jueves, abril 03, 2008

SAM PEZZO de Vittorio Giardino

Repuesta -como la Susanita de Mafalda por el aumento del tomate- de la ansiedad que me genera la cantidad de cosas que tengo por leer y la miseria de tiempo que me queda para hacerlo, he llegado a la conclusión de que, dada la imposibilidad de leerlo todo, teniendo como tenemos una sola vida para hacerlo, lo mejor es pasar de todo y dedicarme a releer, que es lo que a veces me apetece de veras.

Y lo que me apetecía estos días era releer los casos de Sam Pezzo. Claro que en la elección influyeron dos cosas: que mis últimas lecturas fueran de novela negra y saber que Vittorio Giardino acudiría como autor invitado en el 26è Saló del Còmic de Barcelona.

Y es que si os gustan la novela y el cine negro al más puro estilo americano, pero con connotaciones europeas, y el trabajo de este dibujante de cómics de influencia francobelga –para mí, uno de los imprescindibles de la “línea clara”-, no podéis dejar de conocer a Sam Pezzo. Sus historias cortas de duración desigual se publicaron primero en la revista Il Mago entre 1979 y 1980 y, posteriormente, en los años 1982 y 1984 en la Orient Express. Todas ellas fueron recopiladas y publicadas en castellano, en sendos volúmenes, por Norma Editorial dentro de su colección Cómic Noir. El primero, en marzo de 2006, incluía Plomo de propina, Nadie te echará de menos, Amargo despertar, La trampa y Merry Christmas. El segundo, en julio del mismo año, El último golpe, Juke-Box, Shit City: La deuda, Shit City 2: Cuchillos amarillos, Shit City 3: Encajes chinos, y Night Fire. Los extras con los artículos de Antoni Guiral y Carlo Lucarelli, al final de los respectivos volúmenes, nos ofrecen información indispensable para conocer y entender mejor ciertos aspectos de éste y otros personajes creados por Vittorio Giardino (Bolonia, 1946), como Max Fridman, Jonas Fink, Little Ego o Eva Miranda.

Sam Pezzo reúne las características de lo que se considera el arquetipo del investigador privado en las novelas de género negro, una imagen que nos lleva indefectiblemente al recuerdo de las interpretaciones que Humphrey Bogart hizo de Sam Spade y Philip Marlowe en El halcón maltés y El sueño eterno. O sea, el típico detective íntegro, con traje y corbata, gabardina, bufanda, borsalino gris, cigarrillo permanentemente encendido en los labios, con más de una botella de whisky al alcance de la mano (un tipo duro de los que se lo beben de un trago y rompen el vaso) y una Browning, calibre 9 o una Smith and Wesson, calibre 38, preparadas para entrar en acción en cuanto la ocasión lo requiera.

Rodeado de personajes secundarios creíbles que retratan perfectamente el mundo en el que vive (el vendedor de periódicos, los encargados de la barra de los bares que Pezzo frecuenta; matones profesionales y gentes del hampa; prostitutas que ejercen en un antro de habitaciones por horas y piojos; atracadores que se proclaman inocentes; policías corruptos con esbirros de gatillo fácil y puños siempre dispuestos a dar un “repaso”...), adolece, como casi todos los de su gremio, de una clientela selecta y de alcurnia que no tenga trapos sucios que lavar. Los que requieren sus favores suelen hacerlo porque prefieren no acudir a la policía, así que suele ser habitual, no sólo que no cobre por resolver los casos, sino que salga de ellos bastante mal parado (es una constante verlo con un ojo morado o el labio partido e incluso con alguna que otra bala atravesando su cuerpo).

Y es que el de investigador privado es “un oficio más aburrido y mucho menos rentable de lo que se cree”, aunque siempre es mejor que renunciar a sus principios realizando trabajos de vigilancia en un centro comercial o “recuperando créditos”. Rentable seguro que no, pero aburrido en absoluto. Cierto que a duras penas puede permitirse vivir de un trabajo mal pagado que va desde tratar de ayudar a un amigo y acabar consolando a su viuda, a desentrañar redes de inmigración clandestinas, pasando por investigar sobre asuntos sobre estafas, robos de joyas, apuestas y carreras de caballos amañadas, atentados terroristas, chantajes, ajustes de cuentas entre bandas... que pueden ser mucho más espinosos de lo que parecen a simple vista. Pero, ¿qué hay de aburrido en la acción trepidante que transcurre bajo una lluvia persistente, que nos lleva a huidas atravesando azoteas, a persecuciones casi imposibles a bordo de un Renault-4, a disparos que llegan de entre las sombras que se esconden en los soportales precisamente en los momentos en los que el alcohol comienza a producir sus efectos?, ¿qué hay de aburrida en su debilidad por el sexo femenino, esas bellas mujeres de oscuro pasado y más oscuras intenciones?

Asiduo de los barrios bajos en los que abundan los bares de copas abiertos hasta el amanecer (el Black Shadow, el Charlie, el Caffè del Poeta, el Union Street...), este submundo en el que, sin embargo, Pezzo prefiere vivir (“aquí me siento más en mi casa”), ofrece a Giardino la posibilidad de mostrar el carácter cínico y, al mismo tiempo, crítico de este antihéroe y crear una ambientación propia de una versión italiana de Chinatown -perfectamente extrapolable a los bajos fondos de una ciudad que el autor conoce muy bien y que generalmente tiende a identificarse con Bolonia, aunque nunca aparezcan referencias explícitas- en la que el uso del blanco y negro es casi una bendición que permite conseguir tanto los efectos de claroscuro como la atmósfera adecuada.

Es característico también el gran detallismo de los escenarios que recrea, la necesidad de llenar las viñetas con objetos que a pesar de su cotidianidad reclaman nuestra atención por un momento o se convierten, vistos desde la perspectiva actual, en recuerdos de una época concreta: los ceniceros triangulares de Cinzano y los redondos de Campari, la cafetera eléctrica italiana, los graffiti y carteles que llenan las calles, las máquinas del millón y los billares, las canciones que salen del juke-box...

Leídas en su orden cronológico, las diferencias entre las primeras historias y las últimas son francamente notables (las fisonomías, el movimiento y las líneas cinéticas, las metáforas visuales, los contrastes entre luces y sombras...). Se observa claramente cómo Giardino se afianza de manera progresiva en lo que será su estilo característico, consiguiendo un perfecto dominio gráfico de los personajes y de la estructura narrativa.

Aunque sólo sea para ver esta evolución, la lectura merece la pena.

Y si queréis leer otra reseña escrita en este blog sobre otra de las obras de Giardino, Jonas Fink, sólo tenéis que pinchar aquí.

1 comentario:

Cruce de Cables dijo...

Me gusta mucho la visión que le da Sam Pezzo, muy influenciedo por el cine negro de mediados de siglo.
Yo hace poco leí Criminal, y me quedé impresionado, ya que te fijas que al final no han cambiado tanto las cosas. Recomiendo el cómic a todos los lectores de novela negra o amantes del ine negro.
Es una obra maestra.
Felicitarte por las palabras que dedicas a Sam Pezzo. Precisamte, es un acierto el recuperar estos título aparecidos en la coleccion El Muro de Norma, allí había buen material mejor que el que se edita.
Hasta pronto, ya que supongo que nos veremos en Barcelona.
Si recibes mails del Salón del Cómic, si no os importa me los reinviaís, ya que Tomás me comento que tenían problemas.
Un beso y un abrazo a los demas,
Jose Andrés