Con la edad, los veranos se van llenando de nostalgia, sobre todo cuando terminan. Nos da por compararlos con esos otros que, de tan lejanos, ya nacen con una pátina de falsa felicidad que el paso del tiempo confiere al recuerdo de esos momentos vividos hace tanto que ahora se nos antojan mejores que los que vinieron después, aunque quizás -a veces con toda seguridad-, no lo fueron en absoluto.
Sin embargo, yo me recuerdo, en aquellos veranos que pasaba en una ciudad vacía, felizmente inmersa en las páginas de los dos libros de
Horas Juveniles que acabaron formando parte intrínseca -y casi imprescindible me atrevería a decir- de las vacaciones veraniegas.
Si el
Sr. Regúlez de
Francis y
El Capitán Tafia de
Martial -de los que ya os he hablado en otra ocasión (
aquí y
aquí)- consiguieron hacernos escapar del aburrimiento, no menos importante fue el papel que jugó
Erik en eso de entretenernos. En el repaso a los autores de
BD que conocimos gracias a la aparición de alguno de sus trabajos en los dos tomos que recopilaban las revistas de
Mensajero Juvenil, hoy le toca a este guionista y dibujante francés que llenó más páginas de
Horas Juveniles que otros y que acabaría convirtiéndose con mucho en nuestro favorito. Fue él quien nos descubrió, a través de una historieta de ocho páginas y de sus dibujos a doble página, épocas de la historia que al principio nos eran desconocidas, pero que acabarían apasionándonos: La
Prehistoria -
la Edad de Piedra, como preferíamos llamarla- y la
Edad Media.
La recreación de la
Prehistoria ha despertado desde siempre una curiosidad especial entre los más jóvenes. Bien es cierto que los de los años 70 carecíamos de los conocimientos que sobre esta época tienen hoy en día los pequeños integrantes de nuestra familia y, aunque éramos acérrimos seguidores de
Los Picapiedra, no habíamos visto tantas películas de animación sobre el
apatosaurio Piecito y sus amigos de
En busca del valle encantado ni disfrutado de la trilogía de
La Edad del Hielo. Compartíamos su mismo interés por adentrarnos en ese mundo desconocido -más fruto de la imaginación y de la fantasía de los dibujantes que de la realidad, evidentemente- que, sin embargo, nos permitía ingenuamente saltar en el espacio y en el tiempo a una época llena de humor y situaciones disparatadas en la que todo era posible y compartir con sus protagonistas aquellas historias que, plasmadas en el papel, nos hablaban de “
avances tecnológicos”, de máquinas prodigiosas y de una sociedad organizada como en la actualidad -como en la actualidad de los años sesenta, claro-.
El artífice de todo esto fue
André-René Jolly (1912-1974), conocido por su seudónimo,
Erik, si bien utilizó también otro en sus primeros años, el de
Jérôme Erik.
Erik fue un prolífico autor dotado de una gran imaginación a la hora de crear máquinas de complejos mecanismos y de una gran capacidad para “
convencernos” con sus rocambolescas escenografías de ambientación “
histórica”. Claro que, después de consultar diferentes páginas sobre la trayectoria de este autor francés, llamarle sólo prolífico sería quedarse corto: escribió guiones y dibujó gran número de historietas cortas, realizó ilustraciones llenas de detalles durante años e incluso se dedicó por un tiempo a la publicidad -después de la
II Guerra Mundial-, haciendo trabajos para
Kodak (“
Clic et Clac à la chasse aux images”) o
Chocolates Meunier.
Había iniciado su carrera profesional en los años 30, desarrollando su polifacética labor en publicaciones destinadas al público juvenil, algunas de ellas de tendencia católica. La gran aceptación que tuvo en este mercado le llevó a editar su propia revista en 1931,
Oscar Bill, le Roi des détectives dans ses exploits extraordinaires, de la que, sin embargo, sólo llegarían a aparecer 26 números. Publicaría, antes y después de la
II Guerra Mundial, en más de veinte revistas, colaborando incluso con publicaciones españolas, como la
Editorial Proa y la
Hispano Americana de Ediciones, S.A., con varias historias de la serie “
Tajamontes, el caballero invencible” y “
El profesor Magnus contra el Doctor Cicuta”.
Revistas francesas y belgas como “
Benjamin”, “
Gavroche”, “
Grandes Aventures”, “
Coq Hardi”, “
O.K.”, “
Youmbo Magazine”, “
Âmes Vaillantes”, “
Pierrot”, “
Spirou”, “
Lisette”, “
Tintin”, “
Sylvie”, “
L'Intrépide” o “
Record”, llevarían hasta los lectores los más diversos personajes creados por
Erik, ya fuera con sus propios textos o con los de otros guionistas. Algunas de ellas cambiarían de nombre con el paso de los años, como “
Vaillant”, que acabaría convertida en “
Pif gadget”, o “
Coeurs Vaillants” que tomaría el nombre de “
J2 Jeunes” y posteriormente y hasta su desaparición, el de “
Formule 1”; otras, como “
Le Téméraire” son recordadas con rechazo por la ideología que se encargaron de transmitir.
