lunes, noviembre 05, 2012

LA PIEL DEL OSO de Zidrou & Oriol Hernández

Para toda buena aficionada a la literatura infantil ilustrada, siempre es una suerte seguir disfrutando de los trabajos de los autores que le gustan en otro tipo de formato -en este caso el de cómic- gracias a la publicación de La piel del oso, una historia escrita por uno de los mejores y más versátiles guionistas del momento, Zidrou, a quien seguimos la pista desde que descubrimos su buen criterio a la hora de elegir a dibujantes españoles para llevar a cabo sus proyectos. Ocurrió con Jordi Lafebre y con Homs, en Lydie (pinchad aquí) y el colectivo La anciana que nunca jugó al tenis y otras historias que sientan bien, y vuelve a ocurrir ahora con otro joven dibujante, Oriol Hernández, a quien “redescubrimos” gracias a “Un pont vers Angoulême”, la exposición que conmemoraba los veintiséis años de viajes de l'Escola Joso al Festival por excelencia de la BD y de los lazos surgidos gracias a los magníficos autores que, tras formarse en l'Escola Joso, han acabado trabajando para el mercado francés. 


En realidad a Oriol habíamos tenido ocasión de conocerlo con anterioridad en su faceta de ilustrador, con “El Zombi”, uno de los relatos de Enric Lluch que integran El baúl de los monstruos, la divertida colección de Algar Editorial-Bromera protagonizada por los terroríficos y monstruosos seres que pueblan el imaginario infantil, y con ¡A mi no me gustan los libros!, una historia de Joan Portell Rifà para la misma editorial.

Ha trabajado también en el campo de la publicidad, en el de la animación, colaborando con Filmax en Donkey Xote y Nocturna, y en el de la enseñanza desempeñando su labor como profesor en el mismo centro en el que estudió: esa gran mina de grandes dibujantes que ha resultado ser l'Escola Joso, así que ilustrador y dibujante de cómics no han sido sus únicas facetas profesionales. En este campo ha colaborado con historietas cortas en varios proyectos, como Lovexpress, con guión de Santi Navarro, o el coordinado por Tomeu Pinya y Pere Meján y editado por Dibbuks, Yes We Camp! Bocetos de una (R)evolución, sobre 15-M.


También los colectivos han servido para introducirle en el mercado francés, primero, en 2009, con “Merci Patron!” y la historia “Super G”, con guión de Albert Drandov para la CGT francesa y más tarde, en 2010, de la mano de Zidrou, participando con “Maman Noël” en “Joyeuses nouvelles pour petits adultes et grands enfants” -siempre queda la esperanza de verlo algún día publicado en castellano-, de Dupuis. Su tercera aventura francesa, el álbum “La peau de l'ours”, para Dargaud, nominado para los premios Landerneau BD y Ouest-France-Quai des Bulles, ha sido su primer trabajo en solitario en formato cómic.

La piel del oso”, que Norma Editorial publicó en castellano el pasado septiembre, no será su última colaboración con Zidrou, si nos atenemos a lo avanzado del proyecto en el que está trabajando actualmente, “Les 3 Fruits”, también con guión de Zidrou, esta vez ambientado en la época medieval, y del que podéis ir viendo los progresos del proceso a través de su blog


Es verano en la isla italiana de Lipari. Cada mañana Amadeo coge su vieja bicicleta y, tras sortear la insistente presencia de Silvana, la voluptuosa y explícita hija del mecánico del pueblo, se encamina hacia la Rosa de Saron, la villa en la que un anciano Teófilo Palermo espera ansioso a que le lea el horóscopo del periódico. No se trata de la locura de un viejo senil que desea saber cuando encontrará el gran amor de su vida -ése lo encontró hace ya más de setenta y cinco años- sino la necesidad de recibir, antes de que sea demasiado tarde, el mensaje secreto que ese alguien especial, que le arrebató el corazón por primera vez y le ató para siempre con juramentos adolescentes de obligado cumplimiento, prometió enviar hace ya mucho tiempo, una promesa por la que se aferra a su “viejo cuerpo como un náufrago a su tabla”. 


