miércoles, marzo 04, 2009

CRÍTICA: LAS SERPIENTES CIEGAS de Felipe Hernández Cava & Bartolomé Seguí

En la industria del cómic de nuestro país un tema que siempre ha parecido funcionar ha sido el de nuestra Guerra Civil, sea como tema central o como transversal, tanto en el periodo previo de la II República, como retratando el mismo conflicto bélico en sus diferentes frentes de esta guerra fratricida, como el duro periodo que siguió de la postguerra.

Si hay un nombre que tenemos que destacar y que sobresale por encima de los demás autores, este no es otro que el del maestro Carlos Giménez, contando sus propias vivencias de posguerra cuando este era un niño o un adolescente en obras fundamentales como son Paracuellos o Barrio, o también con la actual cuatrología, aún inconclusa, que se mete de lleno en el periodo de guerra, 36-39: Malos tiempos.

Otro autor que se ha atrevido también a hacer pequeñas incursiones en esta temática concreta (aunque no lo haya tenido fácil en multitud de ocasiones en décadas pasadas por mucho que el tema siempre le ha ido rondando por la cabeza) es del que hoy hablaremos brevemente como autor del guión de Las Serpientes Ciegas, Felipe Hernández Cava.

Felipe Hernández Cava es uno de los mejores guionistas que ha dado este país. Fue una de las piezas fundamentales de El Cubri, él se encargaba de hacer los guiones con gran carga política, social e irónica que luego se encargaban de dibujar tanto Pedro Arjona como Saturio Alonso. Hay que reconocer que un autor con esa dedicación al medio escrito durante tantos años, y en tan diversas plataformas, ha sabido tratar multitud de temáticas, entre ellas, naturalmente, tanto el género realista de temática social, relaciones entre personas (con gotas de género negro (Sombras de El Cubri, por ejemplo)), como el histórico y, dentro de él, el subgénero de la Guerra Civil (Nuestra Guerra Civil donde guioniza con otros guionistas y dibujantes relatos sobre este conflicto bélico).

Así a grandes rasgos, Las Serpiente Ciegas trata sobre los ajustes de cuentas que se deben ciertas personas, donde el pasado deja huella y marca mucho, y más si los acontecimientos principales han transcurrido durante una confrontación bélica, en este caso nuestra sangrante Guerra Civil, donde los simples y libres lazos de camadería de un primer momento pueden volverse en un momento dado, y según qué intereses los mueven, en traiciones que no pueden olvidarse ni dejarse de lado. Los ideales de las personas muchas veces no son lo que son, y mucha gente que lucha en un momento dado por alguno de ellos, llevan arrastrando un pasado oculto que esconde la verdad que mueve a alguien a defender un país, unas ideas políticas, unas maneras de ser y de pensar para escapar de sus pesadillas reales y pasadas. Y, los rencores y las promesas, nunca se olvidan, aunque para ello tengas que acudir a alguien que te posibilite hacer lo impensable e improbable.

El ritmo utilizado para secuenciar esta historia está milimétricamente conseguido por el autor. La obra consta de siete capítulos de ocho páginas cada uno, con una estructuración de cuatro capítulos que transcurren en el presente, en 1939 (entre ellos el primer y último capítulo), quedando los tres restantes intercalados, cada uno en un año diferente, de 1936 a 1938, respectivamente, utilizando rítmicamente el sistema del flashback. Otra cuestión a destacar es el uso de la primera persona a la hora de narrarnos la historia de cada capítulo, narrando los capítulos que transcurren durante 1939 el misterioso hombre pelirrojo vestido de rojo, y los que transcurren en los restantes años por el protagonista principal, Ben Koch. Todo perfectamente conjuntado, hasta el más mínimo detalle, en beneficio de la historia.

El frenesí que reina en las calles, la suciedad palpable en el ambiente, el humo que supuran las calles, la lluvia plomiza, los ambientes sórdidos, el calor asfixiante... están perfectamente reflejados por esa paleta oscura y sucia de colores apagados que nos ofrece Seguí y que tanto hincapié ha puesto en él desde un principio (un uso del color expresivo y pictórico que me recuerda mucho al trabajo de Miguelanxo Prado, por ejemplo, en su Trazo de Tiza), consiguiendo que nos sintamos formando parte de una época que no es la nuestra, todo ello acompañado por esa magnífica representación de los rascacielos neoyorquinos de finales del XIX y principios del XX que son, verdaderamente patrimonio de la humanidad de la Gran Manzana, y que en tantas películas ambientadas en la ciudad de los rascacielos hemos podido ver, conformando un escenario único y carácterístico, sublime y acogedor. Todo lo contrario que la podredumbre que nos transmiten esas trincheras de esa guerra absurda que asoló y arrasó nuestra piel de toro (una mancha negra en nuestra hoja como fue la Batalla del Ebro entre tantas otras) y que enfrentó a hermanos contra hermanos.

Por lo tanto, el trabajo a los lápices en esta obra corre a cargo de otro veterano en estas lides, Bartolomé Seguí, autor ya de larga trayectoria en revistas como El Víbora, Cairo o Esquitx... y que aquí nos ofrece una puesta en escena digna de los mejores autores de la BD. Como así podemos comprobar si visitamos su propio blog donde nos explica profusamente, nos detalla al milímetro, el proceso creativo de estas Serpientes Ciegas.

Así, como el propio Seguí nos reconoce en su blog, a la hora de recrear los escenarios en los que se mueve esta historia, a caballo entre Barcelona y Nueva York, éste se ha servido de fuentes de primera mano y propias para recrear los escenarios de aquí, pero, en cambio, para recrear la Nueva York de los años 30/40, se ha tenido que basar en las fotografías de los barrios neoyorquinos de ese periodo que inmortalizó la cámara de la fotógrafa norteamericana Berenice Abbott, que recrean y saben captar la América posterior al Crack del 29.

También hay que felicitar a BD Banda por la magnífica edición en español y gallego de esta obra en formato álbum BD de gran formato (recordemos que previamente ha sido publicado en Francia por Editions Dargaud), de muy buena calidad de impresión con un buen gramaje de papel, que permite apreciar el magnífico trabajo a los lápices de Seguí, cosa que no se puede apreciar tanto en la revista BD Banda (aunque esto no desmerezca ni un ápice la ingente labor que a través de esta revista, Faktoría K de Libros o del Colectivo Polaqia se está realizando desde tierras gallegas), donde el tamaño más reducido de esta publicación reduce la calidad intrínseca de esta obra.

Por tanto una obra que merece la pena darle una oportunidad por lo bien construida que está la historia que se nos cuenta, que en ningún momento se hace pesada, apoyada en un ritmo narrativo ágil y cargado de intriga, que sabe utilizar perfectamente el salto en el tiempo apoyándose en los constantes flashbacks que retrotraen a los personajes a acontecimientos pasados para ir entendiendo, poco a poco, los sucesos del presente. Y con un final tan probable como poco factible, pero digno de una obra que merece un reconocimeinto por todo lector del noveno arte que se precie por la calidad narrativa y gráfica que atesora.

Ahora, a esperar la próxima obra que ya está en marcha, La niebla sin nombre (también para Dargaud), ambientada en el Londres de los años 50, que reune de nuevo a este tándem que a buen seguro dará que hablar en un futuro muy cercano.

Un saludo cordial.