viernes, octubre 09, 2009

CRÍTICA: EL GUSTO DEL CLORO de Bastien Vivès

Hay obras que con pocas palabras consiguen transmitirnos sensaciones, sentimientos, pensamientos… que otras con más diálogo no lo conseguirían. Y una de esas obras es sobre la que hoy hablaremos en esta post, El gusto del cloro del francés Bastien Vivès, obra ganadora del premio Essentiel Revelation en la pasada edición del Festival de la Bande Dessinée de Angoulême’09 y que ha llegado a nosotros de la mano de Diábolo Ediciones.

Son estas obras las que de vez en cuando te hacen apreciar la degustación de un buen primer plato, que te deja un buen sabor en el paladar, que te lo comes en varios bocados pero que se eternizan porque realmente el manjar te entra esta vez por los ojos, visualizando cada una de las viñetas hasta el más mínimo detalle, de las que eres capaz de sacar totalmente su jugo, el que cada uno quiere, puede y necesita exprimir en ese instante, y que acabas por conseguir mimetizarte con el protagonista llegando a sentir lo mismo que él. Son de esas pocas obras que casi sobran las palabras, porque no hacen falta, son meras notas puntuales que complementan en un plano secundario lo que las imágenes ya por sí sólo transmiten en un primer plano visual. Es de nuevo repetir una magnífica experiencia que en su momento ya obtuve. En otro contexto. En otro lugar. En otro momento. En otro estilo. Es ver de nuevo a Taniguchi = Vivès. Es de nuevo leer El caminante = El gusto del cloro.

Es por eso que muchas veces simples gestos, simples miradas, simples imágenes de los protagonistas, que son capaces de hacerte pensar y reflexionar, son suficientes y, tienen tal riqueza y contenido semántico, que consiguen explicarte una historia completa y sin ahorrar en detalles en sólo 130 páginas, lo que nos demuestra a todas luces que una imagen muchísimas veces vale más que mil palabras. El escaso diálogo que se produce en esta obra sirve simplemente para interrelacionar de alguna manera a los diferentes protagonistas que van surgiendo y que forman parte del “paisaje” de la piscina a la que va a nadar nuestro protagonista… un dato es que los nombres de cada uno de ellos carecen de importancia, porque nada importante es saber como se llaman consiguiendo que la historia que Vivès nos quiere contar puede perfectamente pasarle a cualquiera de nosotros, siendo el contexto que sea, el lugar es lo de menos y, aunque aquí casi toda la acción se centra en un centro acuático público, este tipo de situaciones y hechos pueden ocurrir en el lugar menos esperado a causa de la situación más inaudita.

La historia nos cuenta la experiencia de nuestro protagonista el cuál se ve obligado a ir a la piscina a nadar de espalda por unos problemas de espalda que padece. A partir de ahí vemos todo el proceso que significa ir a una piscina donde compartes con otros usuarios sus servicios. Y es ahí donde consigue encontrar su gran amor, una chica que también es asidua al centro y que es una experta nadadora. Ella le enseñará a mejorar su técnica de nado y donde, día tras día, irá surgiendo una amistad que posibilitará que el deseo y obligación del joven por ir a la piscina se acreciente por haber aparecido un nuevo motivo para ello.

Una historia que se narra a un ritmo lento, apaciguado, mimando cada uno de los detalles que rodea la piscina… sus usuarios, los vestuarios, el vaso de la piscina, el agua… consigue transmitirte el ruido de la multitud, el chapoteo, la falta de aire bajo el aire, aprender cada uno de los estilos y técnicas de la natación, olemos incluso el cloro… toda una serie de imágenes que despiertan nuestros cinco sentidos como lectores, lo vemos, lo olemos, lo oímos e incluso lo llegamos a saborear y a palpar. Una historia cotidiana, sin querer explicar más de lo que podemos ver como parte de un día a día de cualquiera de nosotros, lo que cada uno hace en su quehacer diario y en que dedicar del tiempo de ocio del que disponemos… todo eso mezclado con los sentimientos que en un momento dado afloran en nosotros cuando menos te lo esperas en el lugar más inesperado… conoces a alguien, l@ observas cada día, te va despertando tu curiosidad, deseas volver a coincidir con el/ella, te atreves por fin a tener una conversación con el/ella, pequeña al principio (más bien balbuceos) y grande a cada día que pasa… hablas, te ríes, te entristeces, te consume la ansia… todo lo que cualquiera de nosotros ha sentido una o varias veces en nuestra vida, ahora extrapolado a una piscina… un lugar común como cualquier otro donde sus pequeñas y simples experiencias pueden convertirse en grandes y completas sensaciones y aprendizajes.

Una historia que nos propone un jovencísimo autor que se mueve dentro de la corriente de la Nouvelle BD, no por ser de la misma generación, sino por afinidad a la hora de enfrentarse a la hoja en blanco, o también recordándonos a uno de los grandes como puede ser Gipi a la hora de la composición de página e introducirnos en historias de lo más simples y cotidianas, donde prevalece un estilo que no es el clásico de línea clara o realista de tan larga tradición francesa, sino de trazo irregular y tendiendo a la línea alargada, irregular y estilizada, y donde el juego de colores planos y fríos tienen una significación adicional para dar verosimilitud a la trama buscada. A pesar de su juventud (1984), ya tiene una interesante producción que se compone de seis álbumes en un periodo sólo de tres años, normalmente como autor completo, donde trata todo tipo de géneros desde el humorístico hasta el dramático.

La edición de Diábolo es magnífica, a lo que ya nos tiene acostumbrados, en tapa dura, papel satinado de muy buen gramaje y una reproducción impecable que consigue incluso oler y saborear el cloro, y sentir la atmósfera, de la propia piscina. Por no decir el haber publicado de inmediato una obra que fue una de las ganadoras, como ya hemos dicho anteriormente, de uno de los premios del pasado Festival de Angoulême. Un 10 por tanto para la editorial por haberse arriesgado en un título como éste que posiblemente hubiera sido difícil que en otras circunstancias hubiera llegado a nuestras manos.

Por tanto, y para ir concluyendo, Vivès demuestra un enorme talento que, desde una sencilla y cotidana historia que nos puede parecer a primera vista, sabe aportarnos una frescura y una nueva forma de enfocar las simples vivencias de las personas, y que habrá que hacerle un marcaje de cerca a partir de ahora por el planteamiento tan interesante y novedoso que parece acometer en cada una de sus restantes producciones hasta ahora publicadas en el país vecino y las que tienen aún que aparecer de un autor tan joven que demuestra grandes posibilidades en un futuro cercano.

Un saludo cordial.