Y cada mañana Don Palermo escapa de la realidad presente de este verano italiano lleno de luz y a través de sus recuerdos se llega hasta el invierno de la costa Este de los Estados Unidos a finales de los 30, hasta sus años jóvenes transcurridos en la gris y brumosa ciudad de Stonefield. Después de todo no hace más que soñar con su juventud, como todos, desgranando para Amadeo la historia de su vida, una historia que empezó la noche en que Don Pomodoro, un jefe de la mafia local, mató a su único amigo, Roosevelt, el oso con el que creció en el circo de sus padres y del que sólo le quedará como recuerdo la piel que el propio Pomodoro hizo curtir en su honor. 


Aquella noche Teófilo Palermo se hizo una promesa: vengar a Roosevelt. Pero para ello tenía que ganarse la confianza del cruel mafioso, a quien los del gremio llamaban Pomodoro por el color de su piel, y entrar a formar parte de su extraño grupo, integrado por el fiel W.C., la “Vedova” que había sido la nodriza de los gángster de pequeño, y su nieta, Mietta, la misteriosa lectora que cada noche, entre otras cosas, leía para Teófilo un capítulo de “Las uvas de la ira” de John Steinbeck. Así fue como conoció -en todos los sentidos- a Mietta Pomodoro, el amor de su vida, algo que su abuelo, que tenía por costumbre comenzar el día vestido con un traje de un blanco impoluto que se enorgullecía de manchar de sangre antes de la puesta de sol -una norma que cumplía a rajatabla con un certero disparo de su pistola- no hubiese querido que ocurriera nunca. 


La piel del oso” es uno de esos buenos relatos a los que Zidrou nos tiene mal acostumbrados. No es sólo una historia de amores imposibles, aunque el amor tiene mucha de la culpa de lo que ocurre. Es también una historia de puro género negro, ambientada en los años treinta y protagonizada por mafiosos de origen italiano que se reparten la ciudad en la que viven y pugnan por arrebatar a los demás el control de sus respectivos territorios. Así que, además de la violencia y la corrupción intrínsecas en la época, el relato lleva consigo, como rasgos inherentes, la vendetta, la traición o salvaguardar el honor de la familia, tanto en el pasado como en el presente.

Y es que, ambientada en dos lugares y tiempos distintos, Oriol Hernández ha sabido plasmar en “La piel del oso” esos dos momentos en los que la realidad presente se superpone al recuerdo del pasado de los flashback a través del color -gran protagonista en su forma de hacer ya desde el storyboard-, los acrílicos y el photoshop, como bien podréis observar si tenéis la curiosidad de visitar su blog. Personajes de facciones angulosas, narices imposibles y cuerpos de miembros alargados, trazos rectilíneos, primerísimos planos, planos detalle, planos holandeses, picados y contrapicados..., Oriol se recrea en los detalles y en los objetos -un teléfono antiguo, un sombrero, una pistola, una la cafetera italiana volcada sobre una mesa...- que protagonizan por sí mismos toda una viñeta, tanto como en los escenarios y los personajes. Un dibujo distinto al que le conocíamos como ilustrador de literatura infantil, pero perfectamente acorde con la historia que se nos cuenta, con una forma de narrar que nos engancha hasta el final. 


Norma Editorial ha creado una microsite con un montón de información sobre el página en la que pone al alcance de los lectores aspectos interesantes relacionados con La piel del oso y sus autores, con un material extra que no hubiese venido mal en el álbum tamaño francés y que todo buen aficionado siempre sabe apreciar, con estudios de los personajes, pruebas y estudios de colores previos, proceso de creación de la portada, y un avance con las diez primeras páginas para acabar de convencerte si no lo habías hecho ya.

2 comentarios:

jorge dijo...

Muy buena entrada, la verdad es que tras leerla me han entrado ganas.

Lo mire por encima pero el dibujo me echó para atrás, a lo mejor le doy una oportunidad en mi presupuesto de crisis...

Un saludo

Jorge
La imaginación dibujada.

Susana dijo...

La historia vale la pena y, aunque el dibujo no acabe de convencerte, seguro que cambias de opinión en cuanto acabes de leerla.
Un saludo.