viernes, octubre 26, 2012

CRÍTICA: EL “BATMAN” DE CHRISTOPHER NOLAN (II): La razón de ser del héroe

La segunda película de la saga, después del éxito cosechado por la primera, y el listón tan alto que había puesto redefiniendo la visión del Hombre Murciélago en la gran pantalla, ponía muy difícil la irrupción de la segunda, Batman: The Dark Knight (2008), intentando ponerse a su altura o superándola, más si cabe si ésta debía ser la película que definiera y consolidara definitivamente al personaje, y a fe mía que lo consiguió con creces, siendo la película más consistente y más redonda de la saga.


Christopher Nolan supo poner su buen hacer en la cinta, situándonos a Batman (Christian Bale) en una encrucijada moral de si él era el héroe que realmente necesitaba la ciudad de Gotham. Esta ambigüedad del (super)héroe, tan pronto viéndose como el caballero 'blanco' de Gotham, tan pronto sintiéndose el caballero 'oscuro' de la ciudad, provoca que durante todo el metraje Bruce Wayne/Batman se pregunte constantemente si debe ser el justiciero enmascarado que tiene justificado el poder traspasar la finísima línea que separa el bien del mal, de la justicia o de la injusticia, de tomarse o no la justicia por su cuenta, siendo el juez y el verdugo al mismo tiempo, poseyendo un poder que para muchos debe ser antinatural y anticonstitucional, el del hombre creyéndose o no por encima de todos a través de su libre albedrío para actuar o no.

Batman se encuentra que se ha convertido en un símbolo para la ciudadanía de Gotham en la lucha contra el crimen en esta ciudad corrupta. Aparte de lidiar con los mafiosos de turno, tendrá que hacer frente a la proliferación descontrolada de imitadores del Hombre Murciélago que, en vez de ayudar en su lucha contra el mal, lo que provoca es que tenga que multiplicarse por dos para intentar frenarles, que no resulten malparados y no le entorpezcan en su lucha contra los villanos. Es el típico problema que surge siempre cuando algún símbolo o ídolo surge en la sociedad, surgiendo los imitadores de turno que, sin estar preparados, pueden causar más mal que bien. Estas primeras escenas ponen a nuestro protagonista en acción, recuperando para la ocasión (en una breve aparición) al Espantapájaros (Cillian Murphy) como lider de una banda de delincuentes ahora que el caos impera en la ciudad a raíz de cómo finalizó el primer film con los presos del Arkham Asylum campando a sus anchas por ella.

Pero el que se lleva la palma en esta segunda película de la trilogía es el villano de turno; el Joker. Si un trabajo hay que destacar sobremanera en esta película, con una interpretación soberbia e inquietante, introduciéndose como nadie lo había hecho antes en el papel del desquiciado y demente Joker, éste es el del malogrado Heath Ledger (murió al poco tiempo de finalizar el rodaje de este film a causa de sobredosis), merecedor por este papel del Oscar al Mejor Actor de Reparto (a título póstumo) de 2008.


Nunca antes (e incluso me atrevería a decir también en los cómics, salvo que nos recuerda mucho al Joker de Brian Azzarello y Lee Bermejo, posterior a este film, pero del mismo año) se había conseguido representar en el cine a un Joker tan psicópata y totalmente fuera de control... un personaje muy diferente, digamos opuesto, al Joker interpretado por Jack Nicholson en el Batman de Tim Burton, donde nos representaban a un Joker más maquiavélico e irónico, donde su caracterización (maquillaje para disimular su cara desfigurada) era a raíz de haber caído en un depósito de ácido, diametralmente opuesta a la del Joker de Ledger/Nolan, donde su falsa e irritante sonrisa esta formada por dos cortes a ambos extremos de la comisura de los labios, con abundante maquillaje blanco, que conformaba un destartalado aspecto de todo el busto a diferencia del Joker de Nicholson, más, digamos, refinado y con clase (sombrero incluido), mientras aquí lleva un pelopaja enmarañado, aunque manteniendo una cierta elegancia y clase al vestir similar (aunque con otro estilo más actual) a la que nos ofrecía el Joker de Burton.

Una gran interpretación de Ledger que pasará a la historia de este género y de otros, un Joker que da miedo, terror, pánico, una locura desatada sinsentido, y una lucha tête à tête sin cuartel entre el bien y el mal, entre la cordura y el entendimiento, entre el albedrío y la mesura... el caos absoluto versus el control perfeccionista.


Genial por tanto su aparición en la pantalla, con una larga secuencia donde es uno de los atracadores de un banco, todos con caretas de payasos, que va incitándoles a que se eliminen unos a otros para ser él el último que queda y repartirse todo el botín; fantástico su manera de intimidar a toda la mafia de Gotham; y genial qué decir su enfrentamiento a Batman, en la sala de interrogatorios de la comisaría, en la persecución por los túneles, en su lucha en el edificio con los rehenes... todo un juego donde, más que la fuerza bruta, prima la solidez psicológica de un personaje loco de remate que realiza inconscientemente acciones suicidas brillantes pero que tienen que desembocar en el más trágico y suicida de los finales.

