jueves, febrero 22, 2007

CRÍTICA: EL VUELO DEL CUERVO de Jean-Pierre Gibrat

Jean-Pierre Gibrat es un magnífico dibujante e ilustrador, artista de la línea bella y sensual, con un dominio extraordinario de la acuarela, que aplica espectacularmente en la realización de los paisajes donde transcurre su obra y en el rostro de tremenda beldad de su protagonista, donde el autor más que buscar el realismo exacerbado, intenta sobre todo que captemos la esencia de las cosas, y que nos veamos transportados dentro de la historia.


En sus historias, tanto ésta de la que hablamos como en su anterior obra, donde también se enfrentó a la tarea de ser guionista, La prorroga, no encontraremos situaciones de gran tensión y desasosiego, a pesar de estar ambientadas en un periodo tan convulso y terrible como fue la 2ª Guerra Mundial, sino que intentará sacar la visión más amable de la historia, casi diría lírica, intentando orientar la narración hacia derroteros más, digamos, románticos, relatando historias de amor que se produjeron durante el conflicto bélico, muy al estilo, podríamos decir, “Casablanca”. Y qué mejor ambientación que mostrarnos la Francia ocupada pero desde la óptica de lo que sucedía, tanto en un pequeño y encantador pueblo de la campiña francesa (como en La prorroga), como con los edificios amansardados de la capital francesa, o de los bellos paisajes que rodean la red de canales que inundan Francia, cual imágenes plasmadas por un impresionista francés.


El autor nos cuenta la historia de Jeanne, miembro de la resistencia francesa, la cual ha sido detenida por la policía por haber sido denunciada por tráfico en el mercado negro. En la prisión es donde conoce a François, un ladrón de poca monta, que será el que la ayudará a escapar aprovechando un aviso de bombardeo sobre la capital. Y ahí comenzará la historia, la continua huida de la policía y la busca deseperada de la hermana de ella, Cécile, que no es ni más ni menos que la protagonista de La Prorroga, por lo que El vuelo del cuervo se convierte en una especie de continuación de la primera.

Como curiosidad, o a mí me lo ha parecido, parece que cada uno de los tomos, publicados por Norma Editorial, lo haya dividido en dos momentos principales: En el primero, donde los protagonistas hacen una huida con toda regla por los tejados de París, lo que aprovecha muy bien el autor para hacernos magníficas perspectivas de la capital francesa. Es el París a vista de pájaro. En el segundo, nos hace un recorrido con verdadero encanto por los canales, subidos en una chalana, que inundan esta zona de Francia, medio de transporte fundamental para la economía de la zona o la mera comunicación entre regiones, con paisajes que serían verdadera envidia de los pintores impresionistas de finales del XIX.


A mí siempre me han gustado las historias ambientadas durante la 2ª Guerra Mundial. Historias sobre grandes combates, sobre la resistencia, sobre los nazis, sobre las historias paralelas a la guerra (la vida cotidiana de las personas afectadas, directamente o no, por el conflicto, su adaptación y sus reacciones, cómo les afecta la postguerra…), es decir, cualquier tipo de historia acerca de esta temática.

Siempre han sido historias que nos enseñan sobre la Historia en mayúsculas, el aprender de ella para no cometer los errores del pasado. Y en este periodo, desde la caída de la República de Weimar, la llegada al poder del Partido Nacionalsocialista y la irrupción de la guerra en la vida de millones de personas, se cometieron atrocidades que ningún ser humano había podido imaginar, ni en sus peores pesadillas, que pudieran convertirse en realidad (la lacra en todas las guerras habidas y por haber).

En la obra de Gibrat sobre este periodo concreto de la Francia ocupada por los nazis (recordemos que nos situamos en el momento en que se realizaba el desembarco en Normandía), vemos en cambio una visión menos cruenta de la guerra, pero no por eso no menos angustiosa en ciertos momentos, donde parece que nos quiera hacer reflexionar que en las situaciones más extremas siempre hay un rayo de esperanza. Utiliza el conflicto y la ocupación como pretexto, como fondo, para contarnos una historia de amor en tiempos de guerra, una de esas situaciones que, aún siendo unos momentos tan difíciles, no es imposible que se produzca.


En resumen, un bello fresco, más bien costumbrista en todos los sentidos posibles (estético, paisajístico, detallista, anatómico), con el que disfrutamos tanto con el relato escrito como con el visual, del que no sabemos si habrá una posible continuación… Esperemos que sí que la haya, por el bien de los lectores.

Un saludo cordial.

2 comentarios:

José Andrés dijo...

Creo que Norma, no hace bien su trabajo con el cómic eruropeo, tiene una calidad bestial, y si os fijáis en la lista de dreamers, no hay ningún blog que trate el tema. Se inclinan por los Superheroes, o lineas tipo Vértigo.
Tenemos que aprender de los franceses......
Un saludo,
José Andrés

EduXavi dijo...

Tienes toda la razón en que tenemos todavía mucho que aprender, pero en Francia la cultura de la Bande Dessinée está muy arraigada en la sociedad y, también es verdad, nos llevan muchos años de adelanto. Esperemos que con los años nosotros lleguemos a ese nivel de reconocimiento del tebeo en nuestro país.
Yo creo que Norma no es culpable de que el cómic europeo no tenga las ventas que se merece en nuestro país (salvo, tal vez, los precios que son un poco elevados), sino, más bien, por la cultura superheroizada que tiene el lector medio. Y, ahora, además mangarizada. Esperemos que este sector joven de lector de cómics, a medida que se haga mayor, y continúe leyendo cómics, tienda a apreciar otro tipo de lecturas más para adultos, como son los de la BD (esto mismo me pasó a mí en su momento).
Y respecto a los blogs, sí que hay pocos que tratan la BD, pero todo se andará, y el blog La BD creo que, en su momento, marcó un comienzo (sin olvidarnos, naturalmente, la aportación de La Cárcel d Papel).