miércoles, abril 25, 2012

SECRETS: L'ANGÉLUS de Frank Giroud & Josep Homs

Aunque tengo que reconocer que no tantos como hubiese deseado, la verdad es que, de Angoulême, me traje un buen montón de tebeos. La mayoría formaba parte de la lista que había confeccionado para la ocasión, pero muchos de ellos vinieron por sorpresa, sin que pudiera resistir la tentación de traerlos conmigo. De entre los elegidos estaban los dos volúmenes de L’Angélus, del guionista Frank Giroud y el dibujante Josep Homs que la Editorial Dupuis había publicado dentro de su colección Secrets.


No era mi primer Secrets ni los primeros volúmenes en francés de la serie dibujados por un español que se venían a casa tras un largo viaje. Lo mismo que ocurrió con L’Angélus había ocurrido antes con L’Ecorché (ver reseña), también con guión de Giroud y dibujo de uno de nuestros favoritos de todos los tiempos -Rubén Pellejero-, que compré en la Librería Pantoute de Québec, sin saber que unos meses más tarde Astiberri se decidiría a publicar el integral en castellano, aunque en un formato de menor tamaño que el original francés.

No menos cierto es que si seguíamos la pista a Josep Homs fue por culpa de -o, mejor decir, gracias a- Jordi Lafebre. Nos había gustado tanto su Lydie (ver reseña) en el pasado Ficomic, que no pudimos esperar demasiado para tener en nuestras manos otro de sus trabajos, también con guión de Zidrou, publicado en nuestro país por Norma Editorial: el colectivo La anciana que nunca jugó al tenis y otros relatos que sientan bien.

Así que, aprovechando su participación en la última edición de Viñetas desde o Atlántico y coincidiendo con nuestra estancia en A Coruña, nos acercamos hasta su mesa para conseguir una de sus preciadas dedicatorias, que no tuvo otra opción que hacer en la primera página en blanco de nuestro ejemplar, ya que Norma no había tenido en cuenta el detalle -como sí había hecho Editions Dupuis en la edición francesa-, de dejar una página en blanco antes de cada historia para que el dibujante pudiera realizar en ella su correspondiente dedicatoria. Fue buscando precisamente esa página cuando me habló de uno de los autores que había colaborado en el álbum dibujando tres de las historias de Zidrou -la primera, segunda y tercera escenas de La intimidad- y a quien muy pronto desearía estar haciendo más de una cola para conseguir sus dibujos, sobre todo en cuanto conociera su último trabajo, que con toda seguridad acabaría por convertirse en un auténtico bombazo.

El autor no era otro que Josep Homs y el trabajo al que hacía referencia Lafebre, como bien descubriría más tarde en el blog del autor, era la versión BD de Millennium, la aclamada y exitosa trilogía de Stieg Larsson que, con guión de Sylvain Runberg, Éditions Dupuis será la encargada de publicar entre 2012 y 2018.


Ya me habían seducido sus portadas, pero sólo me faltó ver las páginas originales de L’Angélus en la visita a la exposición de l'Escola Joso en la Cámara de Comercio de Angoulême para decidirme a conseguir este trabajo publicado únicamente en Francia hasta la fecha y que en poco tiempo había pasado a convertirse en un deseo publicable. Por aquel entonces yo no sabía aún que mi deseo estaba apunto de hacerse realidad, ya que pocos días después de mi regreso a casa leí en el blog de este antiguo estudiante y ahora profesor de la Joso -que comenzó su carrera profesional como ilustrador de prensa y publicidad y que ha trabajado con éxito tanto para el mercado francés como para el americano, dibujando para Marvel Comics el personaje de Red Sonja- que la Editorial Norma iba a ser la encargada de publicar en castellano el integral de L'Angélus. Claro que para cuando salió la noticia yo ya había vuelto de Angoulême con mis dos preciados volúmenes en francés, adquiridos en una de nuestras frecuentes incursiones por la ciudad de los tebeos durante los días del Festival en la Librairie de la Bande Dessinée et de l'Image, en el Museo de la BD, una auténtica mina en la que encontrar todo el noveno arte que una desea y mucho más.

Todo comenzó aquel día en París, cuando Clovis Chaumel recibió la mala noticia. Su mundo pareció desmoronarse, pero, inexplicablemente, lo primero que le pasó por la cabeza fue el recuerdo de aquel lluvioso día de su infancia en el que, jugando en la calle con sus amigos, acabó con el brazo roto, mientras su madre, desesperada, hablaba del castigo que Dios les había infligido. Ya entonces su madre se equivocaba, porque no era a sus padres a los que Dios castigaba, sino a él mismo, y no sería aquélla la única vez.