Harvey Dent/Dos Caras, interpretado por Aaron Eckhart, tiene también su papel importante en el film como el nuevo fiscal jefe del distrito, sustituyendo a su antecesor en el cargo (asesinado en el anterior film), que como ocurre en los cómics pasa de ser uno de los aliados más importantes de Batman en la lucha contra el crimen, a convertirse (en este caso por una explosión provocada por el Joker) en uno de los villanos más importantes del Hombre Murciélago. En este caso, el maquillaje empleado para su mitad del rostro quemado, hace su papel, aparte del uso de uno de los elementos característicos de este personajes, la moneda de dos caras, que muestra claramente la dualidad de este personaje durante toda la cinta, la de ser también el “caballero blanco” de Gotham, defensor de la ley, a convertirse en un “caballero oscuro” de la ciudad, lleno de odio y venganza, que junto a Batman y el Joker, se encuentra en medio de la dualidad de ambos villanos, siendo él otra dualidad en sí mismo.


James Gordon (Gary Oldman), que ha pasado de sargento a teniente de la policia, continúa con su mismo papel que tuvo en el anterior film, puede que ahora más asentado en su papel o, por lo menos, ejerciendo más autoridad en la Unidad de Crímenes Mayores que el propio comisario que tiene un papel aún más secundario que en la primera película, que ya es decir. En el film han querido conformar, junto a Batman y Harvey Dent, al igual que ocurría en los cómic, el perfecto triunvirato que realmente gobierna sobre Gotham (más incluso que el papel meramente testimonial que tiene el alcalde (Nestor Carbonell)), algunas veces llegando a utilizar unos métodos que están al límite de traspasar la línea, al filo de la ley.

Rachel Dawes es interpretada en esta segunda película por otra actriz, Maggie Gyllenhaal, que al igual que ocurría cuando lo interpretaba Katie Holmes, tampoco sabe hacer importante un personaje inexistente en el Universo del Hombre Murciélago, por lo que su inclusión en la cinta es casi meramente testimonial, sin peso específico, solo darle ese toque, digamos, “romántico”, esta vez con el triangulo amoroso conformado por ella misma, Bruce Wayne y Harvey Dent. Un papel totalmente prescindible, que pasa sin pena ni gloria, y que perfectamente se podría haber ahorrado Nolan porque no aporta nada de nada al mito de nuestro superhéroe enmascarado, inventándose una/s relacione/s inexistente/s.


Alfred Pennyworth (Michael Caine) y Lucius Fox (Morgan Freeman) continúan manteniendo su peso específico, fundamental e imprescindible, en el film, dando la consistencia y equilibrio al personaje protagonista y principal, aportando ese finísimo humor, irónico la mayoría de las veces, perfecto y necesario para romper el hielo ante tanta tensión que produce la lucha entre Batman y, sobretodo, el Joker. Y, aquí entran nuevamente, la demostración del arsenal ('juguetitos') característicos del Universo Batman, santo y seña de identidad del personaje, como pueden ser esa fantástica y estrafalaria moto que surge de un destrozado Batmóvil, así como toda la mejora de artilugios y nuevas armas que aplica el personaje durante toda la cinta, como también el perfeccionamiento del traje de klevar de Batman, aún más ligero y resistente. Como auténtico “Pepito Grillo” de Bruce Wayne, Alfred es capaz de soltar máximas y razonamientos de la índole de: “... aguantar Sr. Wayne, resistir. Le odiarán por ello, pero en eso consiste ser Batman. Puede vivir al margen, puede tomar una decisión que nadie más puede tomar, la decisisón acertada”, que subliminalmente o no van moldeando a su “pupilo” para llegar a ser ese mito viviente en el que se convertirá.


Otro personaje que pasa casi desapercibido, sin pena ni gloria, es el del nuevo capo de la mafia de Gotham, Salvatore Maroni (Eric Roberts), siempre eclipsado, y sin mucho metraje en su haber, por el peso específico y relevante de el Joker, verdadero (y único casi) villano del film. También unos personajes como el de los detectives Anna Ramírez (Monique Gabriela Curnen) y Michael Wuertz (Ron Dean) tampoco tienen el peso que luego se les puede intuir en los cómics del Hombre Murciélago, meras comparsas, siempre como relleno para conformar una comisaria de Gotham Central, y que en un momento dado son responsables negativamente de los hechos que suceden en el film respecto a Harvey Dent.


Para ir concluyendo ya, The Dark Knight es el film más definitorio de lo que es Batman, el que consigue definir finalmente la esencia del (super)héroe, el que le da sentido de por qué hace lo que hace, del por qué también es odiado tanto por sus enemigos como por sus iguales, pero que lo convierte en ese símbolo imaginario y ficticio que toda sociedad querría tener, ese héroe al que mirarse, capaz de solucionar todos los problemas y erradicar aquello de “podrido” tiene toda sociedad en sus bajos fondos y altas esferas, es igual la época que sea, porque a pesar de que el personaje ya tiene "más de 70 años", todo lo que representa, la idea que transmite como símbolo y mito de lo que está bien, continúa vigente y de actualidad, eso sí, remozado, remasterizado y revisado en un nuevo contexto y con nuevos escenarios más acorde a los tiempos que corren. Y la existencia de su némesis, aquel villano al que enfrentarse de igual a igual, el Joker, mantiene ese pulso, ese equilibrio perfecto, para posibilitar que su existencia sea necesaria y su misión pueda ser entendida por la mayoría de los ciudadanos Gothamitas. Un film, de los tres que conforman la trilogía, que te hace recapacitar, el pensar más si cabe, la razón de ser del superhéroe y aquello de irracional y sinsentido que mueve al villano... en definitiva, la lucha eterna del bien y del mal siempre presente a lo largo de la historia, independiente de que exista o sea simplemente mitología. Y en esos mitos, en esos símbolos, como Batman, son en los que nosotros, en un momento dado, nos apoyamos, los buscamos, los necesitamos...

(Continuará)

Un saludo cordial.