Sus disparatadas historias estaban ambientadas en épocas de lo más diversas, mientras sus alocados protagonistas se dedicaban a los más inverosímiles menesteres: detectives (“
Oscar Bill”, “
Martin Gale, Détective Amateur”, “
Papou Détective”, “
Commissaire Picablo”, “
Finette Détective”, “
Babiol, Détective amateur”, “
Méghalite, agent secret”), caballeros medievales (“
Trancheroc, le chevalier invincible”, “
Tartol de la Clanche le chevalier sans fortune” o “
Crochemaille, le nerveux”), periodistas (“
Pat Rac Reporter”, “
Vrac Reporter”), pistoleros en el salvaje oeste (“
Rif la Rafale”), soldados americanos en la
II Guerra Mundial (“
Jim, John y la Jeep”) o científicos locos en escenarios de
ciencia ficción (“
Le Professeur Globule contre le Dr. Virus”, “
Aventures du docteur Fulminate et du professeur Vorax”, “
Le professeur Tribacil contre Herr Doktor Klorat”). Sus personajes no sólo fueron creados para llenar las páginas de las revistas. Algunos de sus trabajos fueron editados en formato álbum -como las aventuras de “
Rif la Rafale”, “
Jim, John et la Jeep”, “
Fringale et Badinet”, “
Finette” o “
Nique”-; otros fueron recopilados y reeditados más tarde, como “
Les Machines Infernales d'Erik” por la
Editorial Horus en 1980, y sendos volúmenes de aventuras de “
Crochemaille” por
Glènat en 2006 y en este mismo 2011, lo que ha permitido a más de un nostálgico de la
BD recordar de nuevo la trayectoria profesional de
Erik, trayectoria que desgraciadamente queda empañada por su participación en la revista colaboracionista “
Le Téméraire”, una revista ilustrada para jóvenes de marcado carácter
pronazi y
antisemita publicada en Francia durante la ocupación -entre enero de 1943 y agosto de 1944- para la que creó las “
Aventures du docteur Fulminate et du professeur Vorax”. Esta faceta de
Erik ha vuelto a ponerse en evidencia con motivo de la exposición “
Traits résistants”, una muestra de historietas realizadas desde 1944 por autores de
BD sobre la
resistencia francesa que ha podido verse en el
Centro d'Histoire de la Résistance et la Déportation de Lyon hasta el pasado 18 de septiembre.
Nosotros, sin embargo, no podemos dejar de asociarlo a los buenos ratos pasados con los dibujos que vimos de niños publicados en la
Colección Mensajero Juvenil, recopilando en sendos volúmenes de
Horas Juveniles a finales de los sesenta los que ya habían aparecido con anterioridad en la revista juvenil francesa “
Record”.
La historieta de ocho páginas a color de
Erik llevaba por título "
El caso del Mega-taxi" y estaba protagonizada por
Megalito, el avispado agente secreto de la
Edad de Piedra que vivía en
Kuskulandia, capital de
Kuskania. Con motivo de la celebración de una gran fiesta para conmemorar un nuevo aniversario de su subida al poder del
Gran Fofol, los ciudadanos se afanan en la preparación de los regalos que ofrecerán durante el evento a su bien amado
Jefe Supremo, elegido por el consejo de
Karkamales: desde un jersey para las épocas de “
glacialitis” a una herramienta tan útil como un hacha -de piedra, claro-, unos buenos embutidos de
mamut, una monumental estatua -obra de
Rodinox, el escultor oficial-, un nuevo sillón presidencial para la sala del gran consejo, un desfile militar de la guardia de honor con toda la parafernalia o, incluso, una moneda falsa entregada por un personaje tan actual hoy como entonces: el “
Ministro de Restricciones Presupuestarias”.
Sin embargo, el regalo estrella será el nuevo proyecto del inventor nacional, el
Sr. Tronquete: un
mega-taxi, “
el primer coche que anda solo” en lenguaje científico, una máquina a vapor que será la admiración de todos y, con toda seguridad, la envidia de sus rivales, de ahí la necesidad de mantenerlo en secreto hasta que esté terminado definitivamente y todos puedan apreciarlo en la fiesta en su justa valía.
Megalito es el encargado de que el obsequio llegue a su destino en perfectas condiciones el día señalado. Montado sobre un “
bombotorio” de carreras, su pequeño y veloz
dinosaurio, llega hasta el taller rodeado de altos e infranqueables muros en el que trabaja del
Sr. Tronquete para supervisar las medidas de seguridad: se trata de un prototipo tan valioso que se teme pueda ser robado.
No va desencaminado el joven
agente secreto. El
Ministro de las Fuerzas Armadas del país de los
Trafikanos se ha interesado por ese regalo tan especial y ha movilizado a sus contactos para conseguirlo, buscando la colaboración de
Ulka, el
Jefe de los espías. Cuando
Tronquete descubre que han robado su máquina acudirá a
Megalito para que descubra el misterio. Todo apunta a que el invento ha caído en manos enemigas, pero... ¿cómo han conseguido sacar la máquina del taller?
Megalito cruza el río
Mojadín y se aventura en territorio hostil para recuperarla. Es cierto que consigue averiguar la manera tan ingeniosa que
Ulka y sus secuaces utilizaron para robarla, pero sus esfuerzos para devolverla sana y salva a su creador serán nulos y, tal y como el científico
Tronquete ha estado temiendo, el
Gran Fofol se quedará sin su magnífico regalo en esa ocasión.
Megalito fue el primer
detective privado que conocimos. Con un ingenio que le hacía salir “
airoso” de las situaciones más comprometidas y para quien bien podría aplicarse la máxima de que
el fin justifica los medios,
Megalito fue uno de los últimos personajes creados por
Erik en su dilatada carrera. Apareció protagonizando sus historietas en la revista
Record, que publicaría las seis de la serie entre 1966 y 1970 (“
L'affaire Bô-Takô”, “
Mégalithe contre les Karkass”, “
Mégalithe agent secret”, “
Menace en mer”, “
La catastrophe” y “
L'inondation”).
Aunque sólo pudimos ver publicada una de sus historietas, en el nº 3 de la
Colección Mensajero Juvenil, no fue ésta la única oportunidad que tuvimos de disfrutar con los dibujos de
Erik, pero de eso os hablaremos en otra ocasión.
(Continuará...)