Afectado por la noticia, Clovis tomó la decisión, casi sin pensar, de hacer algo que no había hecho en mucho tiempo, sin saber que algo tan trivial en apariencia como visitar el Museo de Orsay -quizás para “contemplar la inmortalidad”- acabaría cambiando para siempre su vida de una manera sorprendente. Y todo gracias a un cuadro, el Ángelus, el óleo sobre tela que Jean-François Millet había pintado en 1857, y cuya mera visión le había impresionado de tal manera que apenas podía creer que cosas como ésa pudieran llegar suceder, y menos a él.


Huyendo de una realidad angustiosa que es incapaz de compartir con su familia, Clovis comienza a obsesionarse con el cuadro, hasta acabar convirtiéndolo en su único centro de atención, ante el asombro de su esposa Isa y de sus dos hijos Stéphane y Étienne, que nunca habían visto a su padre interesado en otra cosa que no fuera su trabajo de visitador médico.

Puestos a indagar en el cuadro y a encontrar en él las respuestas a las sensaciones desconocidas que la obra de Millet provocan en su interior, Clovis buscará la ayuda de Louis Ferrand, el librero del pequeño pueblo de Chamalieu donde transcurre la acción y, sobre todo, la de Evelyne Arnaud, la extravagante y sensual profesora de artes plásticas de su hijo mayor. Gracias a ellos descubrirá que antes de él hubo alguien que ya estuvo obsesionado con la imagen de la pareja de campesinos que detiene su trabajo para rezar a la hora del ángelus, alguien que, como él, encontró en su espiritualidad tanto el inquietante secreto que encerraba el cuadro como la explicación de su propia existencia: Salvador Dalí.

Y eso último es que lo que Clovis pretende descubrir. Qué hay más allá de los misterios de la representación artística que han llegado a afectarle personalmente; por qué una simple manifestación pictórica es capaz de evocar en él determinados recuerdos que creía olvidados, recuerdos de pequeñas travesuras y malentendidos infantiles que provocaban en sus padres reacciones desproporcionadas, sobre todo en la mirada horrorizada de su madre, víctima de arrebatos de histeria y llantos desconsolados que daban pie a desagradables comentarios -“Si c'était pour avoir un enfant comme ça, ça en valait vraiment pas la peine”- que de niño Clovis nunca supo entender muy bien y que hicieron de él el hombre anodino de tristeza infinita en que acabaría convertido, ignorante de que su propia existencia escondía un terrible secreto que su familia se había encargado de ocultarle, pero que, desgraciadamente, conocían todos en Chamalieu, a excepción, como suele ocurrir en estos casos, del propio interesado.


Y es que tener conocimiento de su enfermedad, lejos de hundirle había servido de revulsivo para cambiarle, haciendo de él un hombre nuevo capaz de rehacerse en cada descubrimiento de su verdadero yo y aprendiendo a disfrutar de cada minuto de su vida como si fuera el último.

Claro que los cambios físicos y de personalidad en Clovis son tan evidentes que no pueden pasar desapercibidos para los habitantes del pequeño pueblo en el que las habladurías y los cotilleos son parte de su idiosincrasia, con las nefastas consecuencias que la mala interpretación de los motivos que los ocasionaron trae consigo.

Un guión que engancha y un dibujo admirable, de esos que una siente verdaderamente no haber descubierto antes ¿Qué más se puede pedir?

Homs maravilla con su trabajo a la lectora neófita que esto os cuenta hasta el punto de quedarse absorta contemplando su dibujo minucioso y detallista en la descripción de los escenarios, la gran expresividad del retrato de los personajes y su maestría a la hora de plasmar la cotidianidad de hechos y acontecimientos que se nos antojan tan próximos y reales, con un dominio de la narrativa gráfica que no deja de sorprenderla cada vez que se ve inmersa en su lectura.


Sin embargo, lo que quizás llama más la atención en sus páginas es su dominio del color, porque todos los cambios de este relato plagado de flashbacks son sabiamente interpretados por Homs a través del color, imprescindible para entender el estado de animo del protagonista y la transformación de su personalidad y su aspecto físico, pero también las diferencias en los continuos avances y retrocesos en el tiempo que se suceden a lo largo de la historia.

Aprovechando que la Editorial Norma ha incluido entre las novedades preparadas especialmente para la 30 edición del Saló del Còmic de Barcelona el integral con la versión en castellano de El Ángelus -en un álbum de 120 páginas (¿con extras?) y un formato sólo un poco más pequeño que el francés (22,5x28 centímetros)- y que contará con la presencia de Josep Homs como autor invitado en su estand, ya no caben excusas para no acudir este año al Saló, hacerse con un ejemplar de esta obra y conseguir de su autor la deseada dedicatoria.

Allí me veréis, haciendo, seguro, más de una cola.