún lo tiene en mantillas.

Termina la charla y nos firma ejemplares de sus novelas. Pero no sólo lo firma, sino que nos dedica uno por uno cada libro y todas las dedicatorias son diferentes, sin dejar de charlar, explicando la novela, puntualizando algún detalle, explicando su creación o incluso hablarnos de su familia, todo ello sin cansarse, con muchas ganas y eso que ha hablado casi dos horas. Por cierto, la portada y el juego de la oca son de su hijo.

Y aquí digo que el mundo “friki” no sólo está en la fantasía y los mangas, está en todos lados, porque una señora entusiasta de las novelas de Toti le llevó para firmar toda su obra, unos ¡doce libros! Y otra joven, como le gustó la primera novela que leyó hace unos días para conocer su obra, en una semana los ha comprado todos. Yo no llego a tanto, pero reconozco que me gustan sus novelas, por ser históricas, bien escritas, por sus personajes y porque las sitúa en el País Vasco o Navarra, lugares fantásticos. Y ahora al conocer personalmente a Toti Martínez de Lezea, comprendo mejor su obra, y como me parece una mujer encantadora y estupenda, voy a hacerme “friki” de sus novelas.

Con un par de besos y un “Hasta la próxima” se despidió de todos nosotros con una vitalidad envidiable. Hasta pronto, Toti, y hasta pronto a todos vosotros.

viernes, mayo 23, 2008

LUPUS de Frederik Peeters

Serie de cuatro tomos publicados por la Editorial Astiberri.

Frederik Peeters es uno de los autores europeos más destacables, de entre todos los que han aparecido en los últimos años en la BD. Considerado como ese abanderado que representa a la perfección ese perfil de autor intimista, gracias a la publicación de su excelente Píldoras Azules (2001). Una obra que le sirvió como trampolín de despegue por su indudable calidad y su temática de corte autobiográfico, al tocar un tema tan personal como es la relación que tuvo el propio autor con su novia y su hijo de tres años, ambos seropositivos, y las dificultades que conllevaba todo ello. Al día de hoy, con ya cierta carrera a sus espaldas pese a su juventud, Peeters está demostrando un gran talento para manejarse en muy distintos géneros fuera del autobiográfico.

Por una parte, actualmente está publicándose una serie todavía por finalizar, como es Koma. Una historia cuyo guión corre a cargo de Pierre Wazem, y que toca de una forma dulce y tierna el personaje de una niña llamada Addidas que vive en un mundo de fantasía victoriana, mezclando momentos de lo más cotidianos, con aventura y fantasía a partes iguales. Sin embargo, este autor suizo es capaz de cambiar de piel sorprendentemente bien, como bien demuestra gracias a su último trabajo cuyo corto título es RG, donde se nos contarán los casos reales en los que se ve envuelto un agente llamado Pierre Dragon (el propio guionista), perteneciente al servicio de inteligencia francés. Aquí la trama consigue moverse perfectamente por espacios envueltos de esa estructura tan particular en el género negro, desprendiendo ese aroma tan característico en estos relatos y siempre desde un punto de vista bastante realista. Esta obra, por cierto, fue premiada en el último salón de Angoulême. Anteriormente y con la concepción de Lupus, curiosamente ambientada en un entorno de ciencia ficción, este joven autor demostró que no hay género que se le resista, demostrando una gran versatilidad a la hora de abordar distintas temáticas.

Lupus, el cómic, arranca como una especie de road-movie en el espacio, donde nuestro protagonista Lupus y Tony, su mejor amigo, se embarcan en un viaje de placer con el que poder disfrutar de unas largas vacaciones, a la búsqueda de parajes exóticos donde poder disfrutar de su afición por la pesca, y con el único objetivo de pasárselo todo lo mejor que puedan, no dar ni golpe y meterse todas las drogas que puedan conseguir a lo largo de todo el sistema interplanetario. Llegado a un punto, todo cambia en la vida de nuestros despendolados aventureros después de la aparición de una joven llamada Sanaa. Y hasta aquí podemos contar. Quizás el planteamiento inicial juegue un poco al despiste, con ese entorno de ciencia-ficción que esconde una historia que, en realidad, poco tiene que ver con este género desde su vertiente más conocida por todos, destapándose en realidad, como una historia que trata sobretodo de la nostalgia, la incomunicación, la amistad, la soledad y el deseo.

Una obra de fuerte calado psicológico que se nos presentará como una mirada lúcida sobre el desarraigo que supone todo en lo que uno cree e incluso en lo que uno siente. Construyéndose dentro de la historia una especie de mensaje, quizás algo descorazonador sobre el comportamiento humano, que en cierta forma, y al fin y al cabo, acaba por teorizar sobre las acciones humanas y sobre la forma en que se percibe ese universo de sentimientos que envuelven al ser humano. Estamos inmersos en un alud de sensaciones pausadas. Y aunque en muchos momentos son palpables y cercanas, en otros, son de carácter más bien distante o incluso conservador, sólo dándonos la sensación de que los personajes tienen que dar ese paso adelante, a consecuencia de unas situaciones límites, con las que se ven forzados a responder como buenamente puedan, como a verlas venir. Con esa mirada sobre unos hechos que pueden ser, más o menos emocionantes, más o menos coherentes con uno mismo y su propio entorno, iniciando una búsqueda por encontrarse a sí mismo o, quien sabe, perderse con todo ello.

Una historia con un discurso intimista que parece en un principio que está en órbita con ese entorno tan de ciencia-ficción que lo envuelve todo. Consiguiendo a su vez que el lector se vea arrastrado por esa búsqueda que demuestran sus protagonistas en todo momento, y con lo que poder dar un sentido a sus vidas. Quieren encontrar ese eje rotacional en el que apoyarse, pero, en realidad, se ven forzados a invertirlo tal y como van desarrollándose los acontecimientos.

Peeters utiliza un dibujo de trazo grueso, siempre acompañado de un inteligente uso del blanco y negro, más marcado sobretodo en los primeros tomos. Conforme avanzas, el dibujo mejora y se hace más limpio, más definido. Destacar como es capaz de crear ambientes que por lo general están bastante conseguidos. Acompañados por unos diálogos que, aunque no sean muy numerosos, sí que están perfectamente medidos en todo momento. Importante también el uso de los tiempos narrativos: por una parte tenemos un magnífico uso de los silencios; por otra parte y, sobretodo, conforme vamos avanzando en la historia, empiezan a aparecer más cambios de planos dentro de una narrativa dominada quizás por una perspectiva más bien plana; con todo, se empiezan a introducir, en algunas páginas, picados y contrapicados, para mayor lucimiento del dibujo. Todo ello aporta una ágil secuencialidad en la obra, consiguiendo una desnormalización de la acción narrativa y haciendo que el lector se involucre en ese preciso momento, reforzando nuestra atención individual a cada plano por separado. Y ese perfecto manejo de cada perspectiva, hace que el lector se sitúe en todo momento, como un observador con gran sensación de dinamismo hacia lo que está ocurriendo en cada momento. No obstante, también hay que destacar esa habilidad en utilizar primeros planos que enfatizan los momentos de mayor reflexión de cada personaje. Primeros planos que consiguen principalmente dar esa sensación de emotividad y reflexión tan importante y presente en una historia de estas características.

Todo esto, deja a Lupus como un cómic realmente interesante, tanto en su forma, como en su contenido. Invitando en todo momento al lector a que tome parte en la reflexión hacia unos personajes capaces de comunicar perfectamente lo que sienten e invitarnos a seguirlos hacia donde vayan. Por lo que, sí os apetece sentiros curiosamente como exploradores, pero no de esos mundos fantásticos que envuelven toda la historia, sino, más bien, del sentimiento humano al que se ven forzados a experimentar sus propios protagonistas, ésta será una historia con la que sin duda disfrutaréis de principio a fin. Si por lo contrario buscáis acción a raudales, fijar la vista hacia otra parte.

Y en los siguientes enlaces podéis ver algunos posts de Entrecomics y Trazos en el bloc sobre este autor y su obra:

jueves, mayo 22, 2008

CRÍTICA: MOUSE GUARD: OTOÑO 1152 de David Petersen

A modo de relatos cortos, pero con un hilo conductor continuo, nos encontramos en Mouse Guard, publicado por Norma Editorial, ante un cuento que intenta ser, podríamos decir, de corte clásico, con una forma de narrar de forma atávica y unas ilustraciones como sacadas de la mejor tradición de una Beatrix Potter, porque sus personajes protagonistas son antropomorfos, pero esta vez, a diferencia de otras historias, sólo son los ratones los que tienen capacidad de raciocinio y no el resto de las especies.

Porque nos encontramos aquí ante este tipo de narraciones a la manera tradicional, pero esta vez predominando más el dibujo (a modo de verdaderas ilustraciones al uso) que el texto, ya que no nos encontramos delante de un cuento de los de toda la vida con sus consabidas ilustraciones, si no que es una historieta con sus viñetas y bocadillos, un cómic vamos, pero con todo el regusto, transpirando por todos sus poros, de los cuentos infantiles tradicionales de toda la vida que nos leían cuando éramos pequeños.

Esta obra de Petersen está dividida en pequeños capítulos (así fueron publicados en un principio, de forma individualizada), cada uno de ellos con su correspondiente texto introductorio a modo de preámbulo del capítulo a narrar más una máxima o refrán creado ex profeso para la ocasión.

Nos cuenta la historia de la Guardia de los Ratones, allá por el otoño de 1152, compañía de verdaderos guardianes defensores de sus territorios, poblados y fronteras frente a los enemigos de siempre de estos: sus depredadores, terribles y voraces enemigos, como lo son las serpientes, cangrejos, lobos, búhos...

Lo que empezó como una rutinaria búsqueda de uno de su especie, un comerciante de cereales, que había desaparecido, se convirtió en el inicio de una conspiración que tres de los mejores guardianes de la matriarca Gwendolyn, Kenzie, Lieam y Saxon, deberán encargarse de desenmascarar ya que la seguridad de las regiones y de Lockhaven, la casa-ciudad de la Guardia de los Ratones, está en juego.

Acorde al tamaño intrínseco de los ratones todo lo que les rodea está en consonancia a su pequeña dimensión, y lo que para nosotros sería un minúsculo trozo de tierra, para ellos son vastos terrenos formando incluso verdaderas regiones o países, donde las ciudades o los lugares concretos donde residen las poblaciones de roedores son verdaderos pueblos, como si de humanos al uso se tratara, con sus casas, sus tiendas, sus talleres, sus profesiones, su rutina diaria, que se encuentran situados en interiores de troncos de gigantescos árboles o escavados en rocas, conformando intrincados laberintos de calles, plazas o caminos, camuflándose la mayoría de la veces en la densa vegetación autóctona del lugar.

Y, como no, como toda buena historia de género fantástico que se precie, con una ambientación y jerarquización claramente medieval, tenemos también aquí un mapa que nos sitúa y orienta en los territorios de este mundo imaginario del medioevo, con su rosa de los vientos indicándonos los puntos cardinales, sus ciudades más importantes, sus caminos, tal como ha quedado conformado este "particular" mundo tras la guerra de invierno de 1149 contra el caudillo de las comadrejas.

David Petersen es un joven autor nacido en los EE.